Café y té bajo la lupa científica: cuántas tazas al día podrían ayudar a reducir el riesgo de demencia
Un estudio de seguimiento a largo plazo vincula el consumo moderado de café y té con menor deterioro cognitivo y mejor salud cerebral.
Una ingesta moderada de café o té reduce el riesgo de demencia.
ShutterstockEl consumo habitual de café y té vuelve a ubicarse en el centro del debate científico, esta vez por su posible rol en la prevención de la demencia y el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento. Un extenso estudio publicado en The Journal of the American Medical Association (JAMA) sugiere que una ingesta moderada de estas bebidas podría contribuir a preservar la función cerebral a lo largo del tiempo.
La investigación, liderada por la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard, analizó datos de más de 131.800 personas seguidas durante un período de hasta 40 años, lo que la convierte en uno de los trabajos más amplios y prolongados realizados hasta el momento sobre esta temática.
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Qué dice el estudio sobre el café, el té y la salud cerebral
Según los resultados, las personas que consumieron entre dos y tres tazas de café con cafeína al día, o entre una y dos tazas de té, presentaron un menor riesgo de desarrollar demencia, además de un retraso en el deterioro cognitivo y una mejor preservación de la función cerebral.
El trabajo fue liderado por el investigador Daniel Wang, quien explicó que, si bien el impacto individual es moderado, el consumo diario de estas bebidas podría considerarse una intervención dietética prometedora dentro de un enfoque preventivo más amplio frente a las enfermedades neurodegenerativas.
El rol de la cafeína y los compuestos bioactivos
Uno de los hallazgos centrales del estudio es la identificación de la cafeína como el principal componente asociado a los beneficios observados. Tanto el café como el té contienen polifenoles y otros compuestos bioactivos con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, capaces de reducir el daño celular y proteger las neuronas frente al envejecimiento.
En contraste, el café descafeinado no mostró efectos protectores significativos, lo que refuerza la hipótesis de que la cafeína desempeña un papel clave en los mecanismos neuroprotectores. No obstante, los autores aclaran que aún se requieren más investigaciones para comprender con precisión cómo actúa esta sustancia en el cerebro a largo plazo.
Un seguimiento inédito por su duración y alcance
A diferencia de estudios previos, que habían detectado asociaciones similares pero con períodos de observación más acotados, esta investigación se destacó por su seguimiento prolongado, que permitió evaluar el impacto del consumo sostenido de café y té a lo largo de varias décadas.
Durante el análisis, los especialistas evaluaron la dieta de los participantes, la aparición de demencia, el deterioro cognitivo subjetivo y distintas mediciones de función cerebral. En total, 11.033 personas desarrollaron demencia durante el período de seguimiento.
Los resultados indicaron que quienes consumían café con cafeína redujeron en un 18% el riesgo de demencia y en un 7,8% el deterioro cognitivo, en comparación con quienes declararon un consumo escaso o nulo. Los bebedores habituales de té mostraron efectos protectores de magnitud similar.
Cuántas tazas son recomendables, según la evidencia
El estudio también permitió identificar una franja de consumo óptimo. Los beneficios cognitivos fueron más notorios entre quienes bebían dos a tres tazas diarias de café con cafeína o una a dos tazas de té. Superar esas cantidades no generó efectos adversos, aunque tampoco incrementó de manera significativa los beneficios observados.
Esto sugiere que no es necesario un consumo elevado para obtener un posible efecto protector, sino que la regularidad y la moderación serían los factores clave.
¿Funciona incluso en personas con riesgo genético?
Otro aspecto relevante del trabajo fue la evaluación de participantes con predisposición genética a desarrollar demencia. Según explicó el investigador Yu Zhang, los resultados fueron similares tanto en personas con alto como con bajo riesgo genético, lo que refuerza la consistencia de los hallazgos.
Sin embargo, los autores subrayan que el café y el té no constituyen una solución aislada. “El efecto es modesto y existen otras estrategias fundamentales para proteger la función cerebral a medida que envejecemos”, advirtió Wang, en referencia a hábitos como la actividad física, una alimentación equilibrada, el control de factores cardiovasculares y la estimulación cognitiva.
Un aporte más en la prevención del deterioro cognitivo
En un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de los casos de demencia a nivel mundial, este estudio aporta evidencia sólida sobre el rol que pequeños hábitos cotidianos pueden tener en la salud cerebral a largo plazo. Si bien no reemplaza otras medidas preventivas, el consumo moderado de café o té se suma a la lista de prácticas que podrían contribuir a un envejecimiento cognitivo más saludable.



