La cruz negra, un misterioso santuario en Tupungato que guarda un secreto
Esta arraigada leyenda de Tupungato custodia un santuario marcado por el misterio, la devoción de los viajeros y un pacto inquebrantable con los creyentes.
El paraje místico recibe diariamente a cientos de fieles en el Valle de Uco.
Foto: captura de video YouTube / Enamorate de la rutaEl místico santuario de La Cruz Negra en Tupungato despierta una profunda devoción en la Ruta 40. Este rincón del Valle de Uco resguarda un gran secreto y una leyenda urbana muy arraigada entre los creyentes mendocinos y los miles de turistas que lo visitan año a año buscando milagros en un entorno pacífico.
El trágico origen de un mito cuyano
En Tupungato cuentan la historia que se remonta al año 1864, cuando Eugenio Bustos envió a su fiel empleado, Raymundo Palleres, a cobrar un dinero a Chile. Tras realizar el viaje a caballo acompañado de mulas, Palleres emprendió el regreso por la antigua Pampa del Sebo. Al percibir que un grupo de cuatreros lo perseguía en medio de la soledad del camino, el inteligente peón resguardó las riquezas en las alforjas de una mula y la espantó para que regresara sola a la estancia. Los criminales chilenos lo emboscaron y lo asesinaron brutalmente en el lugar, pero el dinero llegó a salvo a manos de su dueño.
Al descubrir el cadáver de su administrador —cuyo cuerpo, según relata el mito local, permanecía incorrupto—, Eugenio Bustos decidió enterrarlo a la vera del camino que tanto recorría. Sobre su lecho de muerte se colocó una enorme cruz oscura que dio nombre al paraje. Con el tiempo, los viajantes comenzaron a interpretar que el alma pura del peón asesinado custodiaba a quienes transitaban la zona, protegiéndolos de accidentes viales o asaltos, transformando una tumba solitaria en un hito de la cultura cuyana.
Ofrendas, promesas y un pacto
La devoción popular en torno a este rincón místico exige un compromiso supremo por parte de sus fieles. Según los creyentes mendocinos y los viajeros, el alma milagrosa es sumamente fiel ante las peticiones de salud, protección o trabajo, pero demanda que las promesas se cumplan con absoluta rigurosidad; de lo contrario, la misma entidad se cobrará el favor incumplido. Este pacto inquebrantable se materializa en la impactante acumulación de objetos personales cargados de dolor y esperanza que colman el predio. Al recorrer el altar y sus alrededores, se puede encontrar un sinfín de testimonios tangibles de fe: desde patentes, chapas de autos, estampitas, rosarios y fotos, hasta muletas, yesos, carros de bebés, bicicletas, peluches, camisetas de fútbol y trofeos deportivos. Incluso, como prueba de agradecimientos mayores, en el lugar descansan desde humildes botellas de agua y cigarrillos
Un refugio de fe abierto las 24 horas
A diferencia de las iglesias tradicionales o las basílicas con horarios eclesiásticos rígidos, este espacio de peregrinación destaca por su accesibilidad total, ya que permanece abierto las 24 horas, los siete días de la semana. Los visitantes y camioneros describen el entorno como un oasis de paz, silencio y serenidad absoluta, ideal para la reflexión personal. Pese a la masividad y la constante afluencia de público, el predio resalta por su excelente estado de limpieza, mantenimiento y la higiene de sus sencillos sanitarios.
El complejo no solo funciona como un centro espiritual, sino también como un espacio de encuentro social y descanso para los viajeros. Las instalaciones cuentan con quinchos y zonas arboladas que brindan sombra, donde las familias se reúnen a tomar mates, compartir un asado y distenderse de la ruta. El santuario exige un respeto supremo: los devotos aseguran que el alma del difunto cumple con efectividad las peticiones, pero demanda que las promesas se cumplan al pie de la letra, ya que de lo contrario, el favor "se cobrará".