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Verano y elección de paisaje: ¿playa o río? Votá tu preferida

Más allá del gusto personal, la psicología explica por qué algunas personas buscan la playa y otras prefieren la calma del río en verano.

Playa o río, votá que preferís al final de la nota.

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Con la llegada del verano, la pregunta se repite en conversaciones, grupos familiares y planes de vacaciones: ¿playa o río? Aunque a simple vista se trate de una preferencia recreativa, distintas corrientes de la psicología y la sociología del ocio señalan que el tipo de entorno elegido para descansar puede reflejar rasgos de personalidad, necesidades emocionales y formas particulares de vincularse con el entorno y con los demás.

La psicología ambiental, disciplina que estudia la relación entre las personas y los espacios que habitan o eligen, sostiene que los paisajes no son neutros: generan estímulos, activan emociones y favorecen determinados estados mentales. En ese sentido, la elección entre un entorno amplio y abierto como el mar, o uno más contenido y tranquilo como el río, puede asociarse con distintos modos de procesar el descanso.

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Quienes eligen la playa: expansión, estímulo y socialización

Las personas que prefieren la playa suelen sentirse atraídas por espacios amplios, luminosos y con alta presencia de estímulos sensoriales: sonido constante de las olas, brisa, movimiento, actividad social. Desde la psicología, este tipo de elección se vincula con perfiles que toleran mejor la estimulación externa y que encuentran energía en contextos dinámicos.

El entorno costero también favorece la interacción social: grupos numerosos, deportes, caminatas, ferias, bares, música. Para muchos, el descanso no está asociado al silencio, sino al cambio de escenario, al movimiento y al intercambio con otros. El mar, además, suele representar simbólicamente ideas de inmensidad, libertad y ruptura con la rutina, elementos que resultan atractivos para quienes buscan “desconectar” a través de la novedad y la intensidad.

Algunos estudios en psicología del turismo señalan que quienes eligen destinos más activos tienden a asociar el descanso con la experiencia, la exploración y la acumulación de vivencias, más que con la quietud. En estos casos, el cansancio mental no se combate con silencio, sino con cambio de ritmo y de estímulos.

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Quienes eligen el río: contención, calma y control del entorno

Del otro lado, quienes prefieren el río suelen valorar entornos más previsibles, menos ruidosos y con mayor sensación de control del espacio. El agua tranquila, las orillas cercanas, la sombra de los árboles y la posibilidad de alternar entre actividad y reposo configuran un escenario que favorece la relajación sostenida.

Desde el punto de vista psicológico, estos entornos suelen ser elegidos por personas que necesitan bajar el nivel de activación luego de períodos de alta exigencia laboral o emocional. El río ofrece una experiencia de descanso asociada a la permanencia: quedarse, leer, conversar, compartir comidas largas, sin la presión de “aprovechar cada minuto”.

También interviene la percepción de seguridad y familiaridad. Mientras que el mar puede resultar impredecible -oleaje, corrientes, multitudes-, el río ofrece una sensación de cercanía y manejo del espacio que reduce el estrés en personas más sensibles a la sobreestimulación.

No es blanco o negro: lo que realmente se busca es equilibrio

Los especialistas advierten que no se trata de categorías rígidas ni de diagnósticos de personalidad. La elección puede variar según el momento vital, el nivel de cansancio acumulado, la compañía o incluso las experiencias previas asociadas a cada paisaje.

Una misma persona puede buscar el mar en etapas de mayor energía social y el río cuando necesita bajar revoluciones. En ese sentido, más que hablar de “tipos de personas”, la psicología propone pensar en necesidades emocionales cambiantes: a veces se necesita expansión; otras, refugio.

Además, la elección del entorno de descanso también está atravesada por factores culturales, económicos y geográficos. En muchas regiones, el río es la opción más accesible, mientras que el mar implica traslados largos y planificación, lo que también influye en el modo en que se vive la experiencia.

En verano, ¿qué elegís?