Backyardigans: alucinación en el patio de la Aldea Mágica
Mil doscientas personas lograron poner a prueba su capacidad de asombro ayer en el Ángel Bustelo. Es que, llegaron los verdaderos personajes de una de las tiras para niños más famosa de América y el resultado fue la alucinación observada en las miradas de los padres y sus hijos, que estallaron cuando rompió la tarde la melodía original de una de las series de dibujitos, digitalizados, más famosa de Nick Jr.
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Tasha, Pablo, Austin y Tyron (al fondo) en el último cuadro de la presentación en el Ángel Bustelo.
“The Backyardigans Post” fue el diario más famoso el domingo frente a la Casa de Gobierno y Tayron fue el personaje central de la historia que mantuvo en vilo a buena parte de la concurrencia durante casa durante 80 minutos.
Pero las estrellas no sólo fueron la querida Tasha, que cuando pisó las tablas liberó el asombro de sus admiradores y admiradores, hijos y padres.
El público tuvo buena parte de la presentación por la que oblaron entre 30 y 70 pesos. Claro, un niño iba acompañado por un par de abuelos. Una niña iba sólo con su madre y varios padres (papá y mamá) iban con sus pequeños hijos de dos y tresaños.
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Tyron y Tasha, arrancaron suspiros y gritos de la audiencia de hijos y padres por igual. Detrás, Pablo y Austin.
Todos por igual conocían a los actores. Pero además de Uniqua, Austin, Tyrone y Pablo (a Tasha ya la nombramos) el mismo público tuvo una participación central durante algunos episodios del show producido por el local Diego Villafañe.
Primero hubo aplausos, no por aprobación de la puesta en escena. Si bien los mendocinos, unos 1.200, acostumbrados a llegar a último momento, llegaron antes de las 15 a la cita, el suceso de ilusiones no inició hasta las 15:55.
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La cola para ingresar al auditorio alcanzó los cien metros, instancia que fue aprovechada por decenas de vendedores ambulantes.
En un momento, la cola para ingresar llegó a los cien metros. En el medio, los vendedores, que ya habían comenzado a merodear desde antes de las 14, lograron pequeños botines gracias a las banderas de los Backyardigans, los muñecos de esponja “truchos”, las vinchas, los mazos de catrtas, los CD y los DVD y hasta las luces multicolores que brotaban de un juguete articulado.
Y los aplausos fueron primero para lograr entrar. Luego para que comenzar el espectáculo. La razón de la demora fueron los que habían sacado su entrada a último momento. Primero se esperó, como corresponde, que ingresaran todos “los clientes” y que luego iniciara el “Bakyardibans Live”.
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Primero apareció Tyrone, un verdadero repartidor de diarios estadounidense. Cosas de la globalización a la que nos hemos acostumbrado. Quien para repartir los ejemplares del "The Backyardigans Post" recurrió a la ayuda de los presentes.
Tyrone fue el anfitrión quien transportó a la audiencia a la Aldea Mágica, mejor dicho a su patio trasero, donde las experiencias mágicas ocurren y son tan simples como la vida misma. Los chicos desde el principio quedaron hipnotizados, los padres de a poco se convencieron y al final fue imposible pararlos.
Un mar de camaritas digitales desde el primer cuarto de hora flotó en el interior del auditorio, pese a las recomendaciones de apagar los celulares y no utilizar medios de registro del siglo XXI.
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Los chicos, con pequeños megáfonos, vocearon los diarios cuya responsabilidad de distribución era de Tyrone.
El argumento fue no poner en peligro la destreza de la técnica por la que en un momento, en un escenario alucinante, Tyron recorrió kilómetros de la Aldea, donde por las distracciones que lo concentraron fuera de su misión –repartir diarios- conoció a una bruja y a un lobo que confundieron: durante buena parte de la puesta en escena creyó que iba a formar parte de la cena.
“Debemos repartir todos los diarios y conseguir la bicicleta original del Club de Rapartidores”, fue la consigna ventilada desde el inicio por el simpático alce naranja con casco de vikingo.
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Madre e hija, al borde del escenario, absortas con la puesta en escena.
La más esperada, Tasha, quien cuando ingresó al ambiente combado por los suspiros de asombro lo hizo coronada. Reina y princesa a la vez, lució una hermosa capa fuxia y agitó las manos para devolver del saludo dominante.
Quien menos actuó, Pablito en su tamaño real. Cuando apareció aturdió con sus pesados pasos de gigante.
Fue cuando algunos, asustados y azorados, siguieron su presentación aunque con el temor de los sonidos graves y contundentes. Otra vez el sonido jugó un papel fundamental. Pegó y pegó y el pecho de los chicos retumbó hasta que se agitó la respiración y los ojos se mostraron alucinados. Como viendo flores en la boca de un mudo, saltando de piedra en piedra, de roca en roca, como dijo Alejandra. Conociendo una casa, la de la bruja, hecha de galletas y golosinas.
El clímax se produjo cuando Tyron, una vez más estimuló a los presentes. Esta vez, solicitó diarios, para reponer el extravío de los suyos, que nunca terminó de repartir, por tratar de resolver sus desvaríos inocentes.
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Dos pequeñas morochas, alucinado. Una de ellas con un peueño muñeco de Austin entre sus brazos.
Pidió a los chicos (y los grandes) que le arrimaran los pequeños ejemplares que les fueron distribuidos cuando fueron acomodados en sus asientos. Junto al diario los niños recibieron un pequeño megáfono, que sirvió para ayudar a vocear el periódico en la aldea.
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La fiesta se armó frente al escenario cuando Tyron solicitó la asistencia de la concurrencia que no dudó en arrimarse.
En ese momento, casi al promediar la presentación de Nick Jr., la mayoría abandonó sus asientos y llegó hasta la orilla del escenario. El personal de seguridad sólo pudo evitar que se acercaran demasiado pero no pudo desalojar el patio que se armó delante de las tablas, cuando luego se armó la fiesta de un ritual rítmico al son de una pegadiza polca.
Los chicos y los grandes saltaron y se batieron en un baile impensado, presintiendo el final y la despedida y algo explotó en ese momento. Saltaron chispas y la gente agradeció el chorro de papel satinado picado que a borbotones bañó el patio mágico.
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Cuando rompieron filas, cada uno de los Backyardigans, por su lado, ocupó un lugar en el escenario e iniciaron la despedida.
Entonces Tasha, Uniqua, Austin, Tyrone y Pablo formaron una fila por última vez y al romper filas ensayaron bailes caprichosos. El público también, durante la tarde apacible que el domingo se vivió dentro de uno de los espacios culturales más importantes de la provincia.
Ahora Diego Villafañe planea traer a Mendoza a “Don Omar” y “la posibilidad del Puma José Luis Rodríguez”.
Algo similar a los Backyardigans, “para niños, no hasta ahora, al menos hasta las vacaciones del año que viene”, anunció.
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