El pueblo de Córdoba que parece detenido en la época colonial
Villa Tulumba es un pueblo del norte cordobés con calles empedradas, faroles antiguos y casonas de adobe que conservan más de cuatro siglos de historia.
Villa Tulumba es un pueblo de Córdoba con calles empedradas, faroles antiguos y casonas que conservan su apariencia colonial.
En el norte de Córdoba existe un pueblo donde las calles empedradas, los faroles antiguos y las fachadas coloniales parecen haber quedado detenidos en otra época. Villa Tulumba se encuentra a unos 150 kilómetros de la capital provincial y guarda uno de los cascos históricos mejor conservados de la región.
La localidad nació alrededor de antiguas estancias y fue creciendo sobre el Camino Real, la ruta que durante siglos comunicó al territorio del Río de la Plata con el Alto Perú. Ese pasado todavía puede reconocerse en sus casonas de adobe, sus techos de tejas y las esquinas por donde alguna vez circularon carretas, comerciantes y viajeros.
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Villa Tulumba es considerada el pueblo más antiguo de Córdoba y su origen se remonta a 1585. En 2024, además, fue distinguida por ONU Turismo como uno de los Best Tourism Villages del mundo por la conservación de su patrimonio y su identidad rural.
Un pueblo que parece un museo a cielo abierto
El recorrido comienza en las calles del casco histórico, donde sobreviven viviendas construidas durante los siglos XVIII y XIX. Sus muros anchos de adobe, las puertas de madera y las antiguas galerías forman una postal que se mantiene casi sin grandes modificaciones.
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Uno de los rincones más conocidos es el cruce de las Cuatro Esquinas. El lugar inspiró a distintos artistas y permite imaginar cómo era la vida cotidiana cuando el pueblo formaba parte del antiguo circuito de postas y caminos coloniales.
Desde allí se puede avanzar por la Calle Real hasta la casa de la familia Reynafé. En esa vivienda se habría planificado la emboscada de Barranca Yaco, ocurrida en 1835 y que terminó con el asesinato del caudillo Facundo Quiroga.
Otras casonas conservan documentos, objetos y detalles arquitectónicos de diferentes momentos de la historia local. Algunas están abiertas al público y permiten observar cómo se organizaban las habitaciones, los patios y las cocinas de las antiguas familias de la zona.
La iglesia que guarda una pieza de la época jesuita
La iglesia Nuestra Señora del Rosario es uno de los edificios más importantes de Villa Tulumba. Su construcción comenzó en 1882 y se extendió durante una década, aunque junto al templo todavía pueden verse las ruinas de una capilla anterior levantada durante el siglo XVII.
En el interior se conserva un antiguo tabernáculo barroco tallado en madera. La pieza fue elaborada para la Compañía de Jesús y, después de la expulsión de los jesuitas en 1767, pasó por la Catedral de Córdoba antes de ser trasladada al pueblo a comienzos del siglo XIX.
También se encuentra una imagen articulada de Cristo con rasgos mestizos, atribuida a un artista descendiente de los pueblos originarios de la región. La iglesia fue declarada Bien de Interés Histórico Nacional y continúa siendo el centro de las celebraciones religiosas locales.
Cada segundo domingo de octubre se realizan las fiestas patronales en honor a la Virgen del Rosario. Durante esas jornadas, las calles reciben procesiones, encuentros comunitarios y actividades que mantienen vivas las tradiciones del norte cordobés.
El antiguo Camino Real atraviesa Villa Tulumba
La historia del pueblo está profundamente ligada al Camino Real al Alto Perú. Antes de la construcción de las rutas modernas, este corredor conectaba estancias, postas y poblaciones, además de permitir el transporte de mercaderías, correspondencia y pasajeros.
En las inmediaciones de la iglesia funciona un centro de interpretación dedicado a ese recorrido. El espacio cuenta con infografías, líneas de tiempo y materiales que explican la importancia que tuvo el camino para la organización política y económica del territorio.
Villa Tulumba también puede incorporarse a un circuito por otros sitios históricos del norte provincial. Barranca Yaco, Villa del Totoral y Cerro Colorado aparecen entre las alternativas para completar una salida dedicada al patrimonio y los paisajes cordobeses.
Sin embargo, el pueblo merece una jornada propia. Las distancias dentro del casco urbano son cortas y permiten recorrer los principales atractivos caminando, sin apuros y prestando atención a los detalles de cada fachada.
Caminatas entre ríos y paisajes del norte cordobés
Más allá de la arquitectura colonial, Villa Tulumba está rodeada por un entorno serrano y agreste. El río Suncho atraviesa la localidad de oeste a este y sus márgenes son utilizadas para caminar, andar en bicicleta o realizar cabalgatas.
Uno de los paseos conduce hasta la Ermita del Cerro. La caminata demora aproximadamente una hora desde el centro y permite observar el caserío desde una perspectiva más amplia.
También se pueden conocer la Laguna del Molle, el río Yosoro y Las Juntas. Son recorridos sencillos que suman naturaleza a una escapada que suele comenzar alrededor de las calles antiguas y los edificios históricos.
El Monumento al Cristo de los Granaderos ofrece otra vista panorámica del pueblo y de los campos que lo rodean. Desde allí se entiende mejor el aislamiento que permitió conservar buena parte de su apariencia original.
Los sabores que completan la escapada
La gastronomía conserva recetas características del norte cordobés. El chivito asado aparece como uno de los platos principales, acompañado por empanadas, embutidos, quesos y productos elaborados en la región.
Las colaciones caseras y las empanadas de hojaldre también forman parte de los sabores asociados con Villa Tulumba. Pueden encontrarse en comedores, parrillas y pequeños emprendimientos familiares distribuidos por el casco urbano.
Para pasar la noche existen hosterías, departamentos, estancias y alojamientos instalados en antiguas casonas. El pueblo también cuenta con camping para quienes prefieren una estadía más sencilla y cercana a la naturaleza.