Andrés Calamaro y su alto contagio de alegría
Recién termina el show y, por eso, empezamos por el final: luego de unos 25 años de venir viendo a Andrés Calamaro en vivo, ¿qué ha perdido, qué ha ganado, con el tiempo, este rockstar, virado a lo torero sexy y twitteador?
Básicamente, nada, lo cual es una maravilla poco usual en el derrotero de un rockstar tan expuesto como él. Siempre, pero siempre, ha ofrecido recitales sólidos y complejos, a pesar de la superabundancia de hits que marcan su carrera y sus “vivos”.
Comenzó puntual anoche el asunto, a las 21.30. Y fue todo placer: “A los ojos”, la imperecedera “Todavía una canción de amor”, “Crímenes perfectos” (con los infaltables coros de las chicas, de fondo), “El Salmón”, “Mi enfermedad”, “Mi bandera” (tema nuevo compuesto con Litto Nebbia), “Los aviones”, “La Mujer Mundial” (hemosa versión, con un guiño final a “Stairway tu heaven”), “Output imput” y “Mi gin tonic”, con un homenaje melancólico a “You are so beautiful”, de Joe Cocker, “Tres Marías” y una inolvidable versión de la inolvidable “Media Verónica”, marcaron la primera parte del show, que culminó con dos chicas subiendo un cartel al escenario por todos largamente aplaudido “Mendoza sin trata”.
Siguió el torero con “Me estás atrapando otra vez” (uno de sus hits a las idas y las vueltas a ciertos consumos indebidos), “Loco”, “Carnaval de Brasil (en amable versión), el himno popular “Estadio Azteca”, “Te quiero igual” y una desprolija versión de “Canal 69” (del primer disco de “Los Rodríguez”), siguieron en la lista.
Para el final, nos guardó un set potente con “Me arde”, la gitana “Sin documentos”, “Flaca” y su himno al amor, “Paloma”, temazo irrevocable. Volvió de los bises con “Alta suciedad” y la enérgica “Los chicos”, con “homenaje a los caídos”, incluido, en pantalla, con los rostros de, entre otros, Carlos Gardel, Aníbal Troilo, Enrique Morente, Astor Piazzolla, el Potro Rodrigo, Miguel Abuelo, Julián Infante, Guille Martín, Federico Moura, Luca Prodan y, claro, Luis Alberto Spinetta, para ovación de todos.
Así, sus recitales son fiestas donde cantamos todos, pero, además, fiestas coloridas y nutritivas, verdaderos hechos culturales. Y esto pasó anoche, en el Arena, con 3.500 personas siendo parte de este saludable proceso y con “El Salmón” lejos de Twitter y cerca, muy cerca de su alma de torero.
Lo pone feliz a uno escuchar recitales de Andrés. Larga vida, entonces, a este querido rockstar y a las ceremonias que, para nosotros, urde cuando sube a escena.
Ulises Naranjo.

