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Fue modelo de Playboy, vivió 20 años en Miami y regresó a Mendoza para cumplir un sueño en la montaña

Vanesa Adriazola cambió Miami por un proyecto turístico en Potrerillos. Su historia profesional atravesó el modelaje, la actuación, el teatro y la música.


En 2021, Vanesa Adriazola y su marido buscaban una cabaña en Vermont, Estados Unidos. Querían comprarla, remodelarla con sus propias manos y convertirla en un refugio familiar. Pero una búsqueda en internet cambió el destino de aquella inversión y terminó devolviendo a la mendocina a la provincia que había dejado dos décadas atrás.

Mientras exploraba alternativas diferentes, Adriazola descubrió los domos geodésicos. Entonces apareció una pregunta inesperada: “¿Y si los ponemos en Mendoza?”. La idea inicial de una cabaña estadounidense se transformó en Zoen Camps, un complejo turístico ubicado en la costa norte del lago Potrerillos, a unos 2.000 metros de altura.

El nombre combina los de sus hijos, Zoe y Enzo. El lugar comenzó a funcionar a fines de 2025, pero su historia había comenzado cuatro años antes, a miles de kilómetros de la montaña mendocina.

Vanesa junto a su marido Julio Ocampo.

De una fotografía casual a Miami

La primera gran transformación de Adriazola ocurrió en 2001, cuando vio por televisión una convocatoria para elegir a la representante argentina de Miss Playboy TV Latinoamérica. No tenía experiencia como modelo. Envió una fotografía tomada durante unas vacaciones y fue seleccionada.

La exposición abrió una etapa profesional que después continuaría fuera del país. Instalada en Miami, desarrolló una carrera como modelo, actriz y conductora. Participó en telenovelas y series y trabajó en cadenas como Univision.

En ese momento adoptó el nombre artístico Vanesa Zolari. Según explicó, le habían recomendado modificar su apellido para desligar su imagen de Playboy y acceder a otros personajes y producciones. Miami también le permitió conocer más de 44 países. Los viajes, las experiencias y los espacios que descubrió durante esos años reaparecerían mucho después en su proyecto mendocino.

El cerro que imaginó transformado

Encontrar el lugar adecuado desde Estados Unidos no fue sencillo. Finalmente apareció un terreno en un cerro sin camino ni superficie nivelada. El propietario le advirtió sobre las dificultades, pero la vista fue suficiente para convencerla. “Cuando lo vi dije: ‘Este es’. La vista era maravillosa. No me importaba cómo; había que hacer movimiento de suelo y construir el camino”, relató.

Antes de comenzar, hicieron volar un dron para estudiar las posibilidades del terreno. Hoy, Adriazola repite ese vuelo y compara las imágenes con aquel cerro vacío. “Me emociona haberlo visto primero en mi mente y ahora verlo. No puedo creer lo que pudimos lograr”.

Construir a distancia, trasladar materiales hasta los 2.000 metros y conseguir trabajadores dispuestos a llegar a una zona aislada convirtió el proceso en una sucesión de obstáculos. Esa dificultad también terminó definiendo el carácter del lugar: alejarse del movimiento urbano y quedar inmerso en el silencio de la montaña.

Zoen Camps, un exclusivo complejo turístico en la costa norte del lago Potrerillos.

La decisión de dejar Miami

Durante la construcción, Adriazola ya había dejado la televisión y trabajaba como profesora de pilates. Llevaba cinco años dando clases, pero su atención estaba cada vez más lejos de Miami. “Daba clases pensando en los domos y en Mendoza. Ya no estaba cien por ciento involucrada con mis clientes. Un día me levanté y dije: ‘Hasta acá llegué, me voy’”, contó.

Entonces le propuso a su marido, el colombiano Julio Ocampo, mudarse definitivamente. El emprendimiento necesitaba que estuvieran presentes y querían que sus hijos crecieran con un contacto mayor con la naturaleza. El regreso también implicó adaptarse a un ritmo completamente distinto. Después de dos décadas en el exterior, una de las mayores dificultades fue recuperar los tiempos mendocinos.

“Miami es muy rápido, allá el tiempo es plata. Acá todo tiene otro ritmo. La que está aceleradísima soy yo”, reconoció. Sus hijos, en cambio, se adaptaron con mayor facilidad y actualmente estudian mediante educación en casa.

Un proyecto sustentable frente al lago

Zoen Camps funciona con energía solar, agua de vertiente y biodigestores para el tratamiento de efluentes. Además, sus responsables desarrollan acciones de preservación y reforestación del entorno. Los domos fueron pensados para combinar comodidades hoteleras con la experiencia de permanecer dentro del paisaje. Poseen baño y piscina climatizada privados y vistas hacia el lago Potrerillos y el Cordón del Plata. La propuesta se completa con gastronomía y actividades al aire libre.

Adriazola también trasladó al lugar otras facetas de su vida artística. En Miami comenzó a estudiar música y encontró en la consola de DJ una forma de detener el ritmo cotidiano. Ahora prepara sets con sonidos orgánicos para algunos encuentros en la montaña. “No me visualizo tocando en grandes eventos. Lo hago para agregar otro aspecto sensorial a la experiencia: los sonidos, el paisaje y la música”, explicó.

Volver cuando parecía una locura

La inversión llegó en un contexto complejo para el turismo argentino. Sin embargo, Adriazola sostiene que esperar condiciones perfectas habría significado no comenzar nunca. “Argentina tiene sus subidas y sus bajadas. Si uno se guía solamente porque las cosas van mal, no las hace nunca. Hay que creer, ser constante y también flexibilizarse”, afirmó.

Su historia profesional atravesó el modelaje, la actuación, la conducción, el pilates, el teatro y la música. Ella define esos cambios como distintas vidas conectadas por una misma búsqueda creativa. “Tuve muchas reencarnaciones y me encanta. Es decir: acá di todo de mí, ya no lo estoy disfrutando y cambio. Después vuelvo a dar todo en otra cosa”.

Esta vez, aquella reinvención la condujo al punto de partida. Después de 20 años en el exterior, Vanesa Adriazola cambió Miami por un cerro mendocino y convirtió una imagen imaginada a la distancia en su nueva vida frente a la montaña.