Presenta:

Los sociales de una nueva movida que es tendencia: cafecito en la mañana, vinito al atardecer

Se puede tomar el té con delicatessen, pero a la caída del sol, una divertida degustación y ricas tapas. Cómo es esta nueva onda que estalló en el Bombal. ¡Mirá las fotos del sociales!
No te pierdas la galería de fotos, al final de la nota. Foto: Maru Mena/MDZ
No te pierdas la galería de fotos, al final de la nota. Foto: Maru Mena/MDZ

Se trata de una zona en donde en las mañanas hay oficinas, estudios de abogados y contadores, comercios y residencias. El café de especialidad, las delicias para desayunar, los brunch y los almuerzos frugales son el caballo de batalla de muchos de los negocios que coexisten.

Pero en la zona del Bombal, en Fidelio Coffee & Wine se creó un nuevo ambiente: es que este petit place se volvió escenario de una experiencia sensorial. Con luces bajas, una mesa larga y el murmullo justo, se organizan degustaciones  guiadas, en este caso, por el sommelier Ignacio Carrión, quien condujo un recorrido por cuatro etiquetas de Bodega Riccitelli, en una noche donde los sentidos fueron protagonistas.

La propuesta incluyó dos blancos y dos tintos, servidos en un orden pensado para acompañar la progresión del tapeo, que arrancó con un juego de texturas: jamón crudo, roquefort y tomates cherry. Después llegaron las empanadas (de pollo, jugosas y bien condimentadas), seguidas por una carne a la olla que hablaba por sí sola. El broche de oro fue dulce, aunque nadie le robó el protagonismo al vino que se lo trató como lo que era, la estrella de la noche.

Más allá del disfrute inmediato, el encuentro tuvo un valor especial. La presencia de la Bodega Riccitelli no fue casual. La noche coincidió con el reciente reconocimiento que recibió Riccitelli Bistró, su restaurante ubicado en Las Compuertas, Luján de Cuyo. Bajo la dirección del chef Juan Ventureyra: el espacio obtuvo no una, sino dos estrellas Michelin: la roja (por su excelencia gastronómica) y la verde (por su compromiso sustentable). 

En ese marco, la cata fue algo más que una actividad enológica. Fue una pequeña celebración de la tierra, del vino y de todo lo que implica una distinción internacional. La atmósfera fue acompañando, entre botellas apiladas hasta el techo y la conversación que fluía entre sorbos. Y sí, hubo brindis, pero sin discursos rimbombantes. Más bien, el tipo de brindis que uno hace cuando siente que está en el lugar y momento justos.

No te pierdas nuestra galería de fotos: