Fortnum & Mason, el cielo de los gourmands
Ubicado en una de las principales calles de Londres, a cuadras del famoso Trafalgar Square, se encuentra la famosa tienda Fortnum & Mason, la cual ocupa una gran esquina y se despliega en varios pisos.
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Tengo que confesar que no estaba en mis planes visitarla. Apareció frente a mis ojos por casualidad al salir de una tienda especializada en mostazas (Esas tiendas que venden un único producto en mil presentaciones y que a pesar de tener 5 x 5 metros cuadrados te consume más de una hora recorrerla). Al cruzar la calle me encuentro con una bellísima vidriera con sombreros, pero no era cualquier tienda y los sombreros no estaban solos, estaban acompañados de grandes tortas lo que hizo que llamara mi atención. Pero algo me dió la pauta que estaba a una de las grandes tiendas del mundo y fue el color de sus paredes, uno de esos colores que son marca registrada como el color de Tiffany. En ese momento sentí como si hubiese un gran imán que me llevase a su interior.
Entre la escalera bellísima con sus barandas de acero cromado, las lámparas de cristal y sus mesas de estilo luis XV se podían encontrar góndolas con los mejores productos, esos que cualquier gourmand muere por oler o probar.
Fortnum and Mason fue fundada en 1707 y desde hace más de 150 años es uno de los proveedores de la realeza inglesa.
No es difícil imaginar que lo primero que atrajo mi atención fue el sector de tea shop. Aquí se encuentra una mesa cubierta con terciopelo rojo y marquetería dorada que abraza pequeñas teteras de vidrio. Cada una de estas exhibía distintas hebras de té, con diferentes grados de oxidación, fermentación, origen y calidad. No hacía falta más que levantar la tapa e introducir la nariz para transportarte al lugar de donde provenía cada una de estas hebras.
Todos las teteras poseían un cartelito que indicaba bajo que nombre era posible encontrar cada hebra en sus cajas de lata en el típico color esmeralda claro identificatorio del Fortnum and Mason.
A unos pocos metros se encontraban dos teteritas tipo samovar con té listo para degustar y pequeños cuencos de porcelana para que los clientes saboreen el té que le ofrecían ese día.
Así como un espacio dedicado al té era posible encontrar un espacio del café, de la miel y del chocolate. Es posible probar muchos de los productos que venden y lo mejor es que cualquier duda que surja encuentra respuesta en los vendedores especializados. Caminar entre estas góndolas y mesitas tan bien dispuestas y con tanto estilo como el que es posible encontrar en una joyería me hacían sentir en el cielo de los gourmands.
En el año 2007 en conmemoración de los 300 años de la tienda se llevó a cabo una remodelación que costó más de 27 millones de dólares.
En otro piso ofrecían una gran selección de pastelería y panadería digna de la realeza y esto no es nada extraño, ya que la tienda es una de las preferida de la reina de inglaterra. Los aromas te atrapan y envuelven de tal forma que cuando uno cree que escapó de ellos, se encuentra saliendo de la sección con un gran scone en papel de seda en la mano.
Un sector que encontré imperdible fue el dedicado a las bebidas destiladas. Stands plenos de diferentes espirituosas del mundo, ordenadas por estilo, materia prima, añejamiento y origen. Este departamento es atendido por un especialista tan conocedor como elegante (vestido de frac) que al reconocer a una loca de las espirituosas como yo, fue capaz de improvisar una gran degustación.
Un sector que no deben perderse es el de los chocolates, encontrar ejemplares de todo el mundo en tabletas de 25 gramos en adelante, con la posibilidad de disfrutar por 6 libras chocolates de 10 orígenes distintos es algo único.
En la sección dedicada a mieles era posible adquirir mieles monoflorales, de distintos grados de pureza e incluso panales en bellas cajitas.
Ya sea con suerte o no, fue uno de esos lugares que estarás toda la vida agradecido de encontrarlos a la vuelta de la esquina
Hasta la próxima semana.
María Laura Ortiz
deautor@aromasdecocina.com
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