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Gatos y verano: cómo cuidar y refrescar a las mascotas felinas frente al calor extremo

Con temperaturas que superan los promedios históricos en gran parte del país, el verano argentino se vuelve un desafío también para los gatos.

Aunque los gatos suelen tolerar mejor el calor que otros animales, el riesgo de deshidratación y golpe de calor obliga a extremar cuidados en los hogares.

Aunque los gatos suelen tolerar mejor el calor que otros animales, el riesgo de deshidratación y golpe de calor obliga a extremar cuidados en los hogares.

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El verano argentino se caracteriza por jornadas extensas, altas temperaturas y, en muchas regiones, elevados niveles de humedad. En este contexto, los gatos-animales conocidos por su independencia y su aparente resistencia- también pueden sufrir las consecuencias del calor extremo.

Veterinarios y especialistas en bienestar animal advierten que, si bien los felinos poseen una notable capacidad de adaptación, no están exentos de riesgos y requieren atención específica durante los meses más calurosos del año.

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Cómo se comportan los gatos con el calor

A diferencia de los perros, los gatos regulan su temperatura corporal principalmente a través del comportamiento. Buscan superficies frescas, reducen la actividad física y se hidratan con mayor frecuencia. Sin embargo, cuando el termómetro se mantiene alto durante varios días consecutivos, estas estrategias naturales pueden no ser suficientes. La deshidratación, el estrés térmico y, en casos graves, el golpe de calor, son cuadros que pueden presentarse incluso en animales jóvenes y aparentemente sanos.

Uno de los aspectos centrales del cuidado felino en verano es la hidratación. Muchos gatos no beben grandes cantidades de agua por iniciativa propia, por lo que se recomienda colocar varios recipientes en distintos puntos de la casa, lejos de la comida y en zonas frescas. El uso de fuentes de agua en movimiento suele incentivar el consumo, ya que los felinos prefieren el agua corriente. En días de calor intenso, también puede incorporarse alimento húmedo a la dieta, siempre respetando las indicaciones del veterinario.

El ambiente doméstico cumple un rol clave

Mantener persianas bajas durante las horas de mayor insolación, favorecer la ventilación cruzada y permitir el acceso a habitaciones más frescas ayuda a que el gato pueda autorregularse. Si el hogar cuenta con aire acondicionado o ventiladores, es importante evitar corrientes directas sobre el animal, pero permitirle permanecer en esos espacios. Superficies como cerámicos, bañeras o mesadas suelen convertirse en refugios naturales contra el calor.

Otra medida sencilla y efectiva es el refrescado corporal indirecto. Pasar suavemente un paño húmedo y fresco por la cabeza, el cuello y las patas puede aliviar la sensación térmica. No se recomienda mojar completamente al gato ni forzarlo a entrar en contacto con agua, ya que esto puede generarle estrés. En el caso de gatos de pelo largo, el cepillado frecuente ayuda a eliminar pelo muerto y mejora la ventilación de la piel.

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Señales de alerta

Reconocer las señales de alerta es fundamental. Jadeo persistente, letargo extremo, encías enrojecidas, vómitos o dificultad para moverse pueden indicar un golpe de calor, una urgencia veterinaria. Ante cualquiera de estos síntomas, se debe trasladar al animal a un lugar fresco y consultar de inmediato con un profesional.

Los gatos que viven en exteriores, balcones o terrazas requieren cuidados adicionales. Es indispensable garantizar sombra permanente, agua limpia y fresca, y evitar el acceso a superficies que acumulen calor, como chapas o cemento expuesto al sol. En edificios, se recomienda reforzar las medidas de seguridad en ventanas y balcones, ya que el calor puede aumentar la inquietud y el riesgo de caídas.