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El basural por dentro: historias de vida y muerte

Vecinos del basural de Luján hablaron con MDZ sobre las enfermedades que tienen por vivir expuestos a un lugar que los mata y al mismo tiempo les da de comer. El factor político para que no crezcan las denuncias. El rol de la salud pública en la zona.
Basura. Foto: Josefina Godoy Martínez. MDZ.
Basura. Foto: Josefina Godoy Martínez. MDZ.

La gente que vive cerca del basural de Luján se está muriendo. No poder respirar es lo primero que se siente al acercarse a ese centro de residuos, el humo no permite ver a las personas que están entre montañas de basura, buscando un sustento para vivir, juntando metales o cartones, mientras se enferman o mueren por culpa de su lugar de trabajo. “El basural no se puede cerrar porque nos da de comer”, dice Mónica, una mujer que trabaja “metaleando” y juntando botellas desde los 10 años. 

En un lugar lleno de árboles y aire puro se encuentra un infierno: “la quema”, que genera dolor de cabeza en cualquiera que se quede allí por más de 5 minutos. Ahí los chicos que llevan bolsas gigantes de basura y las moscas revoloteando al lado de un perro muerto son sólo un recorte de la angustiante situación que es estar dentro de ese desierto tóxico. 

MDZ, en cada visita que hizo al basural, vio pobreza, basura y gente que está acostumbrada al olor repulsivo y al humo que se impregna en la nariz. Grandes y chicos se acostumbran a vivir con problemas respiratorios o de piel, cáncer de pulmón, asma, alergia bronquial y sarpullidos intensos. “En el hospital dicen que no es nada, pero ¿por qué me agarra tanta picazón, me rasco y se me hace todo hasta arriba?” pregunta María, una vecina del basural, mientras muestra su pierna toda brotada con la piel seca, de colores negros y blancos. 

No sólo es ver a personas tras el humo, también es saber de sus enfermedades, a lo que están expuestas y el miedo a hablar que tienen. Eslinda, por ejemplo, vive en el barrio “San Fermín” y va por el décimo trasplante de piel ya que sufre de un cáncer dermatológico a causa de vivir toda la vida en un entorno que la mata. 

No sólo genera tristeza, también se siente la bronca de saber que ellos prefieren vivir ahí porque no hay mejores opciones. Hay dos caminos: o se mueren por la exposición a toda esa basura o mueren de hambre. Aunque parezca mentira, estar en el basural es su fuente de trabajo, el lugar que les permite ir a un almacén y comprar lo necesario para una comida digna. 

Los accidentes también existen en la quema, ya que los “cirujas”- como se autodenominan ellos- abren bolsas de todo tipo y color con los dedos, sin guantes o alguna protección, mientras buscan evitar que el humo ingrese a sus vías respiratorias con barbijos y pañuelos alrededor de toda su cabeza. “A veces en las bolsas rojas encontrás agujas, bisturíes y otros objetos punzantes que pueden generarte una infección o contagiarte de algo, no sabes que puede haber”, confiesa Mónica. 

El basural que da trabajo, y mata. 

Viven y respiran en un ambiente tóxico. Además, el agua que toman, con la que cocinan y se bañan, también está contaminada. Todo su alrededor los mata, poco a poco, mientras existe un poder que busca beneficiarse con millones y un sistema que no los tiene en cuenta.