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La Vendimia que sedujo a los medios y al poder

Un Acto Central monumental, nuevas audiencias y una puesta inédita marcaron uno de los hitos vendimiales. Todo sobre “La vid, la vida y el vino”.

La vid, la vida y el vino: la noche en que Mendoza se contó distinta.

"La vid, la vida y el vino": la noche en que Mendoza se contó distinta.

La Vendimia de aquel 12 de marzo quedó inscripta como una de esas ediciones que se estudian. Se trató del momento en que el espectáculo vendimial terminó de asumir su dimensión cultural y simbólica. Con Adolfo Ueltschi presidiendo su primera Vendimia como gobernador, la celebración sorprendió por su creatividad y ambición, impulsado por un nombre que ya era sinónimo de innovación en la provincia: Abelardo Vázquez.

El foco ya no estaba únicamente en la cosecha, sino en la construcción de un relato integral que unía fe, espectáculo, industria y medios, anticipando una Vendimia cada vez más compleja y consciente de su impacto. La antesala de esa Vendimia tuvo lugar el 11 de marzo, durante la tradicional Bendición de los Frutos, que ese año adquirió una profundidad inédita.

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Boceto del escenario. El director redefinió la fiesta una puesta que anticipó la Vendimia moderna.

Boceto del escenario. El director redefinió la fiesta una puesta que anticipó la Vendimia moderna.

Abelardo Vázquez escribió y dirigió un auto sacramental que recreó escenas del Viejo y del Nuevo Testamento, integrando lo religioso al lenguaje escénico con una puesta que buscó conmover y hacer reflexionar. La ceremonia dejó de ser un acto protocolar para convertirse en una experiencia narrativa, donde la fe, el simbolismo y la identidad local se combinaron en un mismo plano. Fue una señal clara de que la Vendimia empezaba a hablar con un lenguaje más elaborado, capaz de combinar tradición y dramaturgia.

La noche continuó en el Club Andes Talleres, donde el clásico Baile de las Reinas funcionó como una especie de termómetro social para una fiesta que crecía en escala y visibilidad. Allí sonaron la Orquesta Típica de Aníbal Appiolaza, las bandas de jazz Los 7 Muchachos y Nico Marino, mientras la conducción quedó en manos de dos voces fuertes de la radio mendocina: Tito Pagés y Julio Rafael Rojo.

El clima fue el de una Mendoza que se miraba a sí misma con orgullo, consciente de que la Vendimia ya no era solo un evento cultural, sino también un espacio donde la banca, la industria y el comercio buscaban presencia, prestigio y pertenencia. Las reinas, en ese contexto, comenzaron a recibir obsequios y atenciones que hablaban de una fiesta cada vez más atravesada por lo social y lo económico.

Vendimia 1960 (1)
Las reinas comenzaron a recibir obsequios y atenciones.

Las reinas comenzaron a recibir obsequios y atenciones.

El Acto Central terminó de confirmar ese salto cualitativo; en el Anfiteatro semipermanente del Autódromo San Martín se montó un escenario de dimensiones inéditas para la época. El espectáculo, titulado “La vid, la vida y el vino”, fue dirigido por Abelardo Vázquez y se basó en el libro "En Mendoza hay una parra" de Alberto Rodríguez y Manuel Pérez Sanda. Por primera vez, la organización debió habilitar un espacio preferencial para la prensa gráfica y para las radios que transmitían en directo, marcando un punto de inflexión en la relación entre Vendimia y medios. La fiesta ya no se pensaba solo para quienes estaban presentes, sino también para quienes la seguían a distancia.

Ese año, además, la Vendimia cruzó definitivamente las fronteras provinciales en términos mediáticos. Llegaron periodistas desde Buenos Aires, entre ellos la reconocida locutora y modelo Raquel “Pinky” Satragno, quien filmó un especial sobre la fiesta que luego se difundió por Canal 7 de Buenos Aires. La presencia de Pinky simbolizó la entrada de la Vendimia en el circuito nacional de la televisión y la consolidación de su imagen como espectáculo de interés federal. En ese marco, fue coronada Reina de la Vendimia Adelina Tello, representante de Guaymallén, mientras que la Virreina fue Siegrid Roschewitz, de Luján de Cuyo.

Vendimia 1960 (2)
Adelina Tello.

Adelina Tello.

Sin embargo, la elección no estuvo exenta de controversias. Adelina I recibió los atributos del reinado de la soberana de 1958, Nilda Eraso, debido a que no se reconocía oficialmente como Reina de la Vendimia a Clementina Herrera, consagrada Reina del Vino en 1959. La decisión generó fuertes críticas, principalmente desde la prensa, y dejó al descubierto tensiones internas sobre los criterios de legitimidad dentro de la fiesta. Con el tiempo, las autoridades revisaron esta postura y finalmente reconocieron a ambas como soberanas vendimiales, cerrando una de las polémicas más recordadas de la historia de la Vendimia.