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Waiver asegurado y dólares en camino: qué espera el Fondo Monetario de Javier Milei para 2026

La misión técnica dio señales positivas sobre las metas fiscales y monetarias, pero dejó observaciones por reservas, tipo de cambio y presión inflacionaria.

Javier Milei y Kristalina Georgieva Foto: Noticias Argentinas
Javier Milei y Kristalina Georgieva Foto: Noticias Argentinas

No habrá sorpresas y el ejercicio 2025 quedará aprobado. Los técnicos comandados por el venezolano Luis Cubeddu terminaron su misión fiscalizadora el jueves de la semana pasada, luego de reunirse con discreción máxima con los funcionarios especializados tanto del Ministerio de Economía como del Banco Central. Los encargados del caso argentino dentro del Fondo Monetario (FMI) partieron hacia la sede del organismo en Washington para encarar el paso final de su fundamental tarea en este primer trimestre de 2026: terminar de escribir el informe final sobre la fiscalización de los números y porcentajes correspondientes al cumplimiento de las metas y objetivos del primer año del acuerdo de Facilidades Extendidas firmado en abril de 2025.

Ahora se sentarán en sus escritorios, se concentrarán en las pantallas y redactarán el informe de recomendación para que el país reciba los aproximadamente US$1.005 millones correspondientes al próximo desembolso del Fondo Monetario Internacional. Solo habrá cuestionamientos por no haber aumentado reservas durante 2025, lo que ameritará un waiver. Algo que, se sabe, ya está contemplado desde el segundo semestre del año pasado, cuando los movimientos más ideológicos que técnicos del Gobierno de Javier Milei apuntaban a la espera de una caída del precio del dólar como condición para comprar divisas y mejorar la performance del Central.

Nada de eso sucedió y la tercera meta pactada con el FMI quedó incumplida. Sin embargo, el sobrecumplimiento de las otras dos (la no emisión y, especialmente, la aplicación de ajustes mixtos para llevar a un nuevo año de superávit fiscal en 2025 y por segundo año consecutivo) son argumentos suficientes como para ganarse el waiver. Y así será.

Si se da lo que todos esperan, en algún momento de marzo el dinero estará siendo girado. Y, luego de algunos asientos contables, terminará reforzando las reservas de la entidad que maneja Santiago Bausili.

La semana fiscalizadora de los hombres de la Dirección General para el Hemisferio Occidental del FMI, que circularon por los despachos oficiales de Buenos Aires, coincidió, quizá, con los mejores tiempos políticos y económicos del gobierno de Javier Milei. La misión del organismo que maneja Kristalina Georgieva vio cómo el BCRA, ahora sí, está cumpliendo (y con creces) con la política de compra de dólares por parte del Central, en un promedio esta semana de más de 100 millones de dólares, superando la meta de US$2.000 millones en el año. Si se tiene en cuenta que el objetivo para 2026 es sumar unos US$10.000 millones totales, y que aún resta el período de mayor tonelaje de liquidación sojera y aceitera (de fines de marzo a comienzos de junio), es de esperar que este año el Gobierno cumpla la meta pactada, o se acerque bastante. Como el FMI no es vengativo ni mucho menos, no habrá cuestionamientos sobre por qué este año se respeta el ritmo de compra de divisas y en 2025 se ignoró. Nada de eso. La mirada retrospectiva no es tarea del FMI, más si se considera que la política de compra de divisas es parte de un cambio de paradigma en el quinto piso del Ministerio de Economía.

Los técnicos del FMI vivieron en vivo y en directo cómo el Gobierno de Javier Milei lograba la mayor victoria político-económica de su gestión, al dar el Senado media sanción a la ley de Modernización Laboral, un terreno donde fracasaron gobiernos como el de Raúl Alfonsín (ley Mucci), Carlos Menem (que, pese a los mitos, nunca pudo aprobar avances serios en materia de flexibilización laboral), Fernando de la Rúa (ley Banelco) y, ni hablar, Mauricio Macri, que nunca pudo siquiera acercarse al Congreso Nacional para una legislación de este tipo.

