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Quién cuida a la hija de Gisela Berger, la mujer de Daniel Scioli, mientras ella entrena

La esposa del político dispone de una planificación para trabajar su físico y que Francesca esté en buenas manos.
Gisela tiene una intensa actividad física La modelo deja a su niña bajo el cuidado de una persona especial
Gisela tiene una intensa actividad física La modelo deja a su niña bajo el cuidado de una persona especial

El retorno a la arena política de trascendencia de Daniel Scioli, que trocó su labor de embajador en Brasil a ministro de Desarrollo Productivo, generó un efecto secundario interesante en su vida privada, esa que construye con Gisela Berger hace cinco años.

La joven pareja del dirigente político también modificó sus hábitos y costumbres, dado que volvió al país con su hija Francesca, ese sol que aterrizó en el universo en 2017 como fruto del amor con Daniel, apenas unos meses después de la oficialización del noviazgo.

La modelo evita los flashes, esquiva los medios y en sus redes sociales se remite a una carga de contenidos con una orientación laboral, que se vincula con su faceta de modelo y la novedad de ser una influencer de la actividad física, por eso sube una enorme cantidad de rutinas de entrenamientos.

Gisela y Scioli optan por un mecanismo de no exhibir su privacidad, por eso no abundan publicaciones de la pareja o de la familia que configuraron con la pequeña de cuatro años. De hecho, la blonda lo acompaña en ocasiones muy puntuales a eventos públicos.

Lo cierto es que Berger ama el trabajo sobre su cuerpo, la entretiene y así ha intensificado su tonicidad a un nivel impresionante, lo que se percibe con sencillez al revisar imágenes de su época como bailarina del staff de ShowMatch y las de la actualidad.

En ese sentido, la modelo se mudó con su pareja a una casa en la zona de Tigre, una localidad en la que Scioli se mueve con naturalidad. Entonces, para movilizarse y grabar sus contenidos para marcas deportivas, que están muy bien producidos, Gisela debe recurrir a ayuda para el cuidado de su niña. 

De ese modo, Berger dispone de la colaboración de dos empleadas domésticas que se encargan de acompañar a Francesca en esos momentos en que su madre se sumerge en las rutinas, así como en practicar esa pasión por el tenis. Una maquinaria de logística para no perderse de su afición por el bienestar y comulgar su rol de madre.