Marisol Otero: "En algún punto, el amor es la solución para el momento que vivimos"
Al igual que la protagonista de Yo soy Juana, la obra que dirige y coescribió, Marisol Otero es una gran luchadora. Nació en una familia católica, muy humilde, de ocho hermanos y su papá era un fanático religioso. A los 13 años se escapaba de su casa para trabajar en una fábrica de plantillas que quedaba en la esquina y con lo que ganaba (dos pesos con cincuenta, cuenta) pagaba sus estudios de canto en la Casa de la Cultura de Ramos Mejía.
Ella es la segunda hija de Miguel Otero Ramos y Susana Bahal. En realidad, es la tercera, se corrige, porque su mamá perdió un hijo antes. También, la desobediente del clan. Es que para su progenitor, revela a MDZ, todas las artistas eran prostitutas y drogadictas. “La primera no pudo lograrlo y sólo podíamos cantar en la iglesia. Fui la rebelde que se escapaba y durante dos años estuve tomando clases de canto sin que mi papá supiera. Se enteró porque mi mamá lo llevó a una muestra engañado. Yo dije: o me agarra de los pelos y me mata, o entiende que lo voy a hacer igual”, admite.
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Cuando terminó el show, él se había ido. “Salí y no estaba. Pensé: llego a casa y me la da. Y no, pasó que fue a comprar un ramo de flores. A partir de ese momento entendió y además se emocionó mucho. Justo había cantado Unicornio azul, que era uno de sus temas favoritos, y Carta de un león a otro. Eran canciones que se cantaban en esa época. Para él fue muy emocionante”, indica.
Sin embargo, no fue hasta que Marisol protagonizó su primer gran musical (La bella y la bestia en el Teatro Ópera) que al hombre “le cayó completamente la ficha”. Para ese entonces, ella ya tenía 20 años. “Finalmente entendió que yo podía ser cantante, actriz, bailarina y contar una historia de Disney, que no tenía por qué ser una drogadicta o una prostituta. A partir de eso, se transformó en el (papá) más orgulloso del mundo”, expresa.
Y recuerda: “El día que estrené, a mi papá lo estaban operando de cáncer y no pudo venir. Me enteré cuando salí. Fue muy fuerte, muy fuerte, porque una vez que logró aceptarme, al poco tiempo falleció. Fue una lucha muy muy grosa la que hemos lidiado en la infancia con mi viejo”.
- ¿Qué otras batallas libraste en tu vida?
- Otra lucha muy tremenda fue la muerte de mi hermano. Tenía 13 años y perdí a un hermano ahogado en la pileta de casa, una pileta chiquitita que había hecho mi abuelo. Esa fue una de las batallas más fuertes de mi vida: la pérdida de tan chica de alguien tan amado como un hermano. Después, la lucha de ser mamá, de querer ser mamá y que no venía ese hijo. Y la lucha diaria de todos los días. Pelearla como se puede, pero creo que tengo una gran bandera que es el amor y la pasión por lo que hago.
- ¿Cómo plasmás esos sentimientos en Yo soy Juana?
- La obra, en algún punto, dice que en la búsqueda de la felicidad, encontrar lo que te hace feliz desde tu profesión es un gran logro, porque es lo que te va a sostener no solo económicamente sino que va sostener tu alegría de levantarte todos los días porque sabés que lo que vas a hacer es algo que te hace feliz. Eso es lo que quiero transmitir.
- Desde hace 17 años dirigís los espectáculos de tu escuela de teatro musical, ¿por qué recién ahora asumís este rol fuera de la docencia?
- Si bien fue una idea de Carolina Vilar, la actriz y con quien la escribimos, sentí la necesidad también de expresarme a través de una historia propia. Ella venía con un proyecto que se llama Juana de fuego y que hablaba sobre Juana de Arco. Érica Caminos, la productora, propuso ver qué pasaba si la hacíamos un poco más actual. Se me ocurrió hablar de una mujer actual y de las batallas que libramos las mujeres hoy. Entonces me pareció que estaba bueno sumar a más Juanas: Juana de Arco, Juana La loca y Juana Azurduy. Si bien hoy la mujer no se sube a un caballo y libera un país, tiene otras batallas consigo misma. Esos dragones que a veces tenemos por cómo fuimos criados, por nuestra infancia, por los mandatos sociales… Tanto mujeres, como hombres. No es algo del género femenino. Por ejemplo, esta cosa imperiosa de que si no te casás y tenés hijos no estás siguiendo con la tradición familiar o que hay una edad para hacerlo. Hay muchas mujeres que deciden ser madres más grandes o deciden no serlo, porque no les nace ese deseo; y, sin embargo, son madres desde otro lugar. A mi me costó ser madre, estuve cinco años buscando a mi hijo y tengo amigas de mi edad que no saben si quieren ser madres. El deseo de cada persona es válido y genuino. No hay que hacerlo por un mandato social. Hoy también hay un despertar muy grande de lo que es la espiritualidad, de lo que es la búsqueda muy profunda en uno, diferentes lugares. Desde yoga hasta el tarot, las constelaciones familiares… Todas terapias alternativas que antes eran prácticamente brujería. A ver, Juana de Arco fue una gran pionera en eso, en poder descubrirse espiritual, ir contando su verdad al frente. La tildaron de bruja y la quemaron.
