Por qué dejamos de tomar vino: el sommelier que analizó la caída del consumo mundial
En una charla exclusiva, el reconocido experto Jerónimo Tellarini explica por qué la caída en el volumen no es necesariamente una derrota.
Una charla profunda sobre la crisis y las oportunidades del sector vitivinícola.
PrensaJerónimo Tellarini es, para muchos, el sommelier de Uruguay más conocido. Argentino de nacimiento y uruguayo por adopción, su reciente visita a los estudios de MDZ Radio no fue solo un encuentro para conocer sobre la profesión, sino una oportunidad para analizar la sacudida que atraviesa la industria vitivinícola. Con la autoridad de quien obtuvo el sexto puesto como mejor sommelier de las Américas, Tellarini abordó el tema que quita el sueño a los productores de nuestro amado vino: la caída estructural del consumo. “Hay una generación que no está consumiendo alcohol, y no es solo por salud, es porque no tienen plata; hoy los pibes a los 25 o 30 años siguen viviendo con los padres”, disparó con la franqueza que lo caracteriza.
La difícil situación del consumo de vino a nivel global
Para el experto, el mercado está viviendo una transición histórica hacia lo que él denomina la "muerte del varietal" frente al nacimiento del origen. Ya no se trata de buscar un Malbec o un Cabernet porque sí, sino de entender qué hay detrás de la etiqueta y la identidad del terruño. “Se está empezando a hablar del origen, del sense of place. Hoy lo que importa es si el vino viene de Gualtallary o de San Pablo”, explicó Tellarini. Según su análisis, los vinos de calidad son aquellos que logran transmitir una sensación de pertenencia, desplazando la obsesión por la cepa única hacia una comprensión más profunda del suelo mendocino.
Pese a las cifras alarmantes de caída en ventas globales, Jerónimo ve una luz de esperanza en la sofisticación del paladar actual. “Una parte de la caída de la cantidad no significa una caída de la calidad; mucha gente está decidiendo quizás tomar menos cantidad, pero más calidad”, reflexionó durante la entrevista en MDZ Club. Esta tendencia obliga a la industria a replantearse cómo ganar mercados y cómo comunicar el valor de una botella más allá de los adornos comerciales. Para el reconocido sommelier, el vino sigue siendo el nexo indiscutido entre el productor y el consumidor, un vínculo que no se romperá, pero que está mutando hacia una experiencia más consciente y menos masiva.
Escuchá la entrevista completa con Jerónimo Tellarini en MDZ Radio:
Tellarini también puso el foco en la desigualdad de condiciones que enfrenta el sector frente a otras bebidas alcohólicas. Mientras que el vino es una industria mayoritariamente familiar, debe competir contra estructuras corporativas globales inmensas. “Si no me equivoco, el 90% de la cerveza que se vende en el mundo pertenece a cinco empresas”, advirtió para ilustrar la dificultad de posicionamiento. Además, señaló factores culturales locales que impactan directamente: “La gente ya no almuerza en su casa, pasa de largo durante gran parte del día y se perdió la sobremesa”.
El sommelier como un importante motor comercial
En este contexto de retracción, el rol del sommelier se vuelve estratégico para sostener la rentabilidad de los emprendimientos. Lejos de ser solo un experto en protocolo, Tellarini lo define como un educador y un nexo necesario para que las bodegas vendan productos que no son los "clásicos" masivos. “El sommelier genera más ventas, no porque venda más caro, sino porque te entusiasma más y te ayuda a fidelizar al comensal”, señaló. En un restaurante, su presencia eleva la experiencia, transformando una cena común en un viaje sensorial que justifica el valor de lo que se sirve y permite descubrir joyas ocultas de productores pequeños.
Finalmente, el sommelier subrayó que, aunque los cambios culturales son inevitables —como una mayor conciencia sobre el consumo responsable y el "no manejar en pedo"—, el vino tiene una permanencia milenaria asegurada. “Tomamos vino hace miles de años y vamos a seguir tomando vino por miles de años más”, sentenció con optimismo. La clave, según Tellarini, reside en volver a las bases, quitarle la solemnidad excesiva al ritual y recordar que un vino rico es, ante todo, el mejor compañero para la mesa y la charla franca entre amigos.



