Presenta:

Cris Morena: “Romina es luz, es la estrella que hoy me guía”

A tres meses de la muerte de su hija Romina Yan, Cris Morena rompe el silencio: recuerda a su chiquita con una sonrisa, cuenta cómo lleva el rol de abuela/madre y hace planes para el futuro.
La primera entrevista que da tras el adiós a su hija.
La primera entrevista que da tras el adiós a su hija.

El silencio le pone más suspenso a la espera. Lejos del estereotipo de la productora alocada, en la empresa de Cris Morena se manejan otros ritmos. Al menos por estos días, cercanos a fin de año. No hay productores que griten ni personas desquiciadas corriendo de un lado a otro. Todos se mueven tranquilamente y todas las oficinas dan a una galería con un lindo jardín en el medio. El sol se cuela por todos lados en estos viejos studs reciclados del barrio de Martínez.

El encuentro es con una mujer que fue modelo y actriz, que luego se convirtió en una exitosa productora y empresaria, pero hoy, sobre todas las cosas, es mamá y abuela. Es la primera nota que Cris da después de la inesperada muerte de su hija Romina Yan, quien falleció el 28 de septiembre pasado a causa de muerte súbita. Hija también de Gustavo Yankelevich, y hermana de Tomás, la morocha de 36 años era actriz, bailarina, cantante y conductora. Fue protagonista de varios programas producidos por sus padres (Rincón de luz, Chiquititas, entre otros; sus últimos trabajos fueron Amor mío, Bella y Bestia y una participación en Casi ángeles). Estaba casada con Darío Giordano y tenía tres hijos: Franco, Valentín y Azul. Romina era parte de la cuarta generación de una familia dedicada a la tele desde siempre, ya que su bisabuelo Jaime Yankelevich fue uno de los fundadores de la televisión argentina. De hecho, su muerte fue uno de los grandes impactos del año, y provocó una tristeza profunda en el ambiente artístico. Ese día tan triste, varios canales levantaron su programación habitual. A la vez, grupos de fans inundaron las redes sociales con mensajes, condolencias y despidieron a Romina con flores blancas (sus preferidas) en el teatro Gran Rex, escenario de la mayoría de los shows producidos por el Cris Morena Group.

La calma continúa en este mediodía caluroso, pero hay un poco más de movimiento. Un productor habla por teléfono mientras dos chicas se ponen a armar una mochilas con merchandising de ciclos anteriores (producidos por CMG, claro). Se ven toallones y mochilas de la serie Chiquititas, zapatillas de Floricienta ,entre otros chiches que serán donados a una entidad que ayuda a chicos desnutridos. "Todos los años hacemos donaciones", comenta una de las chicas.

En eso se puede atisbar una cabellera rubia, con el pelo larguísimo, en la otra punta del parque. Está de espaldas, pero no hay duda de que es Cris. Termina de saludar a una empleada y se acerca. Tiene el look juvenil de siempre, carga dos perchas con sendos vestidos –los que en un rato se pondrá para las fotos– y se mete raudamente en su oficina. Desde el jardín se ve que se pone a charlar con la maquilladora. ¿Qué hacer entonces ante el inminente primer contacto? ¿Darle un abrazo, decirle "lo siento"?

Canchera, Cris capta la situación: rompe el hielo y avanza pidiendo disculpas por la (pequeña) demora. Pregunta si queremos ver los vestidos que se pondrá. "Son todos modelos de Dolores Barreiro. ¿No son divinos? Es la única ropa que compro en la Argentina", confía.

Los primeros flashes son arriba de un juego de mesa de madera en el jardín. Se la nota nerviosa e inquieta ante las primeras tomas, pero decidida. Sonríe y enseguida se justifica: "Estoy en un día muy luminoso. Debo tener a mi hija adentro". Al mismo tiempo se le llenan los ojos de lágrimas y pide una pausa. Respira hondo y dice "Ya está", intentando que el recuerdo de su hija no empañe el momento. Se vuelve a distender, mueve su pelo de un lado a otro, no se queda quieta. "Hay cosas que nunca se olvidan, uno las lleva adentro", menciona en referencia a su primera etapa como modelo. También aparece su rol de productora. Entonces ofrece cambiar de pose, pregunta si le convendrá pararse o sentarse. Lo que sí le cuesta, según confiesa, es mantener la mirada fija a la cámara. Como si la profundidad desnudara aún más el dolor.

En eso, Sarna entra en escena, huele a los desconocidos y huye en busca de un poco de sombra. Es una gata negra y blanca, preciosa, con unos ojazos verdes. "Cuando la encontramos tenía sarna, por eso el nombre. También teníamos a Cielo, pero se murió de viejita", explica.

El calor agobia y Cris sugiere entrar y hacer unas tomas en su oficina, que está más fresca: "Todo lo que está acá tiene un significado especial", suelta sin dar demasiados detalles. Hay muchos adornos, ángeles de cerámica, recuerdos del Cirque du Soleil y cantidad de marcos blancos con retratos de sus seres queridos. "Esa es Azul y este que está desnudito es Franco", apunta Cris, orgullosa, en referencia a dos de los hijos de su hija. También Romina sonríe junto a su hijita Azul. "Mirá, acá estoy yo en Vol Tops, el primer programa en el que trabajé, y donde lo conocí a Gustavo", agrega Cris con calidez, señalando una foto en blanco y negro. Contra lo que uno pudiera prever, ella misma propone posar con la pared de fondo donde cuelgan las fotos de su familia

Leé la entrevista completa en Clarín.