Aníbal Villa: “Uno viene a la vida a jugar, a jugársela”
Con una mochila cargada de ansiedad y felicidad, Aníbal Villa espera impaciente la llegada del gran momento: su regreso a las tablas. Hace más de ocho meses que no se para frente a un público a hacer lo que más le reconforta y apasiona hacer: actuar. Hoy la espera llegó a su fin y volverá a darle vida a uno de los tantos personajes que, a lo largo de su extensa carrera artística, le dio grandes satisfacciones.
Esta noche presenta junto a Juan Pablo Lemos una de las mejores piezas del teatro argentino: Aeroplanos. Dirigida por Daniel Posadas, la obra escrita por Carlos Gorostiza cuenta la historia de dos amigos, Paco y Cristo, que se conocen desde hace más de 70 años. Plantea, en clave de humor, el temor a la muerte, la soledad, la pérdida de la independencia y la esperanza de disfrutar libremente los últimos años de vida. Desde hace más de una década que está en cartel en Mendoza.
“Habernos mantenido durante tanto tiempo con la obra es una conjunción de elementos: la elección de un texto maravilloso, una muy buena dirección y adaptación por parte del director, que le dio una vuelta de rosca modernizando y trayendo los personajes al aquí y ahora. Le colocó cosas y elementos que la obra original no tenía y que la aggiornaron un montón y la llevaron al terreno del juego”, asegura.
A lo largo de 15 años el espectáculo se presentó en diversos escenarios, festivales, recibió importantes galardones y fue visto por distintos tipos de públicos. Algo que los gratifica como elenco y que Villa destaca es la recepción del público adolescente. “Me parece que es un punto de inflexión porque no es fácil y no es común. Los chicos la reciben de una manera impresionante y ven, por supuesto, a sus propios abuelos reflejados en los personajes. Está buenísimo que puedan poner en valor el mensaje que la obra plantea. No te baja moralina sino que es así: una metáfora de la vida basada en la amistad”, señala.
Alrededor de la pregunta de “qué hacemos con nuestros viejos y qué haremos nosotros mismos cuando lo seamos”, en escena se puede ver a dos actores jugando a los roles de ancianos. “El planteo desde un principio fue un homenaje a los viejos y creo que, desde ahí, tanto Juan Pablo como yo pudimos llegar a trabajar personajes que se acercan mucho a la verdad”, indica.
Para Villa hacer y enseñar teatro es sinónimo de juego. Su profesión, a lo largo de los años, le ha permitido reconocer que nunca se debe perder la capacidad lúdica, ni arriba, ni abajo de las tablas. “Uno viene a la vida a jugar, a jugársela en algún momento. Y por supuesto que eso tiene que ver con las ganas, ¿no? Entonces, yo creo que si las ganas están, hay que jugársela y jugar. Como cuando uno era chico: jugar sabiendo que si uno hace trampa, se hace trampa. Jugar con la verdad, jugar de verdad”, afirma.
A los 14 años, luego de ver ‘El diluvio que viene’ supo que quería subirse a un escenario y desde aquel momento no paró de luchar y buscar distintas maneras para lograrlo. Este año protagonizó la fiesta mayor de los mendocinos y “cumplió uno de los sueños que tenía guardados en su cajita de los sueños como actor”.
Esta noche, a las 21 horas, volverá a brillar con Aeroplanos en el Teatro Independencia (entradas en venta en www.entradaweb.com.ar). ¿Y después, qué viene? Todo indica, aunque aún no hay fecha cierta, que en febrero volverá con uno de los espectáculos que cautivó al público mendocino: El Sagrado Testamento. “Las monjas no van a aflojar por más pandemia que haya”, agrega entre risas. Además, junto al mismo equipo tiene un proyecto próximo a concretarse. “Me parece que se vienen unas bibliotecarias muy especiales, una señoras muy dedicadas a su profesión. Con una gran carga de humor, música y danza como se caracterizan las producciones de Nicolás Hemsy”, concluye.