Dejaron Mendoza para crear un emprendimiento turístico entre la selva y el mar de Brasil
Rodrigo Pérez Esquembre y Michelle Arcaute partieron de Mendoza y empezaron una nueva vida en Itamambuca, donde crearon una experiencia turística frente al mar.
Michelle Arcaute y Rodrigo Pérez Esquembre dejaron sus vidas en Mendoza para perseguir un sueño en Brasil.
No se fueron de Mendoza a Brasil solo para abrir un hospedaje cerca de la playa. Rodrigo Pérez Esquembre y Michelle Arcaute se fueron de la provincia para intentar construir una vida distinta: más cerca del mar, de la naturaleza y de una forma de trabajar vinculada con las experiencias, el movimiento y el turismo.
Él es instructor de kitesurf, emprendedor y fue director de Turismo de Las Heras. Ella es diseñadora gráfica y siempre tuvo una conexión especial con el mar, al que define como un lugar de calma, inspiración y libertad. Juntos, además, llevan adelante una agencia remota de marketing, diseño y publicidad, una herramienta que les permitió empezar a imaginar un proyecto lejos de Mendoza sin cortar del todo con su vida profesional.
Ese sueño hoy tiene nombre: Selva, un espacio turístico ubicado en Itamambuca, Ubatuba, en el estado de São Paulo, Brasil. Está a pocos metros del río y a solo dos cuadras de una de las playas más reconocidas del país para la práctica del surf.
“No nos mudamos a Brasil para abrir una casa na praia. Nos mudamos para construir la vida que siempre soñamos, y hoy tenemos la suerte de compartir ese sueño con quienes nos visitan”, cuenta Rodrigo.
El lugar que les cambió los planes
La historia empezó en octubre de 2025, cuando Rodrigo y Michelle viajaron por primera vez a Itamambuca junto a la familia de él. Fueron pocos días, pero suficientes para sentir que algo había cambiado.
El destino tiene una geografía muy particular: selva, río, playa, caminos de arena, vegetación intensa y una energía que, según quienes lo visitan, invita a bajar el ritmo. Para ellos, ese viaje funcionó como una señal. Volvieron a Mendoza con una certeza: querían vivir ahí.
En diciembre ya estaban cerrando los primeros acuerdos en Brasil. En febrero de 2026, apenas dos meses después, salieron en camioneta rumbo a su nuevo comienzo. Viajaron con Tyson, su perro, y con Juan, un gran amigo que los acompañó en la travesía.
Fueron más de 4.100 kilómetros en cuatro días, atravesando rutas desconocidas, improvisando paradas para dormir y comer, y empujados por una mezcla de entusiasmo, vértigo e incertidumbre.
“Todo pasó muy rápido, pero sentimos que cuando un sueño realmente te mueve, llega un momento en el que hay que dejar de planificar y animarse”, recuerda Rodrigo.
Construir desde cero en otro país
Llegar fue apenas el comienzo. La parte más exigente empezó cuando tuvieron que transformar una casa vacía en el proyecto que habían imaginado.
Durante semanas, Rodrigo y Michelle se levantaban a las seis de la mañana y muchas veces terminaban de trabajar a las dos de la madrugada. Pintaron habitaciones, armaron muebles, instalaron barras y recorrieron ciudades cercanas en busca de camas, colchones, utensilios de cocina y todo lo necesario para poner el lugar en marcha.
A la exigencia física se sumó otro desafío: el idioma. Todavía hablaban poco portugués, por lo que cada compra, cada trámite y cada negociación se convertían en una pequeña aventura.
En ese proceso, la red local fue clave. Rodrigo destaca especialmente a Batata y a la gente de Nativos Surf School, quienes los recibieron desde el primer momento y los ayudaron a sentirse parte del lugar. “Cuando uno se muda a otro país, esas personas terminan convirtiéndose en una segunda familia”, dice.
Itamambuca, un destino para bajar el ritmo
Itamambuca no es un destino de turismo masivo tradicional. Es un lugar elegido por surfistas, viajeros que buscan naturaleza, familias, grupos de amigos y personas que quieren combinar descanso con actividades al aire libre.
La playa es una de las más famosas de Brasil para surfear, pero el atractivo no termina en el mar. El río de aguas tranquilas, la selva cercana, los paseos en stand up paddle, las caminatas, las excursiones en barco y la posibilidad de moverse a otro ritmo hacen que el destino tenga una identidad muy marcada.
Selva está en una zona segura y estratégica, cerca del río, de la playa, de restaurantes, cafeterías, comercios y de un pequeño centro que conserva la esencia del lugar. Desde Mendoza, la forma más práctica de llegar es volar hasta São Paulo y luego realizar un traslado terrestre de aproximadamente tres horas.
Un viaje armado a medida
La propuesta de Rodrigo y Michelle apunta a viajeros que buscan algo más que una cama donde dormir. La idea es ofrecer una experiencia completa y personalizada.
Selva cuenta con habitaciones privadas, suites y compartidas, todas con baño privado. Además, ofrece desayunos caseros, cenas especiales con cocina local, clases de surf con escuelas de la zona, yoga al amanecer, paseos en SUP, excursiones en barco, caminatas por la selva, pesca y traslados privados desde y hacia el aeropuerto.
“Queremos que quien venga no tenga que preocuparse por organizar nada. Nosotros armamos el viaje según lo que cada persona busca y ellos simplemente vienen a disfrutar”, explica Rodrigo.
En estos primeros meses ya recibieron mendocinos, turistas de distintas provincias argentinas, brasileños, chilenos y viajeros europeos. Llegan familias, parejas, grupos de amigos y también personas que viajan solas.
Eso último es parte de la identidad del proyecto: Rodrigo y Michelle están presentes durante la experiencia, acompañan, orientan y ayudan a que el viajero se sienta contenido. Para muchos, ese detalle termina siendo decisivo.
El turismo que busca experiencias reales
La historia de Selva también refleja una tendencia que viene creciendo en el turismo internacional: viajeros que ya no buscan únicamente alojamiento, sino experiencias con identidad, contacto con la naturaleza y propuestas pensadas a medida.
En ese sentido, Itamambuca funciona como un escenario ideal. Permite combinar descanso, deporte, bienestar y aventura sin perder la sensación de estar en un entorno protegido, con fuerte presencia de comunidad local y vida al aire libre.
Los paquetes no tienen una tarifa única. Se adaptan a la cantidad de noches, el tipo de habitación y las actividades que cada persona quiera realizar. La lógica es artesanal: diseñar cada viaje según el perfil del visitante.
La vida que eligieron construir
El cambio no fue sencillo. Rodrigo y Michelle extrañan a sus familias, sus amigos y muchas costumbres de Mendoza. Mudarse de país implica aprender desde cero, adaptarse a otra cultura, atravesar miedos y convivir con la incertidumbre.
Pero cada mañana, cuando abren la puerta y ven el mar, sienten que el esfuerzo tuvo sentido. “Los sueños no se cumplen esperando el momento perfecto. Se cumplen cuando uno decide dar el primer paso”, resume Rodrigo.
Hoy, aquella decisión que empezó con una visita familiar, una intuición y un viaje en camioneta se convirtió en una nueva vida. Una historia mendocina escrita a miles de kilómetros, entre la selva, el río y el mar de Brasil.





