Funeral de la reina Isabel II: la increíble historia del broche que llevó la princesa Charlotte
La princesa Charlotte asistió al funeral de la reina Isabel II con un broche prendido en su abrigo lleno de significado y sentimiento. De hecho, la monarca recién fallecida había dejado escrito con qué joyas debía ser enterrada porque para ella estos objetos valiosos contenían un valor sentimental inmenso. Conozcamos la historia de esta simple y radiante joya.
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El broche que homenajeó a la reina Isabel II
Era muy conocido el amor de la reina Isabel II, y de todo el pueblo británico, por los caballos y el universo ecuestre. Por eso, el broche en forma de herradura apareció en la solapa de la pequeña princesa Charlotte de 7 años como un guiño a la figura de la monarca.
Con sombrero negro y completamente vestida de luto, la niña quiso llevar un elemento que otorgara un poco de luz a su look y por eso eligió el broche más simbólico.
La pieza fue un regalo que su alteza le hizo a su bisnieta, quien compartía su amor por los caballos. El aplique había sido de ella por herencia de su reina madre, la tatarabuela de la pequeña. Y ésta lo había recibido como presente de su suegra, la reina María Teck en 1920.
Isabel adoraba regalar joyas y estas tradiciones para ella eran gestos de puro amor cargados de sentido. Y por eso la niña eligió lucir el accesorio ese día, para decirle adiós a través de lo que ambas anhelaban: el amor por los caballos.
Las joyas que se vieron en el funeral: también hubieron otros guiños en el último adiós
Muchos ojos en el mundo tenían la mirada puesta en la Abadía de Westminster, aquel 19 de septiembre cuando se realizó el funeral de la reina Isabel II. Por ello a pocos se les escapó la cantidad de rituales y pequeños homenajes que las mujeres de la familia le dedicaron a la monarca.
La nueva princesa de Gales, Kate Middleton, lució una gargantilla de perlas y pendientes largos a juego de la colección personal de la monarca. El gesto de homenaje fue imitado por Meghan Markle, quien eligió los pendientes que la reina le había obsequiado el día de su boda con el príncipe Harry.

