El vino que sorprende a Argentina nació en el lugar menos pensado: una cárcel de Mendoza
El vino Carcelino se elabora con uvas cultivadas por internos en Cacheuta y busca convertir la viticultura en una herramienta concreta de reinserción laboral.
La familia Bonfanti es la promotora del proyecto Carcelino, desarrollado en los viñedos de la Penitenciaría Federal Argentina en Mendoza. El proyecto cuyo producto final es un vino, fusiona inclusión social y producción vitivinícola.
Marcos Garcia / MDZEn un terreno pedregoso de Cacheuta, a unos 1.200 metros sobre el nivel del mar y junto a un complejo penitenciario federal, crece un viñedo diferente a cualquier otro de Mendoza. Sus hileras son trabajadas por personas privadas de la libertad que se encuentran próximas a cumplir sus condenas y que, a través de la viticultura, se preparan para regresar al mundo laboral. De esas uvas nace Carcelino, un vino elaborado por Bodega Bonfanti como parte de un convenio con el Servicio Penitenciario Federal (SPF), instrumentado a través del Ente de Cooperación Técnica y Financiera del Servicio Penitenciario Federal (ENCOPE).
La iniciativa comenzó como un ensayo pequeño, avanzó entre las dificultades de la pandemia, recuperó un terreno abandonado y alcanzó su primera elaboración comercial en 2024. Ahora atraviesa una etapa decisiva: dos participantes que ya recuperaron la libertad se comunicaron con la bodega para consultar por oportunidades laborales en viñedos.
Para Sebastián Bonfanti, ingeniero agrónomo, enólogo y responsable técnico del proyecto, ese acercamiento representa uno de los resultados más importantes obtenidos desde que comenzó la experiencia.
El vino que nació de un viñedo abandonado en Cacheuta
La historia comenzó en 2019, antes de la pandemia, cuando un integrante del Servicio Penitenciario Federal visitó Bodega Bonfanti y le habló a Stella Maris de Bonfanti sobre un antiguo viñedo ubicado en terrenos de jurisdicción penitenciaria.
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En el lugar se habían plantado originalmente nueve hectáreas, pero el proyecto había sido abandonado. Las plantas habían muerto, aunque todavía permanecían parte de los espalderos, los alambres y la infraestructura de riego.
Fue Stella Maris quien insistió para que sus hijos conocieran el predio y evaluaran la propuesta. “Mi mamá me contó varias veces que había venido una persona de la penitenciaría con un proyecto. Al principio era escéptico, pero finalmente fui a conocer el lugar y vi que podía funcionar”, recuerda Sebastián Bonfanti.
El primer paso fue prudente. En lugar de intentar recuperar las nueve hectáreas, Bonfanti decidió plantar solamente cinco hileras para observar cómo respondían las vides. El ensayo dio resultado y, con el transcurso de los años, el viñedo se amplió hasta ocupar aproximadamente 7.000 metros cuadrados, distribuidos en unas 60 hileras.
La expansión se realizó de manera gradual, mientras la bodega y el ENCOPE avanzaban en la formalización de un convenio que actualmente debe renovarse cada dos años.
Cómo funciona el convenio entre Bonfanti y el ENCOPE
El eje central del acuerdo no es solamente productivo. Su principal objetivo es ofrecer capacitación en viticultura y herramientas que puedan facilitar la reinserción laboral de las personas privadas de la libertad.
Bodega Bonfanti aporta los conocimientos técnicos, las plantas, la inversión necesaria para sostener el viñedo y la elaboración del vino en sus instalaciones de Perdriel, Luján de Cuyo. El sistema penitenciario, por su parte, proporciona el terreno, el acceso al agua y organiza la participación de los internos.
Los participantes reciben formación durante todo el ciclo de la vid. Aprenden a podar, atar, regar, mantener el suelo, cuidar las plantas y cosechar. De esta manera, cuando recuperan la libertad, conocen las principales tareas que demanda una finca vitivinícola.
Actualmente trabajan alrededor de 15 internos, aunque el número puede variar porque depende de las personas que se encuentran en condiciones de ingresar al denominado período de prueba.
Esta instancia está destinada a quienes se aproximan al final de su condena y han mantenido una conducta que les permite realizar actividades fuera del perímetro cerrado, siempre acompañados por personal penitenciario. Los participantes reciben una remuneración gestionada por el Estado.
El convenio también establece que el 15% de las botellas obtenidas debe ser entregado al ENCOPE. El organismo presenta esa partida bajo su propia marca, Aires de Libertad.
Sebastián Bonfanti destacó que la continuidad del proyecto también fue posible gracias al acompañamiento del presidente del ENCOPE, Cristian Costadoni; del jefe del Complejo VI de Cacheuta del Servicio Penitenciario Federal, inspector general Alejandro González; y del director de Trabajo del establecimiento, Carlos Balguenet. También reconoció especialmente la tarea de los maestros y de los internos que realizan diariamente las labores culturales del viñedo.
Un viñedo extremo a 1.200 metros de altura
Además de su dimensión social, Carcelino representa un desafío agronómico poco habitual. El viñedo se encuentra en Cacheuta, en un ambiente de precordillera caracterizado por la altura, la amplitud térmica y un suelo cubierto casi por completo de piedras.
