Netflix evoca a Cabezas trazando conexiones entre pasado y presente del horror peronista

Netflix evoca a Cabezas trazando conexiones entre pasado y presente del horror peronista

A 25 años del asesinato del fotoperiodista, el documental "El fotógrafo y el cartero" tiende puentes entre las sombras del pasado y la convulsión del presente, a través de un hecho tan imborrable como siniestro cuyo entramado de fondo se resiste a declinar.

Laureano Manson

Laureano Manson

lmanson@mdzol.com

A 25 años del asesinato del fotógrafo de José Luis Cabezas, la misma dupla creadora de Carmel: ¿Quién mátó a María Marta?, vuelve a dar en la tecla con un material documental para Netflix sobre uno de los hechos más dolorosos de la historia argentina reciente. Se trata de El fotógrafo y el cartero, producción que coincidentemente se estrena en medio de un nuevo capítulo de fractura entre la figura presidencial y su vice en el peronismo, que más allá de las distancias con la ruptura que protagonizaron en aquel entonces Menem y Duhalde, incluyendo el crimen del trabajador de la revista Noticias como elocuente colorario, demuestra que el horror peronista sigue sin saldar cuentas con su oscuro historial de corrupción.

De manera muy atinada, la productora Vanesa Ragone y el director Alejandro Hartmann, apuestan por un largometraje en lugar del formato de serie al estilo del caso García Belsunce. A diferencia del macabro hecho acontecido en un barrio privado que todavía tiene aristas por resolver, el homicidio de José Luis Cabezas tuvo un proceso que terminó con una sentencia que envió a sus culpables a la cárcel, aunque actualmente todos los que sobrevieron a esa detención recuperaron su libertad, en una suerte de bofetón de la Justicia a los familiares del difunto que hoy atraviesan el duelo de una revictimización.

Hablando justamente de esos seres cercanos a Cabezas, el El fotógrafo y el cartero tiene la noble y pudorosa decisión de no hacerlos revivir el doloroso pasado, y así las imágenes que aparecen de la viuda y la madre del fotoperiodista, pertenecen al profuso material de archivo que transita el documental. En cambio, en tiempo presente esta producción entrevista al periodista Gabriel Michi, quien estaba con su compañero de trabajo la noche del sábado 25 de enero de 1997 en una fiesta del empresario Omar Andrani en Pinamar, último momento en el que se vio con vida al protagonista de este documental. También desfilan frente a cámara Eduardo Duhalde, gobernador en aquel período de la provincia de Buenos Aires, así como también Alejandro Vecchi, abogado querellante de la famiiia Cabezas; y Mariano Cazeaux, secretario del juez José Luis Macchi, encargado de llevar adelante el juicio que tuvo lugar en un tribunal de Dolores.

Sucede algo muy particular con este documental de Netflix, si bien para una nueva generación de jóvenes puede permitir el acercamiento a un hecho desconocido, para quienes seguimos las instancias de ese espeluznante asesinato, hoy este material adquiere una doble conmoción. Revisitar ese horror con la perspectiva del tiempo, no solo nos estremece por el nivel de brutalidad con el que obraron los autores materiales, sino por la carga de impunidad y protección oficial con la que contó durante un buen tiempo su autor intelectual, Aldredo Yabrán. 

El fotógrafo y el cartero se toma sus minutos antes de dirigir su mirada hacia el empresario que tenía un patrimonio estimado en cuatro mil millones de dólares y un rostro que se desconoció durante un extendido lapso. El director prioriza una pertinente semblanza de José Luis Cabezas desde el plano humano y profesional, a la vez que asistimos a la masiva empatía que tuvo un pueblo que salió a las calles pidiendo justicia. 

Con un dramático espiral ascendente, reforzado por la por momentos demasiado ominosa música de Leo Sujatovich, Alejandro  Hartmann opta por un documental que para algunos podrá resultar demasiado convencional, pero que claramente prioriza el material que tiene entre manos. De esta manera, El fotógrafo y el cartero gana en intensidad a medida que el caso traza los más turbios vínculos entre el poder político y el magnate que mandó a matar a Cabezas. La participación de las fuerzas policiales, sumado al blindaje de un Alfredo Yabrán que visitaba a funcionarios de la Casa Rosada que lo amparaban descaradamente, son postales de un pasado reciente que no está del todo extinto.

La muerte del fotógrafo marcó también el final de era de un peronismo que se fagocitó a sí mismo en una interna feroz entre Menem y Duhalde, pulverizando las aspiraciones políticas de ambos y posibilitando el triunfo de una nueva fueza partidaria. Con un pie en el pasado cercano y otro en un convulsionado presente, este documental de Netflix no solo invita a mantener viva la memoria de lo que pasó con José Luis Cabezas, sino también reflexionar sobre los voraces mecanismos de una forma de ejercicio del poder que se resiste a declinar.

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