Suben los rendimientos en dólares: cómo funciona el "nuevo" plazo fijo que gana terreno
Con tasas más altas y condiciones puntuales, algunas entidades reactivaron el interés por inmovilizar dólares a cambio de un rendimiento.
Los dólares en un plazo fijo, puede ser una gran alternativa para los ahorristas en el 2026.
ShutterstockEl cierre de 2025 dejó una postal inesperada para muchos ahorristas: volvió la competencia por el plazo fijo en dólares. No se trata de un fenómeno generalizado, pero sí lo bastante visible como para marcar tendencia. En varias entidades grandes aparecieron tasas más ambiciosas que las habituales.
Y eso empujó a un público que venía conservando billetes fuera del circuito a reconsiderar su estrategia. El mensaje es directo: si dejás los dólares quietos un tiempo largo, el banco está dispuesto a pagarte más.
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Tasas más altas de los bancos, pero no para cualquiera
La letra chica define casi todo. La mejora fuerte se concentra en los depósitos extensos, con un año como referencia dominante. En ese tramo, Banco Macro, BBVA y Banco Nación muestran una propuesta similar: alrededor de 5% anual si el dinero queda colocado durante 365 días. Hay un caso que rompe el molde por el plazo: Galicia ofrece una tasa menor, cerca de 2,47% anual, pero habilita una opción desde 180 días. Del otro lado del mostrador están bancos que, al menos por ahora, no se suben a la carrera. Santander y el Banco Provincia de Buenos Aires mantienen rendimientos muy bajos, que se mueven en un rango aproximado entre 0,05% y 0,3% anual, sin importar cuánto tiempo se deje el depósito.
Además del plazo, aparece otra condición repetida: el canal de operación. En varios casos, la tasa “mejorada” está atada a la constitución del plazo fijo por internet. Home banking y web se volvieron la puerta de entrada a ese rendimiento. No es casualidad. Las entidades buscan que el cliente opere sin sucursal, con menos costos y más automatización. En la práctica, la ecuación queda así: cuanto más largo el compromiso y más digital el trámite, más chances de acceder a un porcentaje superior.
La razón de fondo: liquidez para prestar a exportadores
El salto de tasas no es un gesto de generosidad. Responde a un objetivo: captar divisas para fortalecer la caja en moneda extranjera y poder otorgar crédito en dólares a sectores que facturan en esa misma moneda. En especial, empresas exportadoras y pymes con necesidades de financiamiento ligadas a ciclos productivos, compras de insumos o capital de trabajo. Algunos economistas remarcan que no todos los bancos ven atractivo el negocio y que la movida se concentra en jugadores puntuales.
Otros agregan factores de contexto: el empuje de Banco Nación en la suba de rendimientos y el impacto de iniciativas oficiales orientadas a que los dólares vuelvan al sistema. También se menciona un cambio de clima tras el vencimiento de ciertas penalidades vinculadas a esquemas anteriores de regularización, lo que podría haber liberado decisiones de ahorro que estaban en pausa.
Los números que se manejan explican por qué el tema ganó volumen. El stock de plazos fijos en dólares habría arrancado 2025 apenas por debajo de los 4.000 millones y cerró el año cerca de 8.218 millones. En paralelo, el total de depósitos en moneda extranjera ya superaría los 35.000 millones, en un máximo histórico. Esos datos muestran una tendencia clara: más gente volvió a llevar divisas al banco, ya sea por oportunidad de rendimiento, por mayor previsibilidad cambiaria o por una combinación de ambos factores.
Aun con el repunte, el debate sigue abierto. Si la estabilidad cambiaria se consolida, algunