El riesgo de vivir de las redes sociales: cuando el algoritmo apaga el negocio
La baja o suspensión de cuentas en plataformas como Instagram y TikTok expone una fragilidad estructural en el modelo de ingresos de creadores digitales y emprendedores. Especialistas advierten sobre la necesidad urgente de diversificar, construir activos propios y pensar las redes como herramientas, no como el negocio en sí.
Las redes sociales no deben ser el único pilar de un negocio.
FreepikEn los últimos años, las redes sociales dejaron de ser solo espacios de entretenimiento para convertirse en verdaderos motores económicos. Influencers, creadores de contenido, profesionales independientes y pequeños emprendedores construyeron modelos de negocio basados casi exclusivamente en plataformas como Instagram, TikTok o Facebook. Allí venden productos, ofrecen servicios, generan acuerdos con marcas y sostienen comunidades que, en muchos casos, representan su principal -y a veces única- fuente de ingresos.
Sin embargo, una problemática cada vez más frecuente expone las debilidades de ese ecosistema: la suspensión, bloqueo o eliminación de cuentas, muchas veces sin previo aviso ni una explicación clara. Cuando eso ocurre, no solo se pierde un perfil digital, sino también el contacto directo con miles o millones de seguidores y, con ello, la posibilidad inmediata de facturar.
Te Podría Interesar
Perdí mi cuenta, ahora qué hago
Casos recientes de influencers y figuras públicas volvieron a poner el tema en agenda. Reportes masivos, denuncias falsas, fallas técnicas o supuestas infracciones a las normas comunitarias derivaron en cierres temporales y definitivos que afectaron de manera directa la actividad económica de quienes dependen de estas plataformas para trabajar.
Entre los ejemplos más resonantes se encuentra el de la influencer española Sara López, conocida como Sarusqui, quien perdió de forma definitiva su cuenta de Instagram con más de 680 mil seguidores. Enfermera de profesión y creadora de contenido por vocación, la baja de su perfil significó la pérdida de su principal canal de ingresos. En Argentina, Cinthia Fernández denunció reiterados cierres temporales que atribuyó a campañas de denuncias automatizadas, mientras que otras figuras de alto perfil en América Latina, como Yina Calderón y Epa Colombia, también atravesaron situaciones similares.
El problema no es exclusivo de cuentas masivas. Influencers de menor alcance, pero con comunidades altamente comprometidas, también han sufrido bloqueos que impactaron de lleno en su economía. El caso de la estadounidense Jessy Taylor, quien declaró haberse quedado sin ingresos tras perder su cuenta por reportes de spam, o los intentos de hackeo denunciados por creadores argentinos como Gabi Cocina y Julieta Puente, reflejan que el riesgo atraviesa a todo el ecosistema digital.
Plataformas privadas, reglas cambiantes
Desde una mirada estratégica, Andrés Retali, especialista en branding y marketing digital de Estudio Rule Retali, advierte que uno de los errores más comunes es asumir que el crecimiento garantiza estabilidad. “Existe una falsa sensación de seguridad cuando una cuenta logra volumen y comunidad. Pero la cuenta nunca termina de ser propia. Es un espacio prestado dentro de una plataforma privada, con reglas que cambian de manera constante y que, además, se aplican de forma automática”, explica.
Según Retali, la mayoría de las sanciones no se producen por una infracción grave aislada, sino por la acumulación de pequeños factores: contenidos que rozan los límites, denuncias reiteradas, modificaciones en las políticas que no siempre son comprendidas por los usuarios. A mayor tamaño de la cuenta, mayor exposición al escrutinio algorítmico y a los reportes, incluso malintencionados.
Este escenario pone en evidencia una realidad incómoda: el algoritmo no distingue trayectorias, contextos ni intenciones. Las decisiones se toman de forma automatizada, y los canales de apelación suelen ser limitados, lentos o inexistentes, incluso para cuentas con alto impacto económico.
