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La música del Acto Central de Vendimia: la mejor en los últimos 18 años

La dirección musical de Paíto Figueroa elevó el sonido del Acto Central con una de las propuestas más potentes desde 2008.


En una edición especial marcada por los 90 años de la Fiesta Nacional de la Vendimia, el espectáculo “90 cosechas de una misma cepa” dejó varios momentos memorables. Entre ellos, uno de los aspectos más celebrados fue la música en vivo, que volvió a consolidarse como uno de los pilares del Acto Central y alcanzó uno de sus niveles más altos desde que esta modalidad se incorporó en 2008.

Bajo la dirección musical de Paíto Figueroa, la banda logró un sonido potente, dinámico y profundamente ligado a la identidad cultural mendocina. La puesta musical no solo acompañó la narrativa escénica del espectáculo, sino que también aportó intensidad, emoción y momentos de gran virtuosismo instrumental.

Desde su incorporación hace 18 años, la música en vivo se convirtió en uno de los elementos más valorados de la Vendimia. Sin embargo, en esta edición aniversario, el despliegue musical alcanzó un nivel que muchos espectadores y especialistas coincidieron en señalar como uno de los mejores de los últimos años.

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Una fila de percusión histórica

Uno de los aspectos más destacados fue la fila de baterías y percusión, que presentó una novedad inédita en el espectáculo: por primera vez estuvo integrada por seis músicos, ampliando el impacto sonoro del conjunto.

La sección estuvo liderada por Pablo Quiroga y lo acompañaron Gonzalo Gorordo, Yair Cáceres, Charly Pereira, Andrés Fernández e Iván Cáceres, conformando un grupo de gran precisión y energía que marcó el pulso de buena parte del espectáculo.

Incluso hubo momentos en los que la sección sumó un integrante más: el propio Paíto Figueroa, quien se incorporó en dos canciones, llevando la formación a siete músicos sobre el escenario.

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La potencia de esta sección quedó particularmente evidenciada en las cuatro canciones interpretadas con doble batería, una decisión musical que aportó fuerza rítmica y dramatismo a varios pasajes del espectáculo.

Entre esas piezas se destacaron Canto a Mendoza, el Malambo Sanmartiniano, la emotiva versión de El olvido y el cierre con Malambo Orifinal - titula de esa manera porque es original y fue la canción final-, una composición que selló el espectáculo con un despliegue rítmico imponente.

Momentos musicales que marcaron la noche

Más allá del trabajo colectivo, el espectáculo también dejó momentos individuales memorables. Uno de ellos fue el aporte de Iván Cáceres, quien sorprendió al público al incorporar beat box en vivo dentro de una de las canciones, sumando una textura sonora inesperada que dialogó con la tradición y la modernidad del espectáculo.

Otro de los momentos destacados fue el solo de timbales de Paíto Figueroa durante la interpretación de Somos el fruto, una intervención de gran intensidad que generó uno de los picos musicales de la noche.

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La versatilidad del director musical también fue uno de los aspectos más llamativos del espectáculo. Figueroa no solo condujo la propuesta desde la dirección, sino que además se sumó activamente a la escena interpretando guitarrón, guitarra de nylon, charango y piano, además de participar vocalmente en distintas canciones.

Incluso asumió la voz principal en una de las interpretaciones, además de realizar coros en varios pasajes del espectáculo, demostrando un rol artístico integral dentro de la propuesta musical.

Una interpretación inolvidable

Entre los momentos vocales más destacados también brilló Gonzalo Gorordo, quien interpretó una de las versiones más emotivas de Zamba de mi Esperanza que se recuerden en el teatro griego Frank Romero Day.

El músico también fue protagonista en la interpretación del tango original "Y por qué", aportando una impronta interpretativa que reforzó el clima emocional del espectáculo.

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La propuesta musical también encontró momentos de gran emotividad en las voces solistas. Anabel Molina tuvo intervenciones destacadas en Remolinos, Zamba Azul, Canto a Mendoza —interpretada junto a Paíto Figueroa— y Virgen de la Carrodilla, aportando sensibilidad y fuerza interpretativa al repertorio. A su vez, Andrés Iacopini sumó su impronta con la interpretación de Cueca de mi niña.

La noche también reservó un espacio para la memoria musical cuyana con un breve homenaje al legado compositivo y coral de Jorge Sosa y Damián Sánchez, dos figuras fundamentales de la canción mendocina. El tributo estuvo a cargo de un coro de 13 integrantes dirigido por Punchi Sánchez Argüello, que interpretó Trabajos de la Viña y Tonada de Otoño, generando uno de los momentos más emotivos del espectáculo.

Un nuevo estándar para la música vendimial

A 18 años de la incorporación de la música en vivo en la Vendimia, la edición 2026 dejó una marca clara. La dirección de Paíto Figueroa, el virtuosismo de los músicos y la apuesta por nuevos recursos sonoros consolidaron una propuesta musical que logró combinar tradición, innovación y potencia escénica.

En una fiesta que celebra nueve décadas de historia, la música volvió a demostrar que no es solo un acompañamiento del espectáculo: es una de las grandes protagonistas de la Vendimia. Y en esta edición aniversario, quedó claro que el sonido del Frank Romero Day atraviesa uno de sus mejores momentos desde que la música en vivo llegó para quedarse.