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Historias de guionistas, radicales y programas de TV

Ana María Rodríguez Vidal es una reconocida guionista que abraza un nuevo sueño en Mendoza. Su líder es Leandro Alem y apoya la Ley de Medios y la Televisión Digital Abierta. Poeta, escritora y capacitadora de La Frábrica de TV.
Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

Habla de creatividad inacabable y de democratizar la televisión para lograr una identidad nacional aún en veremos. Uno de sus ejercicios preferidos es la contemplación de historias que luego escribe desde su mirada. Trabaja mucho y aconseja que los jóvenes guionistas argentinos y los futuros “escriban, escriban y escriban”. Que “con mucho corazón” logren su primera obra, en muchos casos, para sus tesis, para que en algún momento alguien los reconozca por sus trabajos y no por sus nombres.

Ella se llama Ana María Rodríguez Vidal y posee entre sus trofeos un Martín  Fierro por El Elegido. Pero se considera consumada cuando logra esconderse tras el escenario de alguno de los afamados trabajos en los que ha colaborado y dirigido. “Soy un grano de arena en un gran suceso de colaboración colectiva”, sólo admite al ser reconocida. Defiende lo personal y todas sus aristas relacionadas con el arte, la historia y la imaginación. La realidad y el dolor ajeno son partes de su gesta personal y propone como solución vernos a nosotros mismos (desde todo el país) para que nos convenzamos que “se puede”.

 

Proyecto Mendoza: ¿Un poco de historia?

Ana María pisó hace un tiempo atrás Mendoza para capacitar a estudiantes pensando en que sean los nuevos guionistas de programas de televisión locales. Anduvo por la Ciudad y por San Rafael y destaca la capacidad de los nuevos valores. Ahora pergeña junto a la directora mendocina de cine Cristina Raschia algo por lo que guarda estricto secreto. Cree en las cábalas. Una de ellas es Luna de Oro o de Plata, según sea la versión, mexicana o rioplatense. Por eso sólo asegura que “dará mucho de qué hablar” y de “quién hablar”, dijo refiriéndose a Raschia, la directora del emprendimiento. A pesar de todo se puede suponer que lo que está por cuajar en Mendoza tiene que ver con “los padres de la patria”. Autores de un querido concepto de Rodríguez Vidal que anhela la tan mentada y cara identidad nacional. Ella cree que nos peleamos por que aún no la encontramos. Y apuesta que la televisión digital abierta logre reinventar eso que nos hace falta para ser un poco más felices.

 

Creando programas de TV

 

Desde 2002 trabaja como guionista. Su primer labor fue en Kachorra, de autoría de Gustavo Barrios, con quien Rodríguez Vidal colaboró.

Luego tuvo, según la escritora, “la suerte” de trabajar en títulos muy queridos por la gente como Los Roldán “que fue uno de los programas más queridos de la tele”.

Después vino Montecristo, Floricienta, Amor Mío, Por Amor a Vos, entre otras obras.

 

“Para mi fue tal vez lo más importante dentro de mi carrera, junto con la coautoría de El Elegido, ser la autora de la adaptación mexicana de Montecristo, un trabajo muy interesante. Por que era adaptar un producto local a un mercado diferente, a otro país. Fue un trabajo muy interesante debido a que en Argentina Montecristo tomó el tema de los desparecidos. De hijas de desaparecidos que buscaban a sus padres. En Argentina se trabajaba directamente con Abuelas de Plaza de Mayo. En México nos vinculamos con una institución que luchaba contra el robo de niños y por la recuperación de los secuestrados”, inicia el relato.

Como en Argentina se trabajaba mostrando las caras de los desaparecidos, en México se mostraron las caras de los niños reales secuestrados y buscados en ese momento. Un fuerte argumento que afirma el concepto de que “el rating y la calidad no tienen porqué contradecirse con el hacer un producto que sirva para algo más”, reflexiona.

“Yo siempre estimé importante trabajar, como lo estoy haciendo ahora con Cristina Raschia, en proyectos que dicen algo con lo que yo estoy de acuerdo. Hasta ahora, siempre me han ofrecido trabajos con los cuales me involucré estando convencida de lo que estábamos escribiendo”, valora.

 

Gratificantes y trasandinas

Recordando su participación en un proyecto plasmado en la República de Chile, afirma que “fue un placer enorme ser la autora de la adaptación chilena de Los Roldán, que se llamó Fortunato, la Familia Vale Oro, y que fue un programa muy querido en Chile. Protagonizado por Marcial Tagle y el actual ministro Luciano Cruz Coke”, actor chileno, actual titular del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes del Gobierno de Sebastián Piñera.