Cuando el ingreso depende de una sola red
El impacto de estas bajas se vuelve crítico cuando las redes sociales concentran la totalidad del modelo de negocio. “No es solo ‘me cerraron una cuenta’, es que el ingreso se corta de un día para el otro”, señala Retali. Influencers que dependen de acuerdos comerciales, emprendedores que venden exclusivamente por Instagram o profesionales que captan clientes solo a través de redes quedan sin margen de reacción.
En ese contexto, el especialista plantea un cambio de enfoque: hoy, ser creador digital también implica gestionar riesgo. Utilizar redes para generar ingresos no es el problema; el verdadero riesgo está en construir todo el modelo sobre una sola plataforma. Cuando eso ocurre, cualquier suspensión -aunque sea temporal- puede poner en jaque la continuidad del proyecto.
Diversificar no es estar en todas partes
Uno de los conceptos clave que surgen del análisis de los especialistas es la diferencia entre presencia digital y activos propios. Para Retali, diversificar no significa abrir perfiles en todas las redes disponibles. “Eso genera una falsa sensación de seguridad. La diversificación real pasa por construir activos propios: una base de datos, un canal de contacto directo, un espacio donde la relación con la audiencia no dependa de un algoritmo”, sostiene.
Las redes funcionan como una excelente puerta de entrada, pero son inestables como único sostén. Cuando el vínculo con la comunidad está mediado exclusivamente por una plataforma, cualquier cambio de reglas puede desarmar años de trabajo en cuestión de horas.
Verificación, canales alternativos y presencia institucional
Desde el enfoque del marketing de la salud, Verónica De Casas, directora del estudio Elemental, coincide en la importancia de reducir la exposición al riesgo. Entre sus principales recomendaciones, destaca la verificación de cuentas como un paso clave, especialmente en Instagram. “Siempre sugerimos que las cuentas estén verificadas y que los clientes tengan presencia dentro del ecosistema Meta, no solo en Instagram sino también en Facebook”, explica.
Además, remarca la relevancia de ampliar la estrategia hacia redes con perfil profesional, como LinkedIn, especialmente para quienes ofrecen servicios. A esto se suma la necesidad de contar con presencia en Google, a través de Google My Business y Google Maps, y, en lo posible, con una página web propia. “La web sigue siendo una ventana al mundo que no depende de una red social”, señala.
Otro canal que cobra cada vez más relevancia es WhatsApp, no solo como herramienta de atención, sino como espacio de construcción de comunidad. Las listas de difusión y los grupos permiten mantener un vínculo directo con la audiencia, incluso si una red social deja de estar disponible.
Errores comunes y mirada de largo plazo
Tanto Retali como De Casas coinciden en que uno de los principales errores de quienes comienzan es el cortoplacismo. La obsesión por crecer rápido, volverse viral o seguir las tendencias del momento suele desplazar la planificación estratégica. Se publican contenidos de forma constante, se analizan métricas de alcance, pero no siempre existe un modelo claro que sostenga el negocio a largo plazo.
Otro error frecuente es confundir volumen con solidez. Tener muchos seguidores no garantiza estabilidad si no hay una estructura detrás: un modelo de ingresos definido, métricas alineadas a objetivos reales y una estrategia que trascienda el algoritmo.
Pensar en proyectos, no en cuentas
Como síntesis, los especialistas proponen un cambio de mentalidad profundo. “Hay que dejar de pensar en la cuenta y empezar a pensar en el proyecto”, afirma Retali. La pregunta clave, aunque incómoda, es simple: ¿qué pasa con el negocio si mañana la red desaparece o bloquea el perfil?
Si la respuesta no es clara, hay un problema estructural que requiere atención inmediata. Porque generar contenido es relativamente accesible; construir una presencia digital sostenible, con activos propios y una comunidad que pueda trasladarse de plataforma, es el verdadero desafío.
En un ecosistema donde las reglas cambian sin previo aviso, la supervivencia digital ya no depende solo de la creatividad, sino de la estrategia. Y en ese escenario, las redes sociales deben volver a ocupar el lugar que les corresponde: el de una herramienta poderosa, pero nunca el único pilar de un negocio.