Probablemente Cubeddu y su gente quedaron asombrados por el título del momento: el Gobierno logró una reforma permanentemente reclamada gestión tras gestión por el FMI y archivada constantemente como un inevitable y clásico fracaso político. No importa que el texto se haya licuado casi en un 50%. Mucho menos el concepto de que, por sí misma, una modernización laboral no crea empleo ni mucho menos hace que la economía crezca. Pero, políticamente, Milei les está demostrando a los visitantes del FMI que él hizo pie donde otros trastabillaron. O ni siquiera pudieron pisar ese resbaloso parquet.

Ambos logros estarán en el informe de Cubeddu y compañía. Y serán los apoyos sobre los que se basará la recomendación hacia el Board del FMI para que el caso argentino y las Facilidades Extendidas vigentes tengan el voto positivo de ese directorio. La reunión probablemente quede cerrada en la primera semana de marzo y el dinero comprometido para el país (los US$1.003 millones) llegue antes de que termine el primer trimestre del año.

Sin embargo, hay dos capítulos que Cubeddu y su gente se llevan en sus notebooks como preocupaciones hacia Washington. Curiosamente, no es la gran polémica con la que convivieron en su estadía en Buenos Aires. La intervención sobre el cronograma comprometido para aggiornar la medición del Índice de Precios al Consumidor (IPC), una modificación que ya había sido consensuada por el organismo, estalló mientras los visitantes circulaban por el quinto piso. Pero, al parecer, fue explicada por funcionarios influyentes que pudieron atajar a tiempo una eventual embestida de Cubeddu y su gente. Eventualmente, solo habrá reprimendas camufladas y una oportunidad para que Economía muestre que el cambio es temporal.

En el primer caso, se debe recordar que el FMI es fan (tiene argumentos) de impulsar una revaluación real del dólar contra el peso de un 20%, tomado como un porcentaje real, esto es, por arriba de la inflación acumulada durante 2026. Tiene que ver con la visión que desde el organismo se tiene sobre los problemas de competitividad del país y replica el análisis que desde Washington se concluyó sobre la economía argentina de 2025. Según el Fondo Monetario, el ejercicio pasado el tipo de cambio real debería haber mejorado un 20% y finalmente lo hizo en un 13%. El requerimiento se replicó para 2026, algo que no se está cumpliendo. De hecho, el problema es al revés. Desde que comenzó el año, el dólar oficial pasó de los 1.495 pesos a pelear los 1.400, lo que implica una pérdida de aproximadamente un 5%. Si se corrige el dato por inflación acumulada (esperada) para el primer bimestre, el comienzo de año coloca la variable con un negativo de casi 8% contra la visión del FMI. Dicho de otra manera, el dólar, para el Fondo, debería estar peleando arriba de los 1.500 pesos y no cotizar cerca de los 1.400 pesos como en estos días.

El otro problema radica en la recaudación impositiva y su desvío contra la inflación. En enero se registró el sexto mes consecutivo de aumento de los ingresos tributarios por debajo del incremento del Índice de Precios al Consumidor (IPC), algo que, se sabe, irrita y mucho a los técnicos del organismo, que por manual interno siempre esperan que la recaudación sea positiva y real contra el alza de los precios. La variable se sostiene en un peligroso rojo de entre 5% y 7% desde noviembre, resultado que parece que continuará hasta, al menos, marzo para luego comenzar a corregirse. O al menos eso es lo que se espera.

En principio, el FMI fue prudente en tiempos difíciles para plantear el problema. Básicamente no se lo mencionó en 2025, sobre todo en los primeros días de este año, cuando los números de ingresos tributarios correspondientes al ejercicio anterior manifestaban preocupación. El problema se agravó al conocerse también el resultado final de la inflación de diciembre de 2025, que se ubicó en un muy molesto 2,8%, nivel que en un porcentaje algo menor se repetiría en enero (dato que se conocerá el próximo martes). Este nivel porcentual, lejos de favorecer la corrección de la recaudación contra la inflación, profundiza el problema y lo coloca en un nivel que retrasa la recuperación. Y, para que quede claro, para el FMI, así como debe haber superávit fiscal, también la recaudación deberá estar por arriba del IPC y con la mayor brecha posible. Obviamente, es una orden que no se está cumpliendo.

En definitiva, y sobre este último punto, es muy difícil que el FMI avale para este 2026 una importante reforma impositiva que implique eliminaciones de tributos, algo que la economía argentina pide a gritos y que para algunos debería haber sido la prioridad luego de la victoria de octubre del año pasado, incluso antes que la reforma laboral.