El Día del Estudiante que Mendoza no olvida: carros, picnics y una provincia llena de festejos
Los colegios cambiaban la rutina por recitales, encuentros y una competencia que movilizaba a miles de estudiantes. Así lo recuerdan sus protagonistas.
Festejos del Día del Estudiante de 1973. Foto publicada por el blog Mendoza Antigua,
Había que decidir quién llevaba el mate, quién preparaba los sanguchitos y en qué lugar del parque General San Martín se encontraría el grupo. Sin mensajes instantáneos ni ubicaciones compartidas por celular, los estudiantes mendocinos se organizaban con anticipación para celebrar una fecha que no se limitaba al 21 de septiembre.
Durante décadas, el Día del Estudiante fue el cierre de una semana en la que las escuelas modificaban su rutina. Había recitales, competencias, números artísticos, picnics y encuentros con alumnos de otros colegios. El gran acontecimiento era la Farándula Estudiantil: un desfile de carros preparados por los propios jóvenes que llegaba a congregar a miles de personas en las calles de Mendoza.
Una semana esperada durante todo el año
Rosana Villafañe tiene 54 años, es de Guaymallén y recuerda aquellas celebraciones como uno de los momentos más esperados de la secundaria. En su memoria, la fecha ocupaba prácticamente toda la semana y permitía que estudiantes de diferentes cursos y escuelas compartieran actividades fuera de la rutina habitual.
Los alumnos de los cursos superiores asumían el desafío más importante: construir los carros. Durante varios días trabajaban sobre una idea, reunían materiales y distribuían tareas para representar a su colegio. No se trataba solamente de decorar un vehículo. Había que pensar personajes, movimientos, colores y una puesta capaz de sorprender al público y al jurado.
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Finalmente, los carros salían a desfilar. Rosana recuerda su paso por la calle San Martín, los mendocinos reunidos para observarlos y la expectativa por conocer cuáles serían elegidos como los mejores. Las propuestas ganadoras recibían premios, pero detrás de la competencia quedaban semanas de trabajo compartido.
Cuando los estudiantes ocupaban las calles
Las fotografías recopiladas por el blog Mendoza Antigua permiten comprobar que la tradición atravesó diferentes generaciones. Una imagen de 1927 muestra a un grupo de estudiantes disfrazados durante la Farándula, mientras que otra serie registra el desfile realizado el 21 de septiembre de 1959. En este último caso, el material pertenece al Archivo Patrimonial de Mendoza y fue difundido por el sitio dedicado a preservar la memoria visual de la provincia.
Una reconstrucción histórica ubica uno de los primeros festejos en 1919. Aquel año, cientos de jóvenes se reunieron en el Parque General San Martín para realizar un corso de flores. Por la noche, estudiantes de distintos colegios desfilaron disfrazados sobre carros adornados con alegorías. El encuentro fue denominado Farándula Estudiantil y se convirtió en una tradición mendocina.
El programa no era idéntico todos los años. Mendoza Antigua reconstruyó cómo fue la celebración de 1973: desde temprano, los jóvenes se reunían en el Parque General San Martín, El Challao y otros puntos. Después del mediodía participaban de una rueda folclórica de la amistad y, a las 20, se trasladaban hacia calle Belgrano.
Desde allí comenzaba la Farándula. Los carruajes avanzaban hasta el Prado Español y, aunque no formaba parte del recorrido previsto, el desfile llegaba también a la calle San Martín. Después de la medianoche se realizaban concursos de folclore y música beat, antes de la elección y coronación de la reina de los estudiantes.
El recuerdo que quedó fuera de las fotografías
Maraliz Flores (48), David Rojas (56) y Agustín Pelayes (50) también recuerdan aquellos festejos con especial cariño. En sus relatos aparecen los pequeños preparativos: organizarse entre amigos, llevar comida desde casa, compartir el mate y buscar un lugar en el Parque para pasar el día.
Los picnics reunían a cursos completos y permitían encontrarse con estudiantes de otras escuelas. Había música, recitales y actividades que convertían la celebración en una experiencia colectiva. El Día del Estudiante no era solamente una salida: se preparaba durante varios días y modificaba la vida cotidiana de los colegios.
Con el paso del tiempo, la celebración cambió. La Farándula dejó de ocupar el lugar central que tuvo en la Ciudad, aunque la tradición todavía se conserva en departamentos como Tunuyán, Tupungato y Rivadavia.
Las imágenes antiguas muestran carros, disfraces y calles repletas. Sin embargo, quienes participaron de aquellas jornadas recuerdan algo que las fotografías no alcanzan a registrar: la emoción de preparar juntos una celebración que, durante una semana, parecía pertenecer completamente a los estudiantes.