 

Cruz Coke protagonizó el papel de Judi, quien en Argentina fue protagonizada por Florencia de la V. En el país el personaje se llamaba Laiza.

“Luciano hizo un trabajo maravilloso porque no hizo un personaje de hermano – hermano, sino un de un hombre quien por una situación desesperada se vio en la obligación de vestirse de mujer para hacer una cosa muy pequeña que era leer el pronóstico del tiempo en un noticiero. La gracia con que lo hacía lo transformó en un ser muy querido en la televisión chilena. Así fue que se vio involucrado en una serie de problemas gravísimos y Uriarte, quien era el mismo malo que en Los Roldán, se enamoró perdidamente de Judi, que era el doble personaje de Cruz Coke. En Argentina Florencia de la V hizo un personaje, pero él hizo dos: el papel del hermano de Nato (Fortunato) y el de Judi. Por eso a mi me quedó una admiración enorme por él”, enfatiza. Y añade: “Yo tengo una crítica muy querida guardada que dice que tuvo que ser una autora argentina quien mostrara a la familia chilena tal cual como es”, dice y se ilumina.

 

Poesía en letras de molde

Como valor agregado, Ana María atesora el hecho de haber escrito un libro de poesías: “Esto es algo nuevo en mi carrera. El libro se llama Chiquillo, Poesías del Amor Perdido, Poesías del Amor Encontrado, de Editorial Dunken. La recepción de la presentación del libro fue con la música de los programas en los que yo trabajé. Por ejemplo, había nenas chiquitas cantando canciones de Floricienta. Verlas fue emocionante”, recuerda y vuelve e iluminarse.

Sinopsis:

En “Chiquillo” aborda desde lo poético la temática del primer amor que a más de no olvidarse, revive en la adultez de dos enamorados que trascienden el tiempo, la distancia y la tragedia para reconstruir su historia en medio de adversidades que no logran empañar la decisión que marcó y marcará sus destinos: “eternamente te amo...” “Chiquillo” cuenta en clave poética el devenir de un amor juvenil truncado por un desentendimiento que regresa tras casi treinta de separación para enfrentar a un hombre y una mujer a un destino que debió realizarse y viene a tomarse revancha en la más difícil de las circunstancias: ellos viven a 800 kilómetros de distancia y además él está preso.
 
 
 
El placeres del detrás de escena
 

Disfrutando el perfil bajo que gustan tener los guionistas, Rodríguez Vidal reflexiona sobre que “nuestro gran logro es desaparecer detrás del programa. Yo siempre recuerdo que mi primer trabajo lo conseguí gracias a un trabajo que le había enviado al autor de Cachorra (Gustavo Barrios). Cuando lo llamé en ese momento no se acordó de mí y fue que entonces que le recordé que le había llevado hacía tiempo un material, La Luna de Oro, y ahí me preguntó si yo era la Luna de Oro. Esta experiencia yo siempre se las cuento a mis alumnos de guión, porque generalmente la gente no se acuerda de nuestros nombres pero sí de nuestros trabajos”, ilustra.

“Inmediatamente me dijo que fuera, me hizo la prueba y me gané el trabajo. Pero yo nunca me voy a olvidar de esa expresión sobre la Luna de Oro. Esto me parece que es fundamental para argumentar el valor de escribir, escribir y escribir. A mí no me recomendó nadie ni me apadrinó nadie. Fue la Luna de Oro. Después fue cábala, cada vez que fui a una entrevista llevé a la Luna de Oro”, un trabajo que aún no ha sido producido y que está disponible para un productor o productora.

 

La Oliveti, Leandro Alem y un cuento para dormir

El primer guión de Rodríguez Vidal fue largo, escrito durante sus tiempos de estudiante en Guión Arte, la escuela de donde egresó, “lo empecé a escribir en la Oliveti”, repasa en su vasta memoria.

Ese guión se llama Alem y cuenta la historia del padre del radicalismo, fallecido trágicamente a través de una decisión personal por la cual fue llevado en andas hasta una gran mesa donde se ordenaba el correo. Alem tomó la decisión definitiva ante la traición de su sobrino Hipólito Irigoyen el primero de julio de 1896.

