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Los árboles con los que quieren cambiar el planeta

Árboles, vegetación y corredores naturales avanzan sobre zonas áridas para frenar la desertificación, recuperar ecosistemas y proteger comunidades.


En África y China se realizan dos grandes proyectos ambientales que convierten árboles, vegetación y paisajes restaurados en enormes corredores de naturaleza. Se busca frenar la desertificación, recuperar suelos, proteger cultivos, conservar la biodiversidad y conectar ecosistemas para mostrar un paisaje no como decoración, sino como infraestructura capaz de modificar territorios enteros, incluso zonas de desierto.

Desde 1978 China desarrolla su gran programa forestal contra la desertificación. Dunhuang (imagen).

Una barrera contra el desierto

La Gran Muralla Verde africana, impulsada desde 2007, busca restaurar 100 millones de hectáreas, capturar 250 millones de toneladas de carbono y generar 10 millones de empleos verdes para 2030. El proyecto atraviesa el Sahel y evolucionó desde una simple línea de árboles hacia una estrategia de recuperación de paisajes completos.

Mapa base de la "muralla verde" en la zona de Sahel, África.

Cuando vuelve la vida

Los resultados ya aparecen en distintas zonas. Según el Banco Africano de Desarrollo, proyectos vinculados con la restauración del Sahel recuperaron más de 20 millones de hectáreas y generaron más de 350.000 empleos. En algunas regiones también regresaron vegetación, humedad del suelo y cultivos gracias a la combinación de técnicas tradicionales y restauración ambiental.

Más que árboles: los proyectos combinan vegetación, agua, suelo, agricultura y biodiversidad. Vista aérea de la zona que rodea Anefis y Kidal, en el norte de Malí.

Un modelo que también mira China

En China, el programa Three-North Shelterbelt, iniciado en 1978, combate la desertificación y la erosión en el norte, noreste y noroeste del país. Está previsto que continúe hasta 2050, cubriendo unos 4 millones de km² en 13 regiones provinciales. El objetivo es crear barreras vegetales capaces de reducir el avance de los desiertos y las tormentas de arena.

Desierto de Gobi en la provincia de Gansu, China.

La transformación más interesante está en la escala. Estos proyectos ya no buscan solamente plantar árboles: incorporan estabilización de dunas, recuperación de suelos, manejo del agua y conexión entre hábitats. Así, el paisaje comienza a funcionar como una infraestructura natural que protege agricultura, biodiversidad y poblaciones.

La Gran Muralla Verde de China es el proyecto de reforestación y restauración ecológica más grande del mundo. Lanzado por el gobierno chino en 1978 y programado para completarse en 2050, este plan de 72 años tiene como objetivo frenar la expansión del desierto de Gobi.

El concepto también cambia la manera de entender una “muralla”. No se trata de una frontera rígida contra el desierto, sino de una red viva que permite recuperar territorios degradados. La gran pregunta es si estos corredores podrán mantenerse durante décadas y convertirse en modelos exportables para otras regiones amenazadas por sequías, calor y pérdida de biodiversidad.

El concepto del paisaje como infraestructura natural es la base de las "Grandes Murallas Verdes" impulsadas por África y China para mitigar el cambio climático. Esta estrategia compartida transforma terrenos degradados en barreras ecológicas activas que protegen la producción de alimentos, resguardan ecosistemas locales y salvan los medios de subsistencia de millones de personas.

Más que árboles: los proyectos combinan vegetación, agua, suelo, agricultura y biodiversidad.

FUENTE: archdaily.com