Gran Hermano, el exitoso reality anticuado que "modernizó" la sociedad
Gran Hermano es un reality original de Países Bajos que tuvo su llegada a Argentina en el 2001. El 10 de marzo de hace 21 años atrás se emitía la primera edición de este certamen en donde un grupo de personas debe convivir por un periodo de tiempo encerrados en una casa repleta de cámaras que los filma todo el tiempo.
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En sus inicios era un reality novedoso. Quizás la "pizza con champagne" de los 90 dejó esa sensación de tener ganas de ver a un grupo de jóvenes sin nada que hacer disfrutando del buen vivir en una casa con pileta repleta de mujeres y hombres atractivos.
De aquel Gran Hermano al actual pasaron nueve ediciones en donde algunas formas y reglas cambiaron. Sin dudas que el cambio más notorio es el tecnológico por el abismal desarrollo que ha marcado esto en el mundo. No solo a la hora de poder filmar a los participantes 24 horas sino en su transmisión. Hoy, por ejemplo, a través de una app en los celulares podes ver la transmisión cuándo y dónde quieras.
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El tamaño de la casa, las comodidades, los desafíos y hasta los participantes han ido cambiando sus características con el paso del tiempo. ¡Hasta se hizo un Gran Hermano de famosos! En las primeras ediciones los participantes eran en su mayoría de una belleza hegemónica y hoy eso no es tan relevante. En alguna oportunidad las historias de vida fueron los condimentos claves para que un participante u otro tenga "más aguante".
Lo cierto es que el paso del tiempo, por suerte, ha mejorado (o quizás simplemente cambiado prioridades) a la sociedad. Antes el voyerismo iba por cómo era esa persona, cuál era su orientación sexual, cómo era físicamente y escuchar historias de vida fuertes o anécdotas carcelarias.
Mirar Gran Hermano es como espiar por la ventana a tus vecinos y ver cómo se desenvuelven entre ellos sin siquiera poder ir al baño tranquilos. Son espiados comiendo, durmiendo, amando y por supuesto que también peleando e insultando. Todo el tiempo las cámaras muestran qué hacen o dejan de hacer. Claro, el juego básicamente es ese. El juego llámese a la divesión que siente la gente que lo mira, no para los participantes.
El avance de la sociedad ha llevado a cambiar las prioridades y el fanatismo de la gente. Hoy gana el que es "mejor persona". Hoy el juego no es tal y si "traicionas a tu amigo" sos condenado por la gente por mala persona -un "amigo" que en realidad conoces hace 30 días y antes no sabías de su existencia-. Hoy el voto castiga al que quiere jugar el juego y premia al que lo sufrió.
En algunas ediciones anteriores probablemente una actitud de hacerse amigo de A frente a cámara, pero luego ir a nominarlo era "un gran jugador". Hoy ese alguien es criticado por jugar sucio y por traidor. Quizás hoy los "traidores" son mal vistos porque la sociedad está cansada y enojada de que alguien diga A y después haga B -puede que la debacle política haya hecho lo suyo-.
Lo cierto es que Gran Hermano cambió como ha ido cambiando la sociedad. Hoy los favoritos son los "qué buen tipo" y no el "qué buen jugador". Hoy los votantes condenan actitudes de violencia verbal y de destrato o bullying. Hoy se defiende y proteje al débil, al vulnerable.
Con el paso del tiempo se mantuvo la esencia del reality, pero la sociedad fue modernizando el pensamiento y con ello los participantes favoritos.
Quizás la muestra más certera que el reality fue variando con el tiempo fue que en la primera edición en el patio había ¡animales vivos para ser exlotados! ¡Sí, así como suena! En el jardín habían un ternero y una vaca que debían ser ordeñados dos veces por día. Pero no solo eso, también había ocho gallinas que daban dos huevos frescos por día. Pensar en eso hoy, más de dos décadas después, sería imposible y generaría el repudio generalizado de la sociedad bajo la bandera del evidente maltrato animal.

Lo único que no cambia es que es el reality más visto de siempre. Con diferentes números, según la edición, pero siempre ha liderado su franja horaria. Queda en evidencia que el espiar al vecino, el voyeurismo y el morbo de ver a otros vivir su vida sigue siendo algo que a la sociedad le gusta.

