Game of Thrones: todavía hay tiempo
Sí, la séptima temporada de Game of Thrones está por comenzar. A menos que se viva debajo de una piedra, es casi imposible no haber visto las muestras de alegría de los fans y las muestras de enojo de quienes no miran la serie. Si bien el anuncio del estreno se realizó hace meses, mientras más se acercaba la fecha, más aumentaba la emoción de quienes se pasaron más de un año esperando por verlo (y sí, en las redes sociales hubo quizá un exceso de emoción).
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Para quien nunca haya visto un capítulo de GoT (como se abrevia normalmente el nombre, que significa Juego de Tronos), es difícil ver por qué una serie sobre magos y dragones despierta tanto fanatismo. La explicación más breve es que Game of Thrones no es una serie sobre magos y dragones, es una serie sobre política (con dragones).

Empecemos desde cero. La serie de HBO está basada en la serie de libros del escritor de fantasía George R. R. Martin Canción de Fuego y Hielo, cuyo primer tomo, Juego de Tronos, fue publicado en 1996. A diferencia de otras series fantásticas, del estilo de El Señor de los Anillos o Harry Potter, Canción de Fuego y Hielo no toma desde un primer momento como centro la magia o los seres sobrenaturales que viven en el continente de Westeros, si no que hace foco en la política del reino, que se torna turbulenta a partir de la muerte del rey de los Siete Reinos, Robert Baratheon.
La pela por su sucesión es brutal desde el primer momento. Todas las siete casas que ostentan el poder en Westeros creen que tienen derecho a poner al próximo monarca, lo que llevará a una guerra abierta, con los Lannister y los Stark a la cabeza de los dos bandos principales. Sólo la pelea por el control del Trono de Hierro alcanza para atrapar la atención de cualquiera, pero son las muchísimas historias secundarias las que terminan por fanatizar a los espectadores. La heredera de una dinastía caída en desgracia que comienza a ganar poder en un continente lejano, el bastardo que tiene que rehacer su vida en una región inhóspita y salvaje, las luchas entre los hermanos de la familia más influyente, o el viaje de una niña tras la muerte de su padre son algunas de las más destacadas.
Con el paso de las temporadas la parte fantástica de la historia va tomando más peso -sobre todo por la invasión de extraños seres que podrían acaba con la civilización en Westeros-, pero nunca se deja de lado el hecho de que, aunque alguien cuente con toda la ayuda sobrenatural sobre la tierra, si no tiene muñeca para la política y el liderazgo -o para la brutalidad sin más- no va a llegar a ninguna parte.
A lo largo de sus seis temporadas, GoT se enfrentó con algunas dificultades que pocas series habían tenido. La primera fue que, a partir de la temporada seis, algunas de las historias habían avanzado más que en los libros, por los que los creadores de la versión televisiva, David Benioff y D. B. Weiss, tuvieron que comenzar a avanzar sobre terreno desconocido. Si bien Martin es consultado para tomar las decisiones al respecto del rumbo de la historia, existían dudas sobre el futuro de la serie, que fueron rápidamente disipadas por la solidez que mostró en los 10 capítulos de esa temporada.
Otra de las dificultades fue el gigantesco costo de producción que conllevaba cada temporada. Con el paso del tiempo se transformó en la serie más cara de la historia, y hacerle frente a su producción se volvió una tarea difícil hasta para un gigante como HBO. Esta es una de las razones por las que la serie terminará en la temporada ocho, cuando -si se toma en cuenta la cantidad de historias simultáneas que lleva adelante- podría durar varios años más.
Quienes ya están enganchados no necesitan excusas para prenderse a HBO -que abrió su señal para el estreno- esta noche a las 22, pero quienes todavía no le dan una oportunidad, todavía están a tiempo de comenzar a ver, antes de lo que promete ser un final épico, una de las mejores series de la década.


