Hormigas Negras en Venezuela: "Tocamos para la revolución bolivariana"
Nacieron en el Valle de Uco como una murga, recalaron en Mendoza y se transformaron en una de las bandas con mayor convocatoria en el ruedo local. Cuando sintieron “el techo” partieron a Buenos Aires y allí empezaron a remarla. Tuvieron dos bajas en su combo de integrantes pero no aflojaron y fueron por más. Tocaron en los subtes y en las calles, en pubs y en alguna peña popular, allí, en la gran urbe. Afincados en Lanús, las “Hormigas Negras” otearon el horizonte y emprendieron la larga marcha latinoamericana por el norte argentino, Bolivia, Perú, Brasil y Venezuela. Y allí se quedaron. Envueltos en la mística de la revolución bolivariana. Charlamos con la voz líder de la banda, el sociólogo Diego Tagarelli (egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo), quien nos dejó una concepción de su música que excede lo genérico y se amplifica a la cultura y a la política. “Hoy somos una banda que contribuye con la revolución” nos dice.
Formación actual:
Diego Tagarelli: Voz y Guitarra
Iván Tagarelli: Guitarra, Bandoneón, Melódica y coros.
Damián Tagarelli: Acordeón.
Julián Alvarez: Trompeta
Gustavo Peterle: Percusión y Coros.
David Ibarra: Bajo y Coros.
Discos editados:
"INDIOS": 2004. Fader Records. Mendoza
"VIAJANDO": 2007. Cangrejo Records. Capital Federal
"POR OTRAS GALAXIAS". 2010. Estudio Vikingo, Ciudad Evita, Buenos Aires.
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-Ustedes como banda han sufrido transformaciones no solo en sus integrantes sino también en su concepción ideológica de la música. ¿Por qué no comentas esas particularidades y los movimientos que realizaron para aterrizar finalmente en Venezuela?
Diego: Hormigas Negras es una banda de Rock Mestizo, se nutre de ritmos latinoamericanos y, además, tiene un perfil ideológico que la conecta de manera fuerte con los procesos socio culturales que hacen a nuestra identidad mestiza, guerrera, que busca la justicia social, la libertad, la igualdad, la expresión, la creación. Latinoamérica está viviendo un proceso de liberación, con distintos ritmos, pero hacia un mismo fin: ser soberanos, iguales, libres, justos. Son momentos históricos claves. Hormigas Negras quiso ser parte activa de esta etapa histórica, salir a aprender y contribuir huimildemente desde nuestro lugar. O sea, Hormigas Negras salió a ser sujeto y no objeto de lo que está pasando, y salimos de una manera especial: a pulmón, de manera independiente, sin arrodillarnos ante nadie. Para ello, en nuestra Gira, fuimos viajando de a poco, parando en pueblos, ciudades de Argentina, Brasil, Bolivia y Venezuela. En cada lugar nos poniamos a trabajar, esto es: hacer nuestro show callejero, transformando espacios que estan destinados a otras cosas que nada tienen que ver con el encuentro de lo público, sino mas bien con el desencuentro que impone el modelo privado. Esto, claro, nos lleva a enfrentarnos con el sistema y a gambetear la ley represiva. Pero, por otro lado, nos conectamos fuertemente con los pueblos, con la realidad, haciendo musica, ese lenguaje que tarsciende las frotneras y que, cuando se lo propone, lleva las voz de los pueblos, los hace bailar, recrear, rebelar.
-¿Por qué deciden instalarse en Venezuela, dónde vivirán y cómo es la relación con los músicos venezolanos?
