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Verano en clave local: por qué crecen las escapadas cortas y el turismo de cercanía

Una forma de vacacionar que reparte el descanso a lo largo del año y redefine el sentido del turismo de verano.

El turismo de cercanía permite sostener el ritual de “irse de vacaciones”.

El turismo de cercanía permite sostener el ritual de “irse de vacaciones”.

Freepik

Durante décadas, las vacaciones de verano en Argentina estuvieron asociadas a estadías prolongadas en destinos tradicionales, especialmente en la Costa Atlántica o en grandes centros turísticos. Sin embargo, en los últimos años -y con mayor fuerza en el contexto económico actual- se observa un cambio en los hábitos de viaje: crecen las escapadas de corta duración y el llamado turismo de cercanía.

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Los argentinos realizan escapadas de dos a cuatro días.

Los argentinos realizan escapadas de dos a cuatro días.

Viajes de dos a cuatro días

Este tipo de viajes, generalmente de dos a cuatro días, se concentra en destinos ubicados a pocas horas de los centros urbanos. Termas, ríos, sierras, pueblos con identidad gastronómica o patrimonial y reservas naturales aparecen como opciones que permiten cortar la rutina sin afrontar los costos de una estadía extensa ni traslados largos.

El fenómeno responde a varios factores. Por un lado, el encarecimiento del transporte, el alojamiento y la gastronomía limita la posibilidad de planificar vacaciones largas para amplios sectores de la población. Por otro, las modalidades laborales más flexibles, el teletrabajo parcial y la fragmentación del descanso en distintos momentos del año habilitan nuevas formas de organizar el tiempo libre.

En este contexto, el verano deja de ser el único período fuerte de descanso y se transforma en una etapa más dentro de un esquema de pausas repartidas. Fines de semana largos, feriados puente y combinaciones de trabajo remoto con estadías breves permiten que el turismo se distribuya de manera menos concentrada.

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Este 2026 tiene, prácticamente, un finde largo por mes.

Este 2026 tiene, prácticamente, un finde largo por mes.

El turismo de cercanía

Desde el punto de vista de los destinos, este cambio también impacta en la dinámica local. Muchas localidades que no formaban parte del circuito turístico masivo comenzaron a recibir visitantes interesados en propuestas más tranquilas, con actividades al aire libre, ferias artesanales y oferta gastronómica regional. El turismo de cercanía favorece un consumo más diversificado y menos dependiente de picos estacionales extremos.

Otro elemento que impulsa esta tendencia es la búsqueda de experiencias más personalizadas. Frente a los destinos saturados, donde los servicios se encarecen y la masividad condiciona la experiencia, los viajeros priorizan lugares que permitan descansar sin grandes aglomeraciones y con mayor contacto con el entorno natural.

Especialistas en turismo sostienen que este modelo también favorece un vínculo más sostenible con los territorios, ya que reduce la presión sobre infraestructuras urbanas durante pocas semanas del año y promueve un flujo más constante de visitantes. Además, incentiva el desarrollo de emprendimientos locales de pequeña escala.

Desde el punto de vista social, el turismo de cercanía permite sostener el ritual de “irse de vacaciones”, aun cuando no sea posible viajar lejos o por muchos días. El descanso, en este esquema, se redefine como una pausa breve pero significativa, más accesible y compatible con las obligaciones cotidianas.

Así, el verano argentino muestra una postal menos uniforme: menos estadías largas concentradas en pocos destinos y más movimientos breves, repartidos y diversos. Una transformación silenciosa que modifica tanto la manera de vacacionar como la forma en que se piensa el turismo en el país.