“Ese guión cuenta los últimos años de la vida de Leandro Nicéforo Alem. Como dicen, fue le fantasma que tuvo que salir primero para que salgan todos los demás. Esta historia yo la tenía que escribir porque la tenía atragantada. Era totalmente utópica y atragantada porque era mi líder y yo no podía aceptar que se hubiera pegado un tiro en la cabeza”, narra.

Necesitando saber por qué se había matado Alem, la creativa recuerda que ese trabajo fue su tesis: “Hicimos en Guión Arte un ejercicio creativo”, comparte valorando el paradigma aprendido en sus años de estudiante. “Por que es tu mirada y esa mirada la tenés solamente vos sobre ese personaje. Si acá somos cuatro personas y decimos que vamos a escribir sobre el mate cada uno va a escribir una historia distinta y nueva, novedosa y rara. A mi me pasa cuando hago un ejercicio con los alumnos. Les dijo, ya saquen una hoja y escriban un cuento que recuerden de su infancia. Una vez uno me contó un Gato con Botas que yo dije de dónde sacaste eso. Hablaba de la aparición de una sombra. Yo pregunté, ¿de qué sombra habla? Después dos se pelearon a muerte por si el lobo se comió o no a la abuelita, y a la caperucita y al leñador. Y si después lo habían abierto, por la panza y tras rellenarlo de piedras lo habían tirado al río”.

 

Enfocada en la vivencia completa

“Recuerdo que cuando fui a mi casa y confesé que no sabía de dónde sabía tantos detalles sobre la muerte de Alem mi papá casi se muere. Tuvo que aceptar que cuando mi mamá lo mandaba a hacerme dormir él me contaba sobre la muerte de Alem", casi declama celebrando su especial momento del pasado.

"Él me contaba ese cuento porque era la única historia larga que sabía. Me hablaba sobre un señor que citó a sus amigos en la casa, que luego salió y pidió un coche. Que se pegó un tiro en la cabeza. Que lo llevaron muerto en el coche hasta el Club El Progreso".

Según le contó su padre, "varios hombres lo sacaron del coche, porque Alem era muy alto, y lo recostaron sobre la mesa del despacho de correspondencia que tenía el Club El Progreso. Era una mesa larga donde se organizaba la correspondencia. Yo tenía dos o tres años cuando él me contaba casi todas las noches la misma historia”.

Alem y el video de Pigna y Pergolini, en Algo Habrán Hecho por la Historia Argentina:

 

 

Con creatividad inacabable

Ana María, bajo la atenta mirada de Cristina Raschia, en una pausa en el secreto trabajo que están realizando en Mendoza, en uno de los salones del céntrico Hotel The Modern, a metros de la Plaza Sarmiento, refuerza el concepto de la mirada propia: “Es verdad que se escribió de todo, pero la creatividad personal de cada uno es inacabable. Eso se demostró en ese ejercicio que la licenciada Michelín Oviedo, que era mi profesora, nos hizo hacer luego de que nos llevó a un lugar donde nosotros quedábamos como en contemplación de algo. Y yo quedé en la contemplación de este hombre muerto sobre una mesa, con el sobretodo largo, con una chalina de vicuña. Yo sabía que era él el muerto. Sabía que era Alem. Con la barba blanca, larga, sabía que era Alem. Ahora lo que yo no podía saber era de dónde conocía tantos detalles. De la mesa y de todos sus detalles. De ahí nace la anécdota de mi casa y de mi papá”.

 

Rancio radicalismo del conurbano bonaerense

El padre de Ana María fue el presidente del Comité Distrital de San Martín de la Unión Cívica Radical en Buenos Aires. Su familia fue de profunda militancia radical: “Yo fui una joven alfonsinista. En los ´80 fue como la gloria. Después en el ´87 mi papá y yo y mi pequeño grupo familiar nos retiramos de la militancia política. Yo a la política no me dediqué nunca más. Alem es y seguirá siendo mi líder”.

 

Ley de Medios y la Televisión Abierta Digital

A pesar de ser una confesa y orgullosa radical, la creativa, capacitadora del proyecto de Polos Audiovisuales Tecnológicos de la Televisión Digital Abierta (TDA), dependiente del Ministerio de Planificación, profesora de la Fábrica de TV, en el área de guión, quien proviene de la televisión comercial, cree en el proyecto de Cristina de democratizar la televisión.

