Soledad Silveyra cumplió un sueño a sus 71 años: "Me estoy dando un gusto"
Soledad Silveyra no tuvo respiro luego de cerrar en marzo la gira de Dos locas de remate, la exitosa obra que protagonizó junto a Verónica Llinás y que en Mendoza, casi un año atrás, dio mucho de qué hablar. Por un lado, porque el público ovacionó a las actrices de pie a sala llena; por el otro, porque a la salida de la función un hombre incrustó su auto contra la puerta del teatro. “Siempre estoy presente con ese accidente espantoso en el que estuvimos”, indicó en diálogo con MDZ.
Y agregó: “Fue muy duro, nos costó como dos meses recuperarnos. A toda la compañía, no sólo a Vero y a mi. Gracias a Dios no digo tragedia porque no murió nadie, pero fue muy muy duro. Fue terrorífico. Siempre los tengo en mi corazón y tengo un profundo agradecimiento al Hospital Central”.
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Pero que Solita no haya frenado a descansar no es extraño. Así fue siempre. Empezó a trabajar desde muy chica y nunca paró. El 2023 no fue la excepción y, a menos de dos meses de haber terminado la gira de la premiada comedia, estrenó Pasta de estrellas en calle Corrientes. Es la nueva y desopilante obra de Gonzalo Demaría con dirección de Ciro Zorzoli. “Moría por trabajar con ellos -reconoció-. Cumplí un sueño, que eso es lo más importante de todo”.
Hoy, interpreta a una mujer que fue una gran estrella de teleteatro, que se escondió por la censura y que, desde hace 40 años, vive huyendo. “La obra habla de la televisión en blanco y negro y de temas que fueron muy duros para la Argentina, pero todo con humor. Trata del resurgir, de que no hay que tener miedo, que no hay que encerrarse, que hay que vivir la vida. Es muy delirante, con una puesta muy kitsch, divertida, llena de colores y música. Para mí, divina”, contó y detalló: “Es la primera vez en mi vida que hago de una mujer gay. Lo estoy viviendo perfecto. Además, no es que sea una gay revolcándose, somos dos señoras mayores”.
- En tu carrera protagonizaste más de un teleteatro y esta obra, de seguro, te trajo muchos recuerdos. ¿Cuáles son los mejores que tenés de tu trabajo en la pantalla chica?
- Te diría que todos. A mí, Rolando Rivas me dio 50 años de popularidad. De hecho, sigue presente y se siguen escribiendo libros. Así que feliz.
- ¿Y alguno malo?
- No tengo malos recuerdos. Malo puede ser algún fracaso, pero los fracasos son como los éxitos, van y vienen… y una tiene que seguir peleando y luchando. A los 71 años no te podés dar el lujo de hacer un viaje con toda la familia, que ese sería el sueño de mi vida, pero bueno. Estar viva y estar en el escenario, para mí es la gran alegría de la vida. Más allá de los nietos.
- Viviste muchos momentos difíciles y siempre se te ve alegre y con una sonrisa, ¿cómo hacés?
- Empecé a trabajar a los 12 años y la vida fue muy dura. Pero siempre dije todo, conté todo. No guardo rencores. Fui muy bien tratada en el medio y por eso amo a mis compañeros actores, porque me salvaron la vida. Es otra familia que tengo de esa época. Yo era el único sostén de mi familia y entonces, había que laburar. No quedaba otra. No terminé ni el secundario y fue un costo grande. No disfruté de mi adolescencia, porque siempre estaba laburando. A los 15 años filmé con Palito Ortega y a los 16 hice Quiero llenarme de ti con Sandro. Me la pasé laburando. Por eso mis hijos, y mi hijo mayor sobre todo, que lo adoro, me pega con un caño, y en muchos casos tiene razón; él me dice “fuimos criados por niñeras”. En el crecimiento de mis hijos trabajé mucho, fui madre a los 19. Hice Rolando a los 20 y después… bueno, seguí laburando. Nunca paré de laburar. Es una necesidad espiritual y económica. Pasta de estrellas no la hice por una cuestión económica, sino por mis ganas de trabajar con Ciro que lo considero un artista formidable. Me dije "si a los 71 años no me puedo dar un gusto, está todo perdido". Y me lo estoy dando.
