Cuál es la joya arquitectónica desconocida en Mendoza y que no ha sido declarada patrimonio
Un recorrido por una deslumbrante joya arquitectónica de la Ciudad, que recuperó su esplendor con mucho esfuerzo de su dueño y su actual inquilina para impulsar el arte y la moda local.
Pasado y presente: Juan Morelli, el actual dueño de esta deslumbrante casona, posa junto a la fotografía de Alfredo Canónico, quien inició el legado familiar en 1900.
Rodrigo D'Angelo / MDZEn la Ciudad de Mendoza existe una estructura cuya fachada exterior, desgastada por el transcurso de las décadas y con columnas inconclusas en su terraza, no permite adivinar lo que resguarda en su interior. Al atravesar el ingreso de la planta baja se oculta una antesala moderna que alberga un estudio de grabación y una sala de edición de sonido. MDZ pudo charlar con Juan Morelli, el dueño de esta joya arquitectónica y descendiente directo del fundador original (Alfredo Canónico), quien desde comienzos del milenio produce en este sitio emblemáticos jingles publicitarios y recibe a destacados músicos de la escena local y nacional.
La fábrica de fideos La Italia fue fundada en 1900 por los hermanos Pedro y Alfredo Canónico, inmigrantes soñadores que llegaron desde Italia antes de fines del siglo XIX para continuar el oficio familiar. Juan Morelli habló sobre la génesis del establecimiento, reveló que la edificación actual comenzó a levantarse en 1913 para albergar tanto la vivienda como el molino harinero, que terminó siendo el último en funcionar dentro de la provincia. Aquella calidad productiva llevó a la firma a obtener importantes distinciones como medallas y reconocimientos internacionales en salones de París, Roma, Barcelona y Milán, consolidando una marca imborrable en la memoria industrial de Mendoza.
Un espacio detenido en el tiempo que reabre sus puertas: mirá el video
La relación entre la memoria familiar y la gestión pública caló una grieta al recordar lo sucedido con el pasaje que llevó históricamente el apellido de los fundadores. "Al pasaje Canónico, que lo abrió mi abuelo, le cambiaron el nombre... la Municipalidad le puso Pasaje Dorrego, está cruzando la calle Salta , una cosa insólita", señaló Juan Morelli con pesar sobre la pérdida de esa referencia urbana, aunque mencionó que todavía existen chapas en los domicilios con el nombre original. A continuación, el dueño del edificio repasó las ramas del árbol genealógico que dio origen a este legado: "La familia Canónico estaba integrada por su esposa, Francisca Catapano, y sus dos hijos, Elsa, que era mi madre y Edmundo, que era mi tío. Todos trabajaban a morir en la fábrica de pastas, y te voy a contar una cosa, por qué se hizo tan famosa: fue la primera fábrica de pastas de Mendoza".
La singularidad de la producción de la fábrica se reflejaba en detalles inéditos para la época que unían la innovación con el compromiso social. "A cinco cuadras estaba la embotelladora Villavicencio; desde ahí mi abuelo hizo traer un caño hasta acá, todas las cuadras, con el agua mineral. Entonces, los fideos se hacían con agua mineral directamente", evocó Juan sobre el sello distintivo de los productos Canónico. Esa misma red hidráulica benefició al barrio de forma directa: "A su vez se abrió un surtidor ahí en la calle para que la gente pudiera tener un surgente de agua gratis todo el día. A ciertas horas se abría el surgente y, aparte, mi abuelo tres veces por semana regalaba fideos a la gente que no podía comprarlos", concluye sobre el impacto de la fábrica en la comunidad.
El declive del emprendimiento familiar estuvo marcado por un convulso contexto político que derivó en el cese definitivo de sus actividades. "El funcionamiento de la fábrica fue hasta parte de 1955 aproximadamente; a raíz de problemas políticos tuvo que cerrar, porque en su momento vinieron de la CGT y dijeron: "Bueno, esta fábrica ahora es de todos", rememoró Juan, con una marcada angustia en la voz, sobre el quiebre de la firma. La tensión escaló a situaciones límite que impactaron de lleno en el seno familiar: "Empezó a entrar en crisis la fábrica y lamentablemente se tuvo que cerrar. A mi tío se lo llevaron secuestrado por no querer negociar con la CGT; fueron momentos muy difíciles y ahí empezó la familia a decaer socialmente y económicamente", concluyó sobre el abrupto final del histórico comercio.
