Heroínas de la Independencia
Son las mujeres que desafiaron un momento histórico, que hicieron propios los signos de esos tiempos, y nos representan en cada gesto y nosotras de alguna manera las representamos cada vez que hacemos algo para cambiar alguna situación, cuando nos decidimos a hacer que las cosas sucedan, cuando abrazamos causas nobles, cuando amamos. Seguro vas a encontrar algo de vos en alguna de ellas.
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La presencia femenina en la lucha por la independencia tuvo un protagonismo mucho más relevante del que se le recuerda. Grandes luchadoras, provenientes de diferentes orígenes, mestizas, criollas de la alta sociedad, negras, cultas o no tanto, para el caso no importa. A todas las movilizaba el ideal de la Independencia. Desde la comodidad de sus casas como María Sánchez de Thompson hasta en el frío y el barro de los combates, miles de mujeres apostaron con sus ideas, su fortuna, su amor y sus vidas a la liberación definitiva de los colonizadores.
Fueron políticas, educadoras, solidarias, soldados, espías, esposas, madres, que solas o acompañadas contribuyeron a cambiar para siempre el viejo Orden Colonial.
Cuando pensamos en la gesta libertadora inmediatamente nos viene a la imaginación un campo de batalla poblado de hombres. Sin embargo era muy común que las mujeres lucharan e idearan tácticas y estrategias en plena guerra por la independencia.
Como espías hicieron un excelente trabajo. Son muy conocidas las historias de Macacha Güemes, hermana del General Martín Miguel de Güemes y María Loreto Sánchez de Peón Frías, también salteña, que con mucha audacia escondía información en la corteza de los árboles o en el ruedo de sus vestidos.
Arriesgaron la vida. En muchos casos la perdieron. Vieron morir a sus esposos y a sus hijos. Fueron detenidas, torturadas, humilladas y cuando por fin la guerra terminó, muchas no tenían dónde ir. Tal es el caso de María Remedios del Valle, que después de servir durante años en el ejército, el General Juan José Viamonte la encuentra deambulando por las calles como mendiga. Aunque, para no faltar a la verdad, después de muchos trámites finalmente logra cobrar una magra pensión.
Una tal Juana Azurduy
Juana tal vez representa el perfil de todas estas mujeres revolucionarias: rebelde por naturaleza, mestiza de origen, proveniente de una familia acomodada de Chuquisaca, Bolivia. Se casó con Manuel Padilla, juntos acaudillaron aborígenes y resistieron ataques realistas.
En medio de la lucha, Juana fue perdiendo casi todo lo que tenía: casa, tierras, cuatro de sus cinco hijos. Un día en pleno combate está punto de ser capturada por los invasores, Manuel la salva, pero él pierde la vida.
Combatió junto a Güemes y Belgrano. Luego del triunfo de Villar en 1816 el Director Supremo Martín de Pueyrredón le otorga el grado de Teniente Coronel. Tras esto Belgrano le hace entrega simbólica de su sable. Murió en la pobreza en 1862.
Morir de amor
Carmen Puch, "Carmencita" como le decían, fue la esposa del gobernador Martín de Güemes, y dicen que murió de amor. Cuando los realistas invadieron Salta su marido le pide que se retire a "Los Sauces", se marcha con sus dos hijos y embarazada de siete meses. Al tiempo el caudillo es baleado por los enemigos. Cuentan que cuando Carmencita recibe la noticia se encerró en su cuarto, se cortó el precioso pelo rubio y al tiempo murió de tristeza.
Mujeres empoderadas, todas igualmente inspiradoras: estas heroínas son y serán referentes indiscutidas de la mujer actual, que en otro contexto, con otros recursos, también es protagonista de su propia independencia.
Patricia Lasca