- ¿Qué tan espiritual sos?
- Trato todos los días de reconocerme primero persona, humana, con la naturaleza, mi parte animal… Trabajo constantemente mi parte más básica. Me levanto todos los días a las siete de la mañana, salgo a caminar, medito. He tenido momentos donde me ponía más espiritual que otros. Hago astrología, estudio el tarot, biodecodificaciones, constelaciones familiares… Hay mucho de mí en el personaje de la obra. En lo que escribo siempre trato de poner un poco de lo que quisiera decir de mi misma. Se que a veces identifica a mucha gente, pero en realidad uno lo hace por uno. Hay algo de egoísta ahí. Después, si gusta o no… ese es otro tema. Es el miedo más grande a la hora de estrenar una obra. Le sucede a mucha gente.
- En la obra, la protagonista es guiada espiritualmente por heroínas históricas. En tu caso, ¿cuáles son esas guías?
- Una, Juana Azurduy. Otra, Juana de Arco. Ella siempre fue un sueño para mí. Hace como 15 años iba a hacer una obra contando su historia y al final no se dio. Me quedó pendiente. Es un ser tan genial de la historia, que luchó hasta último momento por sus ideales, por su verdad. Dijo “no voy a decir que es mentira todo lo que es cierto, prefiero que me quemen en una hoguera”. Alguien que puede entender tan fuertemente su fe, lo que vibra, lo que quiere dejar en el otro hasta llegar al punto de decir la muerte… me parece wow, muy revolucionario. Tengo muchos referentes. Buda, Jesús… A lo largo de la historia hay muchos que han aportado enseñanzas maravillosas, como la Madre Teresa de Calcuta. Es gente que ha sido muy solidaria y que ha dado la vida por una misión o por el bien del otro.
- Y cómo referentes artísticos, ¿a quiénes podrías nombrar?
- Tengo muchísimos, me gusta una rama muy amplia. Desde Mercedes Sosa, porque me gusta el folklore, hasta el rock nacional. Justamente tengo un disco que estoy a punto de sacar que es un homenaje a mujeres argentinas donde canto Juana Azurduy, Dorotea, la cautiva y Alfonsina y el mar. También canciones de rock nacional de grandes artistas como Luis Alberto Spinetta. Se llama Yo vengo a ofrecer mi corazón. Tiene un poco de todo, hasta un homenaje a Gilda. Porque me gusta todo lo que tiene que ver con la buena música. Pasea por todos los lugares. Internacionales también tengo muchos referentes como Queen, The Beatles o, más actual, Regina Spektor.
- Todos tus referentes son del palo de la música…
- Digamos que empecé más de ese lado. Me gustaba lo melódico, Luis Miguel, Gloria Estefan, la salsa, Marc Anthony… Uno de los más queridos, Michael Jackson. Independientemente de su persona, de lo que haya hecho o no, de lo que esté comprobado o no. Es como en el fútbol seguir a (Diego) Maradona y que no te importe nada de lo que hizo, sino cómo jugaba al fútbol. Puedo también separar de los artistas lo que más me ha gustado, más allá de lo que pudieron hacer con sus vidas. Nadie puede juzgar a nadie, cada uno hace lo que puede.
- La última. Si ahora pudieras elegir otra obra para dirigir, ¿cuál sería?
- En este momento, en mi escuela, estoy con Mamma mia! y, el año pasado, con La bella y la bestia. Pero me gustaría dirigir alguna que hable del amor en medio de la guerra como, por ejemplo, Miss Saigon o Madame Butterfly. Son de esas grandes obras que hablan de rescatar en medio de un mundo lleno de caos. Justamente estoy haciendo Come From Away en el Maipo y lo que me encantó del proyecto fue el poder contar una historia de amor en medio del caos. Me gustaría dirigir una obra que también hable de eso. En un momento como el que estamos viviendo en el mundo, con todo lo que está pasando, rescatar y mostrar que el amor es, en algún punto, la solución. La comunicación… en un país donde la grieta sigue siendo un problema y no nos damos cuenta de que la unión puede ser una solución. Hablando podemos llegar a un acuerdo y podemos pensar algo en pos del país, del planeta, de una familia. Desde los lugares más chiquitos, que es tu casa, tu entorno, tu lugar de trabajo, tu hijo, tu pareja… uno puede lograr ese ratito de paz en la charla, en la comunicación. Aunque, a veces, somos completamente diferentes con la gente con la que trabajamos, compartimos… pero se puede encontrar un punto en común para salir adelante. Si cada uno se ocupara de eso, tendríamos un mundo mejor. Nos falta mucho, pero en algún momento seguramente llegará.
Para agendar
Yo soy Juana
Los jueves, a las 22:30, en el Teatro Border (Godoy Cruz 1838, Buenos Aires). Entradas en Alternativa teatral.