Tras el cierre de la fábrica a mediados de la década de 1950, la propiedad continuó funcionando exclusivamente como la vivienda particular de la familia. Los amplios espacios de la casona se adaptaron al uso cotidiano y al crecimiento de las distintas generaciones, utilizando sectores específicos según la estación del año para aprovechar mejor la temperatura. En tanto, los antiguos locales de la planta baja situados a lo largo de la manzana fueron subdivididos y destinados al alquiler comercial para diversos rubros, sin que la vivienda principal o la fábrica volvieran a abrir con fines mercantiles.
El entrevistado habitó la residencia durante 27 años, hasta 1993, año en que se casó y se mudó a las cercanías. Con el paso del tiempo y el trágico fallecimiento de su padre en un accidente de tránsito en las inmediaciones del lugar, la vivienda quedó ocupada por su hermano. Durante un período, la casona sufrió un marcado deterioro en su infraestructura, el cual se prolongó durante varios años hasta la venturosa llegada de Carmela en 2026 para continuar con la reparación del inmueble y darle una nueva vida de la mano de su propietario.
Un recorrido que deslumbra con detalles de época en cada rincón
Subir las escaleras hacia el primer piso representa un verdadero viaje en el tiempo hacia 1913, donde un majestuoso hall de época recibe al visitante con altísimos techos ornamentados. Los vitrales de colores naranja, amarillo, azul y celeste conservan su luminosidad original en las ventanas y aberturas. Carmela Bianca, la actual inquilina de 23 años que lidera el proyecto de revitalización, realizó profundos arreglos edilicios que ayudaron a mejorar la habitabilidad del espacio. El salón central exhibe delicadas molduras decorativas y arañas colgantes, destacando un rosetón donde antiguamente existía un tragaluz que debió sellarse décadas atrás para proteger la estructura del paso de los años.
Las habitaciones restauradas mantienen intactos sus pisos de madera de pinotea y elegantes ventanales semicirculares que filtran la luz natural. Entre los elementos más valiosos se destacan los muebles de época que sirvieron a la antigua fábrica de fideos y un piano histórico, tipo pianola, en perfecto estado de funcionamiento. En uno de los salones resalta una imponente lámpara de bronce de doble altura, fijada minuciosamente a la estructura original, cuya limpieza requiere el uso de escaleras especiales debido a su delicada ubicación y conservación. Sus finos detalles son fácilmente apreciables ya que se encuentra colgando a menos de dos metros del piso.
La transformación hacia esta nueva etapa comenzó a gestarse a partir de la búsqueda de un espacio de mayor escala por parte de Carmela Bianca para su proyecto de moda sustentable. "Yo en realidad arranqué intentando probar un montón de carreras universitarias, ninguna me sentí cómoda del todo, hasta que empecé a trabajar online por dos años en una empresa de traducción en inglés", confiesa la joven emprendedora. La idea de comercializar indumentaria surgió casi por casualidad ante la necesidad de resolver una mudanza personal: "Toda la vida coleccioné ropa porque es algo que me gusta mucho y dije 'che, podría hacer una feria ahora que me tengo que mudar'. Hice una feria de ropa hace dos años en el que vendía en realidad ropa mía y de la nada la gente me empezó a preguntar cuándo la hacía de vuelta".
El crecimiento paulatino del proyecto convirtió la iniciativa en una actividad económica permanente que demandó la búsqueda de prendas para reventa y la apertura posterior de un local comercial. "A los seis meses de estar organizando eventos junté plata para abrir mi local, que ya lleva casi dos años funcionando, donde trabajo junto a Vicky", explicó Carmela sobre la evolución de la propuesta. Ante el incremento constante de público, surgió la necesidad de dar un salto de escala: "Quería irme a un lugar más grande porque los eventos me quedaban chicos para la cantidad de gente que venía, por lo que empecé a buscar inmuebles por todos lados y me topé con esto".
