"Botineras" llegó con un final muy distinto al libreto original
“Botineras” llegó a su fin con un desenlace poco habitual pero coherente con el giro que dio la tira. Tras diez meses, la historia de las jóvenes que buscan a toda costa conquistar a un jugador de fútbol se convirtió en un intenso policial que dejó el amor de los protagonistas de lado.
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De hecho, aunque Laura y el Chiqui dejaron su historia de amor en suspenso, sí hubo un par de parejas que tuvieron un final con beso y perdices. Muy en sintonía con estos tiempos pero sin abusar de la coyuntura, El Flaco (Cristian Sancho) y Lalo (Ezequiel Castaño) consiguieron superar prejuicios propios y ajenos para seguir adelante con su romance. Lo cierto es que ellos fueron la única pareja que en el episodio final se juró amor eterno aunque fue otra la que terminó en el registro civil. Mercedes (Leonora Balcarce) y Anguila (Tomás Fonzi) se casaron, para alegría de los fanáticos del personaje de Fonzi, que en los últimos meses se destacó como un cómico compañero de aventuras del Chiqui, tan bueno como absurdo a la hora de explicar sus ideas. Además, con sutileza y sin cambiarlos demasiado, el guión también les otorgó a los veteranos policías Riganti (Rita Cortese) y Arregui (Roberto Carnaghi) su propia historia de amor.
Porque en la ficción televisiva, por inusual que sea, el que las hace las paga: Marga (Isabel Macedo), la única botinera que le quedó a la historia, terminó presa por los crímenes de Giselle y Mirtha, y con un autoimpuesto castigo de no volver a ver a su hija ni a su amado Cristian.
"Lo tuyo se termina acá", le decía Laura anoche a Nino con una sonrisa y apuntándole a la cabeza aparentemente dispuesta a cobrarse por mano propia el asesinato de su amado Salgado (Pablo Rago). Y tal vez en el giro más interesante de la despedida, cuando todo indicaba hacia el ojo por ojo, la policía que interpretó Gaetani con solvencia decidió hacer lo correcto, evitar la justicia por mano propia y reservarse un "me encanta" de los de Nino cuando lo dejó tras las rejas para siempre.
Fuente: La Nación


