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José Luis Perales, la voz que emocionó a Mendoza

El músico y compositor español celebró sus 35 años de carrera ante un Auditorio Bustelo colmado. En compañía de sus músicos, plasmó su voz y su talento en un inolvidable encuentro de dos horas en el que recorrió sus grandes éxitos. El público mendocino ovacionó de principio a fin.

Tal y como estaba previsto, minutos después de las 21, José Luis Perales salió a escena acompañado de sus músicos –ocho, ellos; y talentosos, todos-. Vestido de estricto negro, enfundó el micrófono y durante dos horas no hizo más que obsequiar versos de amor ante un Auditorio Ángel Bustelo colmado.

El músico y compositor español arribó a Mendoza por primera vez, siguiendo el diario de viaje de la gira que emprendió los primeros días de octubre, en New York, Estados Unidos. Aquí plasmó su melodiosa voz -tan ajena al paso del tiempo como sus “himnos románticos”- en un show cálido y de alto vuelo que el público ovacionó de principio a fin.

Fresca, lozana, suave, su voz discurrió por la mayoría de sus grandes éxitos -más de una veintena, y enriquecidos musicalmente con arreglos-, para celebrar sus prolíficos 35 años de carrera artística.

La lista incluyó hits como Porqué te vas, Por si las musas, Me llamas,  Amor sin límites, Y sigo enamorado (con el español al pie del teclado, sellando un encuentro más intimista), Cosas de Doña Asunción, Sí..., La llamaban loca, La espera y Amada mía (recibido por el auditorio femenino con un grito al unísono). Luego siguieron Quisiera decir tu nombre, América, Y tú te vas, Celos de mi guitarra y Canción de otoño.

Pero aún faltaba el tramo final, que estuvo signado por El amor, la legendaria Que canten los niños (con el público oficiando de coro) y Balada para una despedida.

Minutos más tarde, con las 23 mordiendo los relojes, el ansiado bis llegó con Navegando por tí (canción que da nombre el álbum que lanzó en 2007 y por el cual obtuvo un premio Grammy), Te quiero (que le permitió a Perales parafrasear la letra y acudir a un "los quiero, como la tierra al sol"), el afamado ¿Y cómo es él? y Un velero llamado libertad (con gran parte del público rodeando el escenario y despuntando estrofas).

Dueño y señor de la escena, Perales no sólo endulzó la noche reviviendo canciones sino también, con los constantes apartes que realizó hacia las miradas atentas que inundaron el auditorio. El español dialogó con su público y éste prestó los oídos, complacido.

Los mendocinos supieron así que Amor sin límites es una Carta de San Pablo a Corintios; que nació y vivió en un pueblo "muy pequeñito" de España; y que compuso América una tarde nostalgia, mientras estaba en su campo, cansado de "echar de menos", los aplausos y el cariño del público de este continente. 

También, que Celos de mi guitarra brotó de su inspiración en 1974, "después de escribir canciones a muchos compañeros españoles" y que gracias a él obtuvo su primer disco de oro, "aquí, en Argentina"; además, que entre sus músicos hay un argentino ("Santi, el del bajo") y que como todo caballero sabe cómo tratar a una dama (gesto que demostró cuando una de sus fans irrumpió en el escenario).

Pero sobre todo supieron, que José Luis Perales les dejó lo mejor de sí.