Mindhunter: así piensa un asesino serial
David Fincher comprendió en los 90 que hay algo fascinante en los asesinos seriales. En 1995 sorprendió al mundo con Se7en (Pecados capitales), y más de 10 años después sacaría lo que muchos consideran su mejor película, Zodiac, la historia del Asesino del Zodíaco. En Zodiac el director intentó hacer algo que muy pocas veces se había intentado: entrar en la cabeza tanto del asesino como de quienes buscaban atraparlo.
Mindhunter, la nueva serie que Fincher produce para Netflix, parece ahondar este camino y -de paso- muestra que la realidad es muchas veces más dura que la ficción. Está basada en el libro "Cazador de mentes: dentro de la unidad de elite de crímenes seriales del FBI", y cuenta cómo se transformó la forma de ver y tratar a los asesinos seriales en Estados Unidos. Sus personajes principales, Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany) son dos agentes del FBI que se obsesionan por entender a los criminales que -hasta ese momento- nadie entendía (cabe preguntarse en este punto si el nombre del protagonista tiene algo que ver con Holden Caulfield, el personaje de "El guardián entre el centeno", libro que inspiró a uno de los asesinos más notorios de la historia: Mark David Chapman, quien mató a John Lennon).
El puntapié inicial de la historia es una negociación con un criminal mentalmente inestable que tomó rehenes, pero el trasfondo es mucho más profundo. Mindhunter comienza en el año 1977: Estados Unidos acababa de salir de la guerra de Vietnam, el movimiento hippie ya había llegado a su punto cúlmine, y a gran parte de Norteamérica le costaba reacomodarse a esta nueva contracultura. Las fuerzas de seguridad se estaban enfrentando además a un nuevo tipo de criminal, cuyo mejor ejemplo es Charles Manson: personas que matan por motivos que no son los tradicionales -lujuria y codicia, según la propia serie-.
En este contexto, Ford le plantea a Tench la necesidad de entrevistarse con asesinos seriales para comprender por qué matan, y erradicar la idea de que sus acciones son simplemente actos de locura. El camino que comienzan a recorrer los llevará a ponerse en frente de algunos de los monstruos más notorios de la historia reciente norteamericana, y los 70s estuvieron repletos de monstruos. Además de Manson, otros asesinos seriales famosos de la época son David Berkowiz, conocido como El hijo de Sam; el Asesino del Zodíaco; Edmund Kemper, quien mató a 15 colegialas; Paul John Knowles, apodado "El asesino Casanova" y un largo etcétera.
Lo que hace que Mindhunter sea tan inquietante es que relata casi exclusivamente hechos reales, y no los suaviza en lo más mínimo. Durante los primeros capítulos hay numerosas entrevistas con Edmund Kemper, y en ellas se relata con lujo de detalles algunos de sus macabros crímenes. Los detectives no tienen ningún problema en ir hasta lo más profundo de las mentes criminales, utilizando herramientas psicológicas que hasta el momento no habían sido utilizadas. Puede ser duro, pero también es mucho más interesante que los shows de policías en los que el misterio no va más allá de un caso que se resuelve de manera casi instantánea o con ayuda de tecnología inexistente.
La mano de Fincher se nota no sólo en el tema, sino también en la producción de la serie. Mindhunter es una superproducción por donde se la mire, y además de ser impresionante por las historias que muestra, lo es por cómo está filmada. Un párrafo aparte merece la música, que además se marcar casi todo el ritmo de la serie, ayuda al espectador a transportarse a los años donde transcurre. Pop, rock, country y hasta algo de disco se encuentran en la prolija banda sonora.
Pero no todo es color de rosa en Mindhunter: el marco teórico que presenta -y que es necesario para la historia- puede llegar a ser terriblemente denso, al punto de alejar a algunos espectadores. Entre caso y caso hay extensas escenas en las que se explican nuevas teorías de psicología del comportamiento o de sociología, lo que no es particularmente habitual en un policial y a veces corta el ritmo de la historia. Esto es especialmente cierto para el primer capítulo, que por momentos es un verdadero tour de force, ya que además de presentar a los personajes tiene la finalidad de mostrar el trabajo que realizarán y por qué lo realizarán.
La expresión "aguantá que la serie se pone buena" es bastante común para los fanáticos a la hora de hacer recomendaciones, y con Mindhunter es -como en tantas otras ocasiones- verdad. Quienes se queden en el camino se perderán un policial innovador y atrapante.