Diego: Sucede que Hormigas Negras no es un grupo de rock tal como se entiende, no es una banda de rock nacional que procura mantener las pautas del mercado rockero, que quiere éxito y más éxito. Más bien Hormigas Negras es un colectivo cultural; somos una agrupación que pretende superar las fronteras que impone la estupidez del rock. Nosotros entendemos que la crisis orgánica del capitalismo a nivel mundial es también la crisis de un ciclo del rock: el ciclo del rock como instrumento de control masivo, el ciclo del rock como clonación, el ciclo del rock como negocio del poder. En fin, se cierra la etapa del ciclo del rock capitalista y se abre una nueva etapa del rock como parte de la construcción de nuevas sociedades en América Latina. Y Venezuela plantea de manera profunda tales rupturas. Fijáte que durante fines de los noventa, durante la crisis y plena decadencia del neoliberalismo, el rock dejo de ser una expresión exclusiva de la clase media en Argentina y pasó a formar parte de un movimiento más amplio que debió admitir muchas prácticas y manifestaciones de los sectores populares, de las clases más bajas (por esos años algunos acomodados del rock reaccionaban ante la incorporación de la cumbia o el cuarteto). Sin embargo, la industria del rock permaneció intacta y, en lugar de producir un cambio que admitiera una nueva etapa de explosión musical, muchas bandas y grupos obedecieron en la práctica al poder mediático y al monopolio discográfico. Ignorando lo que sucede en la Argentina y América Latina, optan y se mueren por hacer sus Giras en Europa en busca de la consagración mediática. Así, lo que se había construido como positivo a fines de los noventa se volvió a excluir estos últimos años… El Rock solo puede ser nacional cuando confluyen los sectores populares. Y solo puede ser latinoamericano cuando deje ser un fenómeno incomunicado de la cultura y la sociedad latinoamericana. Nosotros, como grupo que trata de ser coherente, es decir, consecuentes, dimos una pelea digna en Buenos Aires para formar parte de una nueva etapa de explosión cultural, de crisis y resurrección del rock y la cultura, pero en esta Gira y en nuestra permanencia en Venezuela, nos dimos cuenta que la dignidad, el colectivismo cultural, el compromiso social, la lucha cultural era planetada por nosotros sin mucho apoyo en Buenos Aires. En Venezuela, Hormigas Negras pudo ser compatible a un espacio cultural y una sociedad que ofrece realmente una nueva construcción social de alternativas para aquellos que enfrentamos el modelo cultural dominante. Desde organizaciones sociales diversas, consejos comunales, colectivos culturales y artísticos, gente común, en los barrios, en los pueblos y en las ciudades, nos han invitado a integrarnos y comenzar a proyectar distintas propuestas, tanto en lo musical, como en lo sociocultural. Para eso, debemos estar allí, vivir y convivir con la revolución bolivariana. En los pueblos, comunidades, barrios populares, etc., es quizás donde se advierte con mayor claridad y energía la revolución y donde necesariamente hay que generar vínculos directos. Por eso es muy seguro que nos instalemos durante algún tiempo en algún pueblo, aunque para Hormigas Negras, como nuevo colectivo en movimiento estará en todos los rincones de Venezuela y con varios proyectos de integración latinoamericana. Aspiramos y así lo deseamos en estos meses a que Hormigas Negras sea un colectivo cultural donde participen centenares de personas. En cuanto a la relación con los artistas, músicos y hacedores culturales de Venezuela, ha sido muy buena, muy fuerte, porque se sostiene sobre lo colectivo y sobre la base de una conciencia revolucionaria, sobre la idea de que toda revolución cultural implica necesariamente una inclusión y un espacio de encuentro. Los músicos aquí, se reúnen en frentes nacionales, en asambleas populares, en actividades permanentes realizadas en comunidades y barrios del país. En lugar de excluirnos o competir, nos integraron y apoyaron.
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-¿Cómo se vive el proceso revolucionario “desde abajo”?
Diego: Es que son los desposeídos de siempre los que ahora se asumen como protagonistas de la revolución. La verdadera revolución está en las bases, en las comunidades. La sociedad, o mejor dicho, los sectores populares, están organizándose en comunas socialistas. En Venezuela se vive un proceso de transición hacia el socialismo y del Estado Burgués y Oligárquico al Estado Comunal. Entonces, esta nueva construcción del Estado, implica traspasarle el poder al pueblo, es lo que ellos llaman: el “poder popular”. No sólo las comunidades por medios de sus organizaciones populares comienzan a administrar los recursos, sino que a su vez se produce un grado de movilización permanente de la sociedad y un nivel de conciencia social envidiable. Según el criterio ideológico bolivariano, no hay revolución sin la participación popular. En este tiempo que hemos estado aquí, no dejamos de asombrarnos por situaciones concretas de cambio donde ninguna medida del Gobierno es consentida sin las organizaciones sociales de base. Chávez es, además del líder político de la revolución, el canalizador de la sabiduría popular. Chávez es, para el pueblo venezolano, su líder espiritual, o sea, el alumno y el profesor de los venezolanos. Un tanto por eso y otro tanto por el protagonismo popular, podríamos decir que la revolución se vive, desde abajo, con alegría y esperanza, con dignidad y con actitudes concretas de liberación. Y si hablamos del “abajo”, la música está fuertemente presente, pues los pueblos, desde tiempos muy remotos, cuando las sociedades latinoamericanas tenían una vinculación genuina con el concepto de vida y de sociedad “solidaria”, el arte era visto no como mercancía o producto de evasión y alienación, sino como una herramienta de creación y recreación de sus cutluras, de cohesión, de identidad, de formación y no de de-formación. Y eso acá en Venezuela se está empezando a ver y emerger fuertemente: la música o, mejor dicho, el arte y la cultura popular, como parte intrínseca del ser social libre, con identidad.
