El pueblo de médanos y paz que se esconde a pocas horas de Buenos Aires
En la costa bonaerense, un pueblo combina médanos, pinos y playas amplias en un entorno pensado para caminar y bajar el ritmo.
Las pasarelas del pueblo atraviesan médanos antes de abrirse al océano.
ShutterstockMar de las Pampas aparece como una rareza amable dentro del mapa de la Costa Atlántica: un pueblo donde el bosque no queda "detrás" del balneario, sino que se mete en la vida cotidiana y acompaña el camino hasta la playa.
Entre pinos y arena suelta, la primera impresión no es la de un centro urbano, sino la de un entorno que prioriza la escala baja y el descanso, con la naturaleza como protagonista.
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Una de sus marcas más visibles está en el trazado. En vez de imponer una cuadrícula perfecta, las calles se adaptan al relieve de los médanos y a las zonas forestadas, generando recorridos sinuosos que invitan a caminar sin apuro. Ese diseño, lejos de ser un detalle estético, define el modo en que se vive el lugar: las distancias se sienten cortas, el paisaje cambia en pocas cuadras y el sonido del mar aparece y desaparece entre los árboles.
Cuando se llega a la costa, la playa se abre ancha, de arena clara, con accesos que suelen resolverse a través de pasarelas para cruzar los médanos sin castigar el terreno. El “efecto” está en cómo se revela el océano: no se lo ve de golpe, sino de a poco, mientras se atraviesan lomas de arena y vegetación costera. En días de viento, el bosque funciona como un verdadero amortiguador natural, y por eso muchas caminatas se vuelven más disfrutables incluso fuera del verano.
El bosque, justamente, no es un decorado. Es parte central de la identidad del pueblo y de su clima. Los corredores verdes arman sombras, reparos y senderos informales, ideales para caminar temprano, salir en bici o simplemente moverse sin necesidad de auto. Esa convivencia entre pinos, acacias y médanos también explica por qué la zona conserva una estética limpia frente al mar: predominan construcciones bajas y un perfil urbano sin grandes edificios, algo que refuerza la sensación de refugio.
En la práctica, Mar de las Pampas también sostiene servicios que acompañan sin romper el ritmo del lugar. En las zonas comerciales, la propuesta suele girar alrededor de gastronomía, pequeños espacios culturales y ferias artesanales de temporada, con una lógica más de paseo que de “centro” tradicional. A eso se suma la presencia de la información turística local, que funciona como apoyo para armar recorridos, consultar actividades o resolver dudas del viajero desde una oficina instalada en el propio pueblo.
Y si la idea es sumar naturaleza en estado más abierto, el entorno ofrece un imán extra: la Reserva Natural Faro Querandí, un área de dunas y pastizales junto al mar que se destaca por la amplitud de sus playas y por su valor ambiental. En el portal turístico oficial se la describe con miles de hectáreas y una larga franja costera, pensada para actividades compatibles con el cuidado del lugar, como ecoturismo y educación ambiental. En la guía oficial de turismo nacional, además, se detalla que el acceso se realiza por la playa en vehículos 4x4 (y con recomendaciones de circulación responsable para no afectar el ambiente).
Esa combinación —pueblo forestado + mar abierto + médanos— explica por qué Mar de las Pampas se posiciona como un destino asociado a la vida pausada. De hecho, desde el propio municipio se impulsaron propuestas que ponen el foco en un estilo de viaje más sostenible y sin prisa, con actividades y una narrativa turística centrada en bajar el ritmo.
Este pueblo está a 4 horas de Buenos Aires.