- ¿Qué otros sueños laborales tenés pendientes?
- Trabajar en el Teatro San Martín, en la sala Martín Coronado. Me llamaron del San Martín este año pero era para el Teatro Regio con una obra de Javier Daulte. No la pude hacer porque ya tenía el compromiso con Demaría. Igual no era la Martín Coronado. Algún día, viejita, lo lograré.
- ¿Por qué esa sala en particular?
- Cuando estaba Kive Staiff como director del San Martín me llamó Laura Yusen, que es una directora que quiero muchísimo y con la que hice La mala sangre. Me pidió para un espectáculo, tuve una entrevista con Kive y él me dijo que yo no estaba a la altura del Teatro San Martín. Eso me quedó. No puedo decir que sea rencor porque no sé ni qué es el rencor; pero sí un sueño de poder algún día trabajar en esa sala.
- ¿Y en lo personal?
- El único sueño es ver casarse a mi nieta más grande. Poder llegar a tener un bisnieto, ese sería mi sueño mayor. Que la vida me alcance para poder ver ese momento.
- ¿Qué pensás de lo que pasa hoy con la ficción nacional?
- Hemos perdido un mercado maravilloso. A mi me escriben chicas de todos lados, que ven novelas argentinas para aprender español. Es muy curioso eso. Teníamos un mercado internacional que, desgraciadamente, perdimos y hoy lo tienen los turcos. Es más barato comprar la lata que producir, por eso la situación de los actores argentinos es tan difícil en este momento, porque las fuentes de trabajo son muy pocas. Tenés las plataformas, pero se graba más en Uruguay que en Argentina, por los costos. Cosa que no lo puedes creer, porque acá tendría que salir mucho más barato, pero por el tema de impuestos los hacen ir al Uruguay y allá está muy bien armado. Han hecho un gran trabajo los uruguayos en muchos sentidos en la cultura. Tienen una cinemateca nacional que nosotros no tenemos y voy a luchar por eso. Tienen una cantidad de cosas a nivel cultural que nosotros no tenemos y que me da mucha vergüenza.
- ¿Por qué no están en Argentina?
- Porque no hay plata. En el primer gobierno de Cristina se grababan 80 mil programas. A mi no me gusta trabajar para los gobiernos, en el caso del San Martín lo digo porque es el teatro y jamás entraría por algo político. Trabajé en el Cervantes, que fue maravilloso, y también en el Alvear, que depende del Gobierno de Ciudad. Pero siempre pedida por directores. Yo sé que es plata de los argentinos y ahí no me gusta trabajar. Prefiero no meterme ahí. No hay que ponerle cara fea al trabajo de ninguna manera, pero si te limita mucho.
- ¿Por qué lo ves como una limitación?
- Si trabajas para un gobierno, estás de un lado de la grieta o del otro. A mi, por más que me lo critiquen, soy beige o gris. Mis opiniones políticas me las guardo para la familia. No me gusta estar explayándome porque a nosotros nos ven todos, de un lado y del otro de la grieta. No quiero eso, no me gusta. Ahora me voy a Uruguay a hacer un documental que produce Pablo Echarri con Carlitos Perciavalle, para hacerle un homenaje a la China Zorrilla. Yo no tengo problemas en trabajar con nadie; por ejemplo, con Pablo, que me parece un pibe macanudo y tal vez piensa distinto a mí. Tengo compañeros en el teatro que piensan distinto a mí y los amo. No sé vivir en la grieta, el respeto es fundamental para todos.
Para agendar
Pasta de estrellas
De jueves a domingo, en el Paseo La Plaza (Avenida Corrientes 1660, Buenos Aires). Entradas en Plateanet.