Bonfanti sostiene que se trata del único viñedo implantado actualmente en esa zona. Cuando realizó las primeras pruebas, incluso cavar los pozos para colocar las plantas se convirtió en una dificultad. “Quise hacer el primer pozo y la pala rebotó. Ahí pensé: ‘¿Qué hago acá?’. No había prácticamente suelo, era pura piedra”, relata.
Para afrontar esas condiciones se utilizaron plantas injertadas sobre portainjertos seleccionados por su adaptación a la sequía y a los terrenos con escasa profundidad. Esa fue una de las inversiones más importantes realizadas por la bodega, ya que cada ejemplar debía tener la capacidad de desarrollar sus raíces en un ambiente especialmente exigente.
El trabajo se realiza de manera manual. Con el tiempo, y mediante prácticas de recuperación de suelo, se consiguió formar una capa fértil de entre 10 y 15 centímetros. El crecimiento de la vegetación espontánea, su corte y su incorporación progresiva al terreno permitieron mejorar las condiciones alrededor de las plantas.
El riego constituye otro desafío. El establecimiento depende del agua disponible en los pozos del complejo y, en algunos sectores, el abastecimiento se resuelve mediante el desnivel natural del terreno, sin utilizar bombas.
También hubo que enfrentar el ingreso de vacas, cerdos y otros animales que dañaron plantas y consumieron parte de las uvas. En la última temporada, el ataque afectó especialmente a las variedades blancas, que iban a utilizarse para desarrollar una nueva etiqueta.
El viñedo con certificación orgánica
El viñedo transita, además, el tercer año de un proceso de certificación orgánica facilitado por el ENCOPE. Esto significa que no pueden utilizarse fertilizantes ni productos que estén fuera de las normas establecidas para este tipo de producción.
Bonfanti realiza una aclaración técnica: la certificación alcanza a la uva cultivada en Cacheuta, pero no necesariamente al vino embotellado. Para que Carcelino pueda presentarse comercialmente como un vino orgánico, también debería certificarse el proceso de elaboración realizado dentro de la bodega. Por el momento, el avance corresponde exclusivamente al viñedo y a su producción de uvas.
En este sentido, para los internos, cada etapa superada funciona como un reconocimiento al trabajo realizado durante el año. Según el enólogo, quienes llevan más tiempo en el proyecto transmiten a los nuevos participantes el cuidado que requiere cada planta y ayudan a sostener las rutinas aprendidas.
Cómo es el primer vino Carcelino
La primera cosecha con volumen suficiente para elaborar vino se obtuvo en 2024. De esa vendimia surgieron alrededor de 2.500 botellas, de las cuales, según Bonfanti, ya se comercializó cerca del 70%.
Carcelino es un tinto joven elaborado con uvas provenientes de plantas que todavía se encuentran en sus primeros años productivos. Bonfanti lo define como un coupage compuesto por un 80% de Malbec, un 10% de Cabernet Franc y un 10% de Cabernet Sauvignon.
La decisión de combinar las variedades respondió al volumen reducido disponible en cada una de las parcelas. El resultado fue un vino fresco, frutado y de perfil joven, en el que el Malbec funciona como base del corte.
La cosecha 2025 continúa su evolución en la bodega. Sin embargo, el ingreso de animales y las limitaciones vinculadas al agua volvieron a condicionar el rendimiento del viñedo, especialmente en las uvas blancas.
La reinserción laboral, el resultado que comienza a tomar forma
El propósito del proyecto es que el aprendizaje no termine cuando una persona recupera la libertad. La capacitación busca generar una experiencia laboral concreta en una provincia donde la poda, el riego, la cosecha y el mantenimiento de los viñedos siguen requiriendo trabajadores formados.
El ingeniero agrónomo reconoce que la reinserción es un proceso lento y que no depende únicamente de haber aprendido un oficio. Sin embargo, considera que la formación puede convertirse en un primer puente hacia un empleo formal.
También existen transformaciones menos visibles. Uno de los participantes le agradeció la posibilidad de trabajar al aire libre porque, durante esas jornadas, podía volver a observar el sol y la montaña. Para Bonfanti, esa frase terminó de mostrarle que el impacto del proyecto iba mucho más allá de las botellas producidas.
El modelo de Carcelino podría llegar a Salta y Neuquén
La experiencia desarrollada en Cacheuta despertó el interés de otras unidades penitenciarias federales. La intención es comenzar una prueba en la localidad salteña de General Güemes y, posteriormente, evaluar una experiencia similar en Neuquén.
El desembarco en Salta se realizaría mediante un ensayo de entre 200 y 400 plantas. Primero se analizará su adaptación al suelo y al clima; luego, en función de los resultados, podría avanzarse con una superficie mayor.
La presencia en esa provincia de uno de los maestros penitenciarios -Lucas Rivas-que participó en la experiencia mendocina facilitaría la transferencia de conocimientos. El agente conoce el manejo del viñedo y podría acompañar la capacitación de los nuevos participantes. La expansión se realizará de manera progresiva debido a los costos que implica plantar, trasladar materiales y supervisar técnicamente un cultivo a distancia.
Carcelino nació de cinco hileras plantadas en un terreno que parecía improductivo. Hoy tiene un viñedo establecido, una primera cosecha comercializada, un proceso de certificación en marcha y participantes que comienzan a buscar trabajo después de recuperar la libertad.








