Series: recordando al otro Underwood
A esta altura todos conocemos a Frank Underwood, el político inescrupuloso que no tiene problemas en hacer cualquier cosa para conseguir poder y mantenerlo. Sus aventuras entretienen a millones en House of Cards, y lo transformaron en el arquetipo del político corrupto y descarado. Pero antes hubo alguien peor en todo sentido, alguien que no alcanzó las alturas a las que sí llegó Frank, pero que utilizaba métodos igual o más despiadados en propios y extraños. Conozcamos a Tom Kane.
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Boss fue una serie estrenada en el 2011 en el canal Starz, que mostraba cómo cambiaba la vida del alcalde de Chicago, Tom Kane, tras ser diagnosticado con Demencia de cuerpos de Lewis, una enfermedad neuronal degenerativa. Algo que significaría el fin de la carrera de cualquier político sólo supone un obstáculo a superar para Kane, quien en vez de dar un paso al costado elige endurecer sus métodos para mantenerse en el poder, que incluyen -pero no se limitan a-: asesinato, chantaje, traición, amenazas y un largo etcétera.
La serie tenía todos los condimentos para ser un drama exitoso: el elenco estaba encabezado por Kelsey Grammer (conocido por su papel en Fraser), un actor de carácter capaz de darle vida exitosamente a un papel tan complejo como el del alcalde. Los guiones no permitían nunca que decayera la tensión, a pesar de que el contenido político era mucho, mucho más denso que el de House of Cards. Farhad Safinia, creador del show, eligió una presentación hiperrealista de la política norteamericana, y no escatimó en largas escenas en cuartos de votación, discusiones con sindicalistas y con otros grupos de poder.
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La comparación con House of Cards no es gratuita, pero sí engañosa: Boss es un drama más complejo e infinitamente más oscuro. Si bien las similitudes están muy presentes, la personalidad de Kane hace que toda la serie se lea de una manera diferente. Esto es decir que, en Boss, no hay casi ningún personaje agradable. Underwood, con todos sus defectos, genera cierta empatía en el espectador, o al menos consigue ser agradable.
Lamentablemente, la historia de Boss quedó trunca después de dos temporadas, ya que Starz anunció en el 2012 que no encargaría más emisiones. Si bien en un primer momento Safinia consideró la idea de cerrar el arco argumental con una película, eso no sucedió, y los planes para un proyecto futuro quedaron cancelados definitivamente.
¿Vale la pena ver una serie que se sabe que no tiene un final cerrado? En este caso, sí. La primera temporada es sencillamente espectacular, lo que explica que hayan bajado los ratings en una segunda entrega que no pudo mantener el nivel -aunque esto no signifique que haya sido mala-. El público ideal para Boss, a cinco años de su abrupto final, son los fanáticos de las series de política que se queden con hambre de más después de ver la quinta temporada de House of Cards, que se estrenó hace una semana.