Opinión

Titanic nuevamente en la cima: las claves de su irresistible vigencia

Con un pie en el melodrama romántico, y otro en el despliegue del cine catástrofe, esta taquillera película de James Cameron logró su lugar en el olimpo de clásicos de Hollywood. La lucha de clases y la historia de un amor imposible, como motores de un film tan popular como perdurable.

Laureano Manson
Laureano Manson martes, 14 de febrero de 2023 · 18:34 hs
Titanic nuevamente en la cima: las claves de su irresistible vigencia
Kate Winslet y Leonardo DiCaprio en un momento de la icónica película Titanic. Foto: Archivo

En estos días, Titanic volvió a las salas de cine en celebración de su 25 aniversario, generando una vez más gran interés en el público masivo que ya vio más de una vez la taquillera película de James Cameron, así como también posibilitando que una nueva generación se apasione con un film que ha demostrado ser inoxidable al paso del tiempo.

La vigencia de una obra cinematográfica a lo largo de varias décadas es lo que le otorga el estatuto de un auténtico clásico, y Titanic supo ganar su lugar en el olimpo de Hollywood a pura fórmula de éxito sin fecha de vencimiento. La gran platea mundial es la encargada de seleccionar el puñado de títulos que adquieren rango de inmortalidad, y solamente ingresan a este grupo aquellos films que tienen el potencial de trascender a su tiempo de realización.

En este sentido, Titanic no solamente es el relato del hundimiento del legendario y lujoso transatlántico británico, sino que es sobre todo la épica de un amor que lucha contra todo tipo de obstáculos. Desde las convenciones genéricas, la película es un intenso cruce entre melodrama y cine catástrofe. Cameron ensambla con maestría el apasionado registro de un romance imposible, con el espectacular naufragio de un flamante barco que queda reducido a un sueño que se desvanece en el océano.

Una imagen del desgarrador desenlace de Titanic.

El cine catástrofe, que había tenido su gran momento de gloria en los años '70, regresó en los '90 con un algunos éxitos que volvieron a poner en evidencia la pasión de multitudes por asistir a las más estruendosas debacles. En un mundo que ratifica cada vez con más fuerza que el ideal de estar a salvo es una ilusión, los rascacielos más imponentes o los barcos más pomposos, pueden desmoronarse en cuestión de minutos. James Cameron, gran conocedor de los gustos populares del público, no dudó en montar un enorme show de la tragedia, y lo trabajó desde esa noción del cine catástrofe de los '90, en la que los protagonistas le dan batalla al fenómeno que enfrentan con una impronta que oscila entre la valentía y la arrogancia. Mientras en los films de esta categoría de los '70, los personajes se unían en medio del pavor y luchaban siendo conscientes de su pequeñez ante el flagelo que los azotaba, los de los '90 en cambio peleaban contra la adversidad con la adrenalina propia de zambullirse en una rave de música electrónica.

Por otro lado, la épica de amor entre Rose y Jack conecta a la perfección con los cánones del melodrama romántico, que aquí quedan cristalizados en esos dictámenes sociales que van más allá de las intenciones de la dupla protagónica, y que atentan contra la plena concreción de su amor. Uno de los ejes centrales que le otorga a Titanic su calificación como clásico, reside en que es por sobre todo una historia de lucha de clases. La madre de Rose confía en que el millonario prometido de su hija es el único vehículo que puede salvarlas de la ruina, mientras que sobre el final de la película, las tensiones de clases se remarcan cuando queda en claro que los pobres tienen más chances de morir que los ricos, ya que solo los pasajeros VIP cuentan con su garantizado acceso a un bote salvavidas. Una vez más, la identificación masiva del público con aquel que se lleva la peor parte, hace de una obra un clásico que es visitado una y otra vez por un público que intenta paliar de alguna manera las injusticias de este mundo.

Por último, y no menos importante, el suceso y la vigencia de Titanic reside en el aura de sus protagonistas y la gran pericia de su director. Kate Winslet y Leonardo DiCaprio lograron una química que sigue traspasando la pantalla, bajo la rigurosa mirada de un James Cameron que supo dotar a los protagonistas de una sensibilidad que conecta con la de esta era. Se le puede reprochar al realizador su tentación por el subrayado y la falta de sutilezas, pero sin dudas el acierto de haber logrado un relato que privilegia la urgencia física por encima del aluvión de efectos digitales, se impone como uno de los logros de un cineasta que además apeló a la memoria de decenas de films a los que evocó dándoles una nueva vida y dimensión. Pero sin dudas, el mayor gesto de nobleza del mentor de este clásico fue el de reservar para el espectador un puñado de revelaciones, a las que no acceden los personajes de su historia, pero que sí quedan selladas a pura emoción entre la pantalla y la platea.

 

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