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Reserva Natural Villavicencio: 26 años protegiendo uno de los territorios más valiosos de Mendoza

La Reserva Natural Villavicencio cumple 26 años como Área Natural Protegida. Biodiversidad, investigación científica, agua, patrimonio y turismo se cruzan en un territorio donde la conservación también se construye junto a la comunidad.


Hay lugares de Mendoza cuyo valor no se explica solamente por el paisaje. Detrás de las montañas, los senderos y la histórica imagen del Hotel Villavicencio existe un territorio de más de 60.000 hectáreas donde conviven tres ecorregiones, especies de alto valor para la conservación, humedales altoandinos, investigaciones científicas y uno de los recursos más importantes de la provincia: el agua.

La Reserva Natural Villavicencio cumple 26 años desde su declaración como Área Natural Protegida provincial. De carácter privado, conserva ambientes de monte, cardonal y puna y, con el paso del tiempo, se transformó además en un espacio de investigación, educación ambiental y vinculación con universidades, organismos científicos y comunidades de su entorno.

Para Silvina Giudici, responsable de la Reserva Natural Villavicencio y de la Fundación Villavicencio, esa condición de área protegida resulta central para comprender su importancia.

“Ser un área natural protegida hoy es garantizar la conservación del territorio. Por lo tanto, la Reserva Natural Villavicencio, como área natural protegida de carácter privado, tiene una función importantísima en lo que es la conservación de la biodiversidad y el patrimonio histórico y cultural”, explica.

Silvina Giudici, responsable de la Reserva Natural Villavicencio.

Tres ecorregiones y un ambiente único en Mendoza

Uno de los rasgos particulares de Villavicencio es la convivencia de tres ecorregiones diferentes. Entre ellas, Giudici destaca especialmente la Puna presente en la zona de Paramillos. “Hoy cuidamos tres ecorregiones: monte, cardonal y, sobre todo, la Puna, una Puna que es el último relicto de Puna de la Argentina que cae en toda la zona de Paramillos y que es claramente un lugar que necesita una mirada de conservación estricta”, señala.

Allí también se desarrolla uno de los procesos que la responsable de la Reserva observa con mayor atención: la recuperación de las relaciones naturales entre distintas especies luego de años de presión humana.

Entre la fauna que puede encontrarse en el área menciona al gato andino, el chinchillón, el choique, el puma, el guanaco, el cóndor y el águila mora. Algunas funcionan como especies “paraguas”: su presencia y evolución permiten obtener información sobre el estado general del ecosistema.

“La presencia del gato andino y estas especies nos muestran cómo está funcionando y cómo se relaciona la biodiversidad en el espacio”, explica Giudici.

A esa biodiversidad se suma la importancia hídrica del territorio. Los ambientes de montaña y los humedales donde nace el agua mineral Villavicencio intervienen en procesos de regulación hídrica y recarga de acuíferos. En 2017, esos humedales fueron incorporados a la Lista de Humedales de Importancia Internacional de la Convención Ramsar.

“La reserva es un laboratorio a cielo abierto”

A lo largo de más de dos décadas, la conservación fue sumando otro componente: la generación de conocimiento. Villavicencio trabaja con instituciones académicas y científicas y recibe investigaciones sobre sus ecosistemas y especies. Desde 2025, además, integra la Red GLORIA-Andes, una iniciativa dedicada al estudio de los efectos del cambio climático sobre la biodiversidad de montaña.

Giudici define el lugar de una manera contundente: “Esta reserva es un laboratorio a cielo abierto”. Y sostiene que el modelo de gestión no puede pensarse de manera aislada.

“Después de 26 años de Reserva Natural Villavicencio, no nos entendemos de otra manera que no sea a través del Objetivo de Desarrollo Sostenible 17 (ODS 17). No somos una isla, no queremos estar estancos. Necesitamos tener una relación constante con la academia a través de la Universidad Nacional de Cuyo, la Universidad de Congreso, la Universidad Aconcagua; tener una relación cercana con CONICET, con la investigación”.

Ese vínculo alcanza también a los puesteros, Uspallata, Las Heras y las comunidades cercanas. A esto se suma un trabajo sostenido de educación ambiental que, según explica, se desarrolla desde hace más de 20 años.

Turismo, pero con otra lógica

La apertura al visitante forma parte de esa misma concepción. Durante la primavera, la Reserva abre de miércoles a domingo, de 10 a 18, y permite combinar naturaleza, historia, gastronomía y actividades recreativas. Es posible recorrer la Ruta Provincial 52 hacia Uspallata, observar fauna y conocer sitios vinculados al patrimonio histórico mendocino, como el Monumento de Canota y el antiguo camino que comunicaba ambos lados de la cordillera.

En el sector del Hotel Villavicencio se ofrecen senderos, propuestas gastronómicas y actividades como tirolesa y arborismo, mientras que en Vaquerías los visitantes pueden llevar su propio picnic y realizar senderos interpretativos.

El tránsito por la Ruta 52 a través de la Reserva es gratuito. El ingreso pago corresponde al complejo del Hotel Villavicencio y sus servicios.

Con más de 60.000 hectáreas, la Reserva Natural Villavicencio protege ambientes de monte, cardonal y puna, además de humedales altoandinos y una amplia diversidad de flora y fauna.

“Cada peso que nuestros visitantes gastan en este lugar contribuye a la conservación de la reserva”, asegura Giudici y agrega: “La mirada que nosotros tenemos en Villavicencio es un turismo regenerativo”. El desafío, agrega, es que la presencia humana sea compatible con el cuidado del ambiente.

Conocer el territorio para poder conservarlo

Entre los resultados que destaca la gestión aparecen algunos que pueden observarse directamente desde la ruta. “Llevamos ya 19 años sin incendios forestales. Hemos logrado bajar a mínimo la basura en ruta”, afirma Giudici.

Lo relaciona con el trabajo cotidiano del equipo de guardaparques y con una política destinada a reducir el impacto humano sobre el área. “No hay basura, no hay incendios, no hay fuego

y eso hace que hoy podamos disfrutar de una reserva en mejor estado”, describe.

Después de 26 años, Villavicencio busca mostrar que conservación y disfrute no necesariamente son conceptos opuestos. “La conservación en tierras privadas es posible, que el disfrute sin dañar la naturaleza también es posible”, resume Giudici.

En un territorio sometido a nuevas presiones y con ecosistemas especialmente frágiles, el desafío hacia adelante será sostener ese equilibrio. Para la Reserva, la respuesta parece estar en la misma red que fue construyendo durante más de dos décadas: guardaparques, investigadores, universidades, puesteros, organismos públicos, comunidades y visitantes vinculados por un objetivo común: conocer un territorio para poder conservarlo.