Lo que casi nadie sabe sobre el vitiligo: los mitos que todavía generan miedo y discriminación
No es contagioso ni aparece por falta de higiene. Especialistas explican qué es el vitiligo y por qué aún persisten tantos prejuicios.
Cada 25 de junio se conmemora el Día Mundial del Vitiligo. Foto: Freepik.
Una persona con manchas blancas en la piel todavía puede despertar miradas, preguntas e incluso comentarios cargados de desinformación. A pesar de los avances médicos y de la mayor visibilidad que ha ganado esta condición en los últimos años, el vitiligo continúa siendo una de las enfermedades dermatológicas sobre las que más mitos circulan.
Cada 25 de junio se conmemora el Día Mundial del Vitiligo, una fecha que busca generar conciencia sobre una enfermedad crónica que afecta a millones de personas en todo el mundo y que, aunque modifica el color de la piel, no representa un riesgo de contagio ni limita las capacidades de quien la padece.
¿Qué es el vitiligo?
El vitiligo es una enfermedad en la que el organismo pierde melanocitos, las células encargadas de producir melanina, el pigmento que da color a la piel, el cabello y parte de los ojos. Como consecuencia, comienzan a aparecer manchas blancas de distintos tamaños que pueden localizarse en cualquier parte del cuerpo.
Los especialistas explican que su origen aún no se conoce por completo, aunque las investigaciones indican que intervienen factores genéticos, alteraciones del sistema inmunológico y ciertos desencadenantes ambientales. La enfermedad puede manifestarse a cualquier edad, aunque suele aparecer antes de los 30 años y afecta por igual a hombres y mujeres.
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Los mitos que todavía persisten
Uno de los principales problemas que enfrentan las personas con vitiligo no está relacionado únicamente con la enfermedad, sino con la mirada social. Todavía hay quienes creen, erróneamente, que puede contagiarse mediante el contacto físico, que aparece por falta de higiene o que representa algún tipo de peligro para quienes rodean al paciente.
Los dermatólogos insisten en que ninguna de esas afirmaciones tiene respaldo científico. La información incorrecta suele derivar en situaciones de discriminación, aislamiento o vergüenza, especialmente cuando las lesiones aparecen en zonas visibles como el rostro o las manos.
El impacto emocional también forma parte del tratamiento
Además de los cambios que produce sobre la piel, el vitiligo puede afectar la autoestima y el bienestar emocional.
"La enfermedad muchas veces genera ansiedad, inseguridad o dificultades en la vida social debido a la exposición de las manchas", explica la doctora María Alejandra Sofoulis, dermatóloga del CMC Tucumán de Boreal Salud (MP 4283).
Por ese motivo, los especialistas consideran que el tratamiento debe contemplar no solo el aspecto dermatológico, sino también el acompañamiento psicológico cuando resulte necesario.
El diagnóstico temprano puede marcar la diferencia
Si bien actualmente no existe una cura definitiva, un diagnóstico precoz permite evaluar diferentes alternativas terapéuticas destinadas a controlar la progresión de la enfermedad y, en algunos casos, favorecer la repigmentación de la piel.
Desde Boreal Salud destacan que el seguimiento médico individualizado resulta fundamental para definir la estrategia más adecuada en cada paciente y mejorar su calidad de vida.
Cómo cuidar la piel cuando se tiene vitiligo
Las zonas que han perdido pigmentación presentan una menor protección natural frente a la radiación ultravioleta. Por ese motivo, los dermatólogos recomiendan utilizar protector solar todos los días del año, incluso durante el invierno, además de evitar la exposición prolongada al sol en los horarios de mayor intensidad.
Estas medidas ayudan a prevenir quemaduras y reducen el riesgo de lesiones cutáneas.
Una enfermedad que necesita menos prejuicios y más información
Los especialistas coinciden en que el mayor desafío sigue siendo derribar los mitos que aún rodean al vitiligo. Comprender que no es una enfermedad contagiosa, que no depende de hábitos de higiene y que no limita la vida de quienes la padecen constituye un paso esencial para construir una sociedad más inclusiva. Porque, muchas veces, las marcas más difíciles de tratar no son las que aparecen sobre la piel, sino las que dejan el desconocimiento y la discriminación.