El cansancio que se volvió normal: qué le pasa al cuerpo al dormir menos de siete horas
Un informe reveló que el 30,5% de los adultos duerme menos de lo recomendado. Las señales de alerta y cómo descansar y dormir mejor.
Los médicos aseguran que dormir no es una perdida de tiempo como muechas personas creen. Los detalles en la nota. Foto: Freepik.
Una serie más, unos minutos con el celular o ese correo laboral que parece no poder esperar. La hora de acostarse se posterga casi sin advertirlo y, a la mañana siguiente, el cansancio se combate con café, mate o la promesa de recuperar el sueño durante el fin de semana. Dormir poco se incorporó a la rutina de muchas personas como si fuera una consecuencia inevitable de la vida adulta. El problema aparece cuando deja de ser una situación ocasional y se convierte en una deuda permanente que el organismo no consigue compensar.
Un informe del National Center for Health Statistics, publicado en abril de 2026 y basado en la Encuesta Nacional de Salud de Estados Unidos de 2024, encontró que el 30,5% de los adultos duerme menos de siete horas diarias. El relevamiento también mostró que el 15,4% tiene problemas para conciliar el sueño la mayoría de los días o todos los días, mientras que el 18,1% encuentra dificultades para permanecer dormido. Apenas el 54,8% aseguró despertarse descansado con frecuencia.
Los datos corresponden a la población estadounidense y no pueden trasladarse automáticamente a la Argentina, pero exponen un comportamiento cada vez más naturalizado: recortar horas de sueño para cumplir con el resto de las obligaciones.
Qué sucede en el cuerpo cuando falta sueño
Dormir no representa una interrupción improductiva de la jornada. Mientras descansa, el organismo desarrolla procesos relacionados con la memoria, el funcionamiento inmunológico, la regulación hormonal y la recuperación física.
“El sueño no es un tiempo improductivo. Mientras una persona duerme, el organismo lleva adelante procesos esenciales para reparar tejidos, fortalecer el sistema inmunológico, consolidar la memoria y regular la producción de hormonas”, explicó la doctora Anabel Ferreyra, médica del CMC de Mendoza de Boreal Salud (MP 14026).
Una noche de poco descanso puede provocar somnolencia, irritabilidad o dificultades para concentrarse. Cuando el déficit se sostiene, sus efectos pueden ser más amplios.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, dormir menos de siete horas se encuentra asociado con un mayor riesgo de hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad y depresión.
Durante el sueño, la presión arterial normalmente disminuye. Las dificultades persistentes para dormir pueden hacer que permanezca elevada durante más tiempo. El descanso insuficiente también puede afectar el control de la glucosa y los mecanismos cerebrales vinculados con el hambre, favoreciendo elecciones alimentarias poco saludables y un posible aumento de peso.
La salud mental tampoco permanece al margen. La falta de sueño puede expresarse mediante ansiedad, cambios de humor, irritabilidad, pérdida de memoria y menor capacidad para tomar decisiones. En el trabajo o al conducir, la somnolencia demora los tiempos de reacción y eleva el riesgo de cometer errores o sufrir accidentes.
Las señales de que el descanso no alcanza
La cantidad de horas es importante, pero no explica por sí sola la calidad del sueño. Una persona puede permanecer ocho horas en la cama y despertarse agotada si tuvo interrupciones frecuentes o no alcanzó un descanso profundo.
Algunas señales que merecen atención son:
- Cansancio que persiste durante buena parte del día.
- Dificultad para concentrarse o recordar información.
- Irritabilidad y cambios de humor sin una causa evidente.
- Necesidad de consumir estimulantes para mantenerse despierto.
- Problemas reiterados para conciliar o mantener el sueño.
- Somnolencia durante reuniones, clases, viajes o al conducir.
También resulta importante consultar ante ronquidos intensos, pausas respiratorias observadas durante la noche o cansancio persistente pese a haber dormido varias horas. Esos síntomas podrían estar relacionados con un trastorno del sueño y requieren una evaluación profesional.
Cómo dormir mejor sin transformar el descanso en otra obligación
No existe una fórmula idéntica para todas las personas, pero la regularidad ayuda al organismo a reconocer cuándo debe prepararse para dormir. Acostarse y levantarse aproximadamente a la misma hora —incluso durante el fin de semana— es uno de los primeros cambios recomendados.
También conviene:
- Alejar el celular, la computadora y el televisor al menos una hora antes de acostarse.
- Limitar café, mate, té y bebidas energizantes durante la tarde y la noche.
- Evitar el alcohol y las comidas abundantes en las horas previas al descanso.
- Realizar actividad física regularmente, pero no inmediatamente antes de dormir.
- Mantener el dormitorio oscuro, silencioso y con una temperatura confortable.
- Evitar siestas extensas o demasiado cercanas al horario nocturno.
- Incorporar una rutina breve que ayude a bajar el ritmo, como leer, ducharse o realizar ejercicios de relajación.
Despertarse cansado ocasionalmente no necesariamente indica la presencia de una enfermedad. La consulta médica se vuelve necesaria cuando las dificultades se mantienen durante varias semanas, afectan el desempeño cotidiano o aparecen síntomas respiratorios durante la noche.
Dormir mejor no garantiza que desaparezcan el estrés ni las obligaciones, pero sí permite enfrentarlos con un organismo recuperado. En una rutina que suele premiar la productividad permanente, respetar las horas de descanso también es una forma de cuidar la salud.