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-¿Cómo se construye el socialismo del siglo XXI, allí, en acciones concretas?
Diego: Con participación popular y construcción de poder en las bases. Nosotros hemos sido testigos y partícipes de diversas tomas culturales; asambleas comunales en barrios y comunidades; talleres de formación políticos y culturales que se dan en todo el país y en cada comunidad o barrio; hemos estado y participado en innumerables medios de comunicación alternativos; asistimos a los mercados populares bolivarianos, a los mercados de distribución alimentaria como PDVAL o Mercal que suministran alimentos a precios solidarios; hemos acompañado a movimientos sociales que lideran mujeres, mujeres que asumen un liderazgo asombroso en la mayoría de las organizaciones sociales (muchos dicen, con entusiasmo, que la revolución bolivariana es una revolución de mujeres); en fin, las situaciones concretas son innumerables, diarias. (Y eso que estoy pasando por alto muchas cosas más, como las nuevas modalidades de ocupación de tierras en zonas urbanas para descentralizar las ciudades y brindar espacios de vivienda a los pobres, el reconocimiento a las comunidades indígenas, la participación y el nivel de conciencia popular en los jóvenes, en fin). Es un socialismo popular, latinoamericano, asentado sobre un movimiento amplio y creativo. Claro que no faltan los errores que se cometen y los problemas al interior del movimiento bolivariano: una burocracia estatal asquerosa, un sector oportunista que se infiltra y deforma el rumbo de la revolución, los vicios del capitalismo, etc., (tengamos en cuenta el contexto sobre el cual se quiere generar un tipo de sociedad mas sano, justo y libre, el cual impone multiples obstáculos para la realización del mismo: 500 años de estupidización, ignorancia deliberada por los sistemas dominantes capitalistas, pobreza estructural y todo lo que acarrea, países imperialistas que asfixian y bombardean los procesos de liberación). A mi entender, estamos viviendo una revolución sistémica y como tal, los cambios revolucionarios no son de un plumazo. Más bien, es un proceso donde, por un lado, se intenta desarticular el Estado Burgués (es decir, la lucha de clases al interior de las instituciones del Estado actual) y, por otro lado, se procura promover la construcción del poder popular desde las bases. Esta transformación significa vincular las nuevas instituciones a la comunidad, de manera que ya la sociedad no está contenida en las instituciones burguesas, sino que las nuevas instituciones sociales están contenidas en la sociedad, en la comunidad. Estos son, a nuestro entender, los intereses de un estado Comunal y es allí donde apunta el proceso bolivariano, la transición del Estado Burgués al Estado Comunal. Una descentralización justa del poder en las comunas con los recursos administrados por el Estado y las organizaciones sociales populares. Como conclusión, te puedo decir que el socialismo del siglo XXI se construye sobre la construcción del pueblo, de los sectores mayoritarios, se construye sobre la construcción de la historia negada de los oprimidos.
-¿Cuál es la relación entre Hormigas Negras y el Estado Venezolano, cómo les pagan por su trabajo de músicos?
Diego: El Estado no ignora a los artistas, sino más bien los promueve. Nuestra relación con el Estado es una relación bidireccional, de intercambio. Hormigas Negras participa como colectivo en las políticas públicas del Estado y el Estado brinda la infraestructura para sostener todo proyecto de autogestión e independencia frente a los intereses sectarios. Aquí somos, más que artistas, trabajadores del arte, es decir, trabajadores, pueblo, un grupo social que recibe la misma atención por parte del Estado. El planteo mal llamado “revolucionario” del arte fuera y opuesto al Estado es absurdo e hipócrita, puesto que no sólo ignora que el Estado en América Latina es necesario para resistir los mecanismos imperialistas de dominación hegemónica y por donde el poder popular necesariamente debe desplazar a los intereses minoritarios, sino además porque semejante planteo es funcional a los verdaderos poderes anti populares, o sea, al universo limitado del monopolio privado del arte y la cultura. En Venezuela, donde el Estado asume un compromiso con lo popular y lo nacional, debemos formar parte del proceso de descolonización cultural y reconocer al Estado en sus dimensiones revolucionarias. Pero además, Hormigas Negras ha participado en múltiples actividades en barrios y comunidades donde el mismo Estado nacional o comunal nos provee toda la logística. A eso hay que sumarle, el trasporte que nos brindan para desplazarnos por el país, el alojamiento y demás cuestiones que hacen a la subsistencia del grupo. En cuanto a Festivales y eventos importantes, pagan mucho mejor, pero muchooooo mejor que cualquier festival en Argentina y nosotros hemos sido beneficiados por eso. Pero también hay que aclarar que, hasta ahora, también hemos trabajo fuertemente con colectivos revolucionarios que siguen a Chávez y que tienen algun tipo de vinculo con el Estado, pero que trabajan de manera auto gestionada porque mantienen una visión crítica hacia cierto sectores del mismo, donde aún prevalecen vicios del capitalismo, corrupcion, dogmatismos erroneos y esteriles, etc. (es bueno subrayar que, igualmente, son colectivos que no rompen relacion con el Estado, como si sucede con los movimientos de izquierda en Argentina, que no pondera el valor del Estado en los procesos de liberacion, y que temrinan parándose en la vereda enemiga), y por eso también es bueno aclarar que nosotros también, sin dejar de lado la relacion con el Estado, trabajamos de manera auto gestionada, realizando eventos en espacios públicos, paseos, peatonales, plazas, etc., donde vendemos nuestros Discos a precios “populares”. A lo largo de esta gira hemos vendido cerca de 4.000 discos, algo impensado, incluso, con alguna firma discográfica. Además, proponemos proyectos concretos para trabajar en comunidades, barrios, etc., algo que hemos aprendido en Venezuela.