La joven Carmela Bianca y los secretos de la puesta en valor de la casona
El acuerdo alcanzado con el propietario permitió poner en marcha un ambicioso plan de restauración para habilitar el inmueble sin perder su esencia arquitectónica. "El alquiler empezó en marzo y me llevó tres meses hacer toda la remodelación, que básicamente hice como un trato con el dueño del lugar, que es Juan Morelli, el nieto de Alfredo Canónico", reveló Carmela sobre el inicio de las obras. Las tareas abarcaron desde la consolidación estructural hasta el acondicionamiento de los ambientes principales para la exhibición de indumentaria y diseño.
Los desafíos técnicos para devolverle la habitabilidad al edificio demandaron intervenciones complejas en techos e instalaciones de servicios básicos. "Cosas grosas que tuvo que hacer fue el techo, toda membrana nueva porque se llovía mal, e instalación eléctrica porque acá estaban los cables de tela”, detalló Morelli respecto a las prioridades iniciales de la obra. Asimismo, fue necesario realizar el retiro de empapelados originales deteriorados en los muros para revoque y restauración de la mampostería original, respetando aquellos sectores que aún se conservaban en buen estado estructural.
“Los empapelados que ves en estas dos habitaciones son los originales, en la parte donde las paredes estaban bien estructuralmente y no tenían que hacerle revoque ni nada, dije 'bueno, las podemos dejar, si total son lindos'”, aclaró Carmela sobre las decisiones estéticas adoptadas. La intervención incluyó la renovación completa del baño con pisos nuevos y pintura, además de la instalación de una moderna caja térmica de electricidad para alimentar enchufes en todos los ambientes, dado que previamente existía un solo toma corriente operativo en toda la propiedad.
Uno de los trabajos más minuciosos se ejecutó sobre las redes internas de suministro de agua y gas de la cocina. “Le tuve que hacer de nuevo la conexión del gas en la cocina porque tenía todavía las cañerías de hierro de hace millones de años, de cuando tenían hornos a leña”, recuerda Bianca. En ese sector aún se conserva y funciona una heladera de época, testigo de los hábitos domésticos del siglo pasado. La adaptación hidráulica requirió instalar cañerías externas conectadas a una canilla auxiliar ubicada en el área de la cochera para evitar intervenciones destructivas en los techos y paredes del hall principal.
La recuperación de la pinotea histórica representó otro reto artesanal significativo durante la puesta a punto del inmueble. "Estos pisos estaban bastante finitos e inclusive huecos, por lo que no podíamos hacer un plastificado tradicional porque se iban a romper", explicó la nueva y detallista inquilina de la casona. Para devolverle el tono natural a las maderas desgastadas, se aplicó un tratamiento intensivo de limpieza, capa de barniz y lustrado posterior con cera mediante maquinaria especializada, proceso de mantenimiento que se repite antes de cada evento cultural.
Los desafíos del inmueble y la conservación de este patrimonio histórico
Desde el imponente hall central desciende una escalera de madera oscura que conduce hacia la terraza inconclusa, desde donde se aprecian los ventanales de la fachada por el lado de afuera, cuando se los observa desde el interior parece imposible poder tocarlos, pero apreciados desde el techo quedan tan a la mano que inspiran respeto absoluto. La mayoría de las aberturas de la casona mantienen sus vidrios originales y los apliques lumínicos de bronce colocados durante su construcción inicial. La preservación de estos detalles ha sido asumida de forma totalmente privada por la familia y la nueva gestión a cargo de Carmela, manteniendo el valor patrimonial de cada rincón.
A pesar de su valor histórico y arquitectónico, la edificación aún no cuenta con una declaración oficial como patrimonio cultural de la provincia. Juan Morelli reflexionó respecto al gran trabajo y esfuerzo que han realizado para lograr la preservación edilicia. El propietario enfatiza que la prioridad debe centrarse en el sostenimiento de las estructuras de la fachada y los balcones superiores.
Con esta reapertura, el espacio busca consolidarse como un punto de encuentro para el arte y la cultura en Mendoza, manteniendo viva la memoria de los pioneros industriales que moldearon la identidad urbana local.