“Creo en una televisión más pluralista. En una televisión donde veamos todas las caras. Donde la televisión argentina no sea solamente la que se produce en Capital Federal. Yo he visto cosas verdaderamente extraordinarias en la Fábrica de TV. Yo he visto algo verdaderamente extraordinario en San Rafael, es sobre un proyecto que están grabando en estos días y que se llama Las Hermanas Gómez, y que es algo muy bueno”, divulga.

Hablando de calidad y talentos la guionista defiende “lo que he visto en las provincias. No hay diferencia con lo que hay en Buenos Aires. El tema es darle el lugar a los nuevos. También  hay que romper con nuestra propia estructura de televidente. No puede ser que si no escuchamos hablar con el típico checheo no creamos que es televisión. Tenemos que romper eso. Tenemos que romperlo. Para mí algo que marcó un antes y un después en mí, en relación con la televisión y me hizo decir que yo quería ser parte de eso fue el caso María Soledad Morales. Cuando yo vi a toda una nación con las pantallas repartidas, convocando a marchas y a toda una nación gigante como la nuestra, saliendo a la misma hora, en todos lados, para pedir justicia por esta chica, por esta paisana, por esta compatriota, yo dije esto es genial, esto es genial. Yo tengo mi propia idea… No quiero contar nada… Se me escapa…”, dice y ríe buscando la mirada cómplice de Raschia.

Y continúa con su nutrido relato: “Yo tengo mi propia idea como la que tuvieron nuestros creadores, los fundadores de la patria, no? Yo estoy convencida de que todavía el problema que tenemos, por lo cual discutimos y peleamos, es que no tenemos un concepto de nación. Y estoy convencida de que la televisión es una herramienta maravillosa para crear la identidad nacional. Así como nos unimos para este caso, debiera ser algo habitual el vernos todos. Ver a los jujeños, a la gente de Chubut, de cualquier lado, de todos lados, de la costa, a nosotros, nosotros que ahora desde el Nodo Norte les vamos a contar que el conurbano bonaerense no son los violentos locos agresivos que se ven por la televisión. Somos gente abierta, gente rodeada de bolivianos, paraguayos, coreanos, trabajando con nosotros, viviendo con nosotros. Son nuestros vecinos. La gente del conurbano es de todo corazón, que comparte lo que tiene con el otro. Somos como un vitreaux, formado por partes. Somos un gran vitreaux donde no hay discriminación y todo lo que se ve es que andamos a los tiros todo el tiempo”.

“Por eso nosotros queremos decir que somos otra cosa. ¡Somos la cuna del poeta José Hernández, que nació en San Martín caramba! Y esto nos permite hacer la Televisión Digital Abierta. Mostrar quiénes somos, en este caso, quiénes somos la gente del conurbano. Por eso creo que la Ley de Medios es buena. Ojalá sea exitosa su aplicación. Y ahí es donde todas las fuerzas vivas donde se trabaje con estos proyectos se tienen que unir y apoyar. Por que crea fuentes de trabajo genuinas. En cada proyecto que yo estuve la cantidad de gente que trabajó fue infernal. Actores, técnicos, iluminadores, sonidistas, directores, maquilladores, vestuaristas. Una cantidad enorme. Es una industria muy genuina que yo desde mi lugar de capacitadora siempre apoyé. Con el logro de que 13 proyectos en los cuales trabajamos fueron seleccionados y ya están en proceso de producción y otros están produciéndose. Fue una fábrica muy exitosa en la que participamos junto al director Daniel Alvarado y con la productora Sofía Izabirre y Sandra Gugliota. Y después en Buenos Aires, en lugar de Gugliota, Verónica Chen”, enumera con virtuosa memoria.

Nuevamente clavando su mirada en Cristina Raschia duda simuladamente: “No se si puedo decir quién está a cargo de la dirección del proyecto en Cuyo, de nuestra actividad. Vos…”, le dice a la directora mendocina y ríen juntas.

Cristina Raschia y Ana María Rodríguez Vidal.

“El éxito de esto también es gracias al esfuerzo de Cristina en liderar toda la Zona Cuya. Ella tiene un papel protagónico en este impulso, pero, digamos, esto no es un regalo ni un subsidio, es un apoyo, es un empuje. Después se tiene que sostener con la fuerza de la gente, haciendo productos de calidad. Montecristo le ganó al Mundial, al Mundial!!! Por eso estoy convencida que se puede. Montecristo se vendió hasta en Grecia. Pero la industria va a crecer localmente en la medida en que realmente haya compromiso”, marca con personal apasionamiento.