Presenta:

Crece la preocupación por la salud mental adolescente ante el uso intensivo de redes sociales

Especialistas advierten que el uso intensivo de redes sociales impacta en la salud mental de los jóvenes, con más casos de ansiedad y baja tolerancia a la frustración.

Las plataformas digitales, diseñadas para conectar, funcionan muchas veces como un arma de doble filo. 

Las plataformas digitales, diseñadas para conectar, funcionan muchas veces como un arma de doble filo. 

Canva

En un contexto marcado por la hiperconectividad, la adolescencia se convierte en una etapa especialmente sensible frente al entorno digital. La construcción de la identidad, la autoestima y los vínculos sociales está cada vez más influenciada por el uso cotidiano de redes sociales.

La psicóloga uruguaya Agustina Pérez Gomar, especializada en trabajo con adolescentes, advierte sobre un incremento en problemáticas como ansiedad, depresión y trastornos del comportamiento, en gran parte asociadas al consumo digital.

redes sociales (1)

Comparación, exposición y autoestima en riesgo

Las plataformas digitales, si bien facilitan la comunicación, también instalan modelos de perfección difíciles de sostener. Cuerpos idealizados, vidas editadas y la lógica de validación a través de “likes” generan comparaciones constantes.

Este escenario puede derivar en una percepción distorsionada de uno mismo, afectando directamente la autoestima. “Muchos adolescentes pasan entre cuatro y ocho horas diarias frente a pantallas”, señala Pérez Gomar, lo que intensifica este impacto.

La “cultura de la urgencia” y sus efectos

Uno de los conceptos centrales que plantea la especialista es el de la “cultura de la urgencia”. Se trata de un modelo donde lo inmediato predomina y la espera pierde valor.

Esta lógica reduce la tolerancia a la frustración y favorece conductas impulsivas. Entre las consecuencias más frecuentes aparecen trastornos alimentarios, consumo problemático y autolesiones.

redes sociales

‍‍ El rol de los adultos en la era digital

Frente a este escenario, el acompañamiento adulto se vuelve fundamental. Aunque la brecha generacional puede dificultar el vínculo, la presencia de padres y cuidadores sigue siendo clave.

Generar espacios de diálogo, escuchar sin juzgar y establecer límites claros pero flexibles son herramientas esenciales para fortalecer la salud emocional de los adolescentes.

Un cambio necesario: volver a lo humano

Para Pérez Gomar, el desafío es cultural. “Tenemos que volver a poner en valor lo real: mostrarnos vulnerables, equivocarnos, pedir ayuda”, sostiene.

En un entorno atravesado por lo digital, la comunicación empática y los vínculos genuinos aparecen como pilares indispensables para acompañar a los jóvenes en una etapa tan compleja como decisiva.