-¿Se definen como una banda revolucionaria?
Diego: Hormigas Negras es un grupo en se encuentra en permanente proceso de rectificación. No poca cosa, puesto que no sólo depende del posicionamiento político o del compromiso social que estamos obligados a cumplir como colectivo sociocultural, sino además porque implica un proceso de autocrítica y rectificación individual de cada uno de nosotros. Es decir, desprenderse de esas ataduras ideológicas que impiden ver más allá de uno mismo, capturar las miserias humanas que pueden desviar el nuevo rumbo que está adoptando Hormigas Negras. Nos estamos empezando a organizar y pensar como un grupo social, humano “socialista”. Según nuestro criterio, era el único camino que tenía Hormigas Negras, de lo contrario, desaparecería como grupo. Muchos grupos en el rock plantean algunos elementos contestatarios que terminan siendo funcionales al modelo dominante. Son incoherentes, contradictorios e hipócritas. Para ser coherente no sólo hay que mantener una relación entre la práctica y el discurso ideológico, sino además desprenderse de aquella concepción burguesa y comenzar realmente a ejercer un trabajo comprometido socialmente con lo popular. Parece que muchos se olvidaron de Luca Prodan y, por el contrario, reviven las bandas que se separan y se juntan para hacer millones, las bandas que viajan al primer mundo, las bandas que cantan “tal vez vayamos para la revolución” y se quedan petrificados en los privilegios del rock, bandas que cada vez tocan mejor y no proponen nada original, en fin, este ciclo donde el objetivo es ganar mercados. Nosotros decidimos ir a la revolución. Y estamos viviendo en carne y hueso la revolución bolivariana liderada por Chávez. Esta Gira que hacemos tiene como objetivo fundamental formar parte del nuevo proceso de integración y revolución regional de nuestros pueblos. Viajamos por pueblos, ciudades, comunidades, ingresamos con otras organizaciones sociales a barrios populares a cortar las calles y realizar eventos, nos instalamos con comunidades indígenas en la Gran Sabana, viajamos en Barco durante 5 días para cruzar Brasil porque lo hacíamos sin un mango: eso es una práctica revolucionaria. Actualmente, estamos participando activamente en una de los centros culturales más importante de Caracas que es el Núcleo Endógeno Nuevo “Nuevo Circo”, un centro cultural ocupado por artistas bolivarianos. Allí funciona la compañía de Circo Nacional que desarrolla actividades en todo el país y América Latina; estuvieron hace un mes en Cuba y ahora el circo viaja a Maracaibo donde nosotros, Hormigas Negras, vamos a ser la banda musical del Circo por un mes. Hemos estado en lugares y espacios donde no llega ni llegaría el rock y eso también es una práctica revolucionaria. Nosotros nos consideramos un colectivo revolucionario que, a partir de nuestra vivencia en Venezuela, pasa a formar parte del compromiso hacia los pueblos de la región que se están liberando. El arte y la música no solo se hace en los bares, discotecas, museos y teatros, también se hacen en los barrios, comunidades, plazas, calles y eso es, justamente, asumir un posicionamiento político. Existe un proceso de integración latinoamericana que el proyecto bolivariano ha visualizado de manera más amplia e igualitaria. Nosotros aquí, en Venezuela, hemos comprendido los obstáculos que presenta un proceso revolucionario y, por consiguiente, también hemos comprendido la importancia del peronismo como proceso inconcluso de la liberación en Argentina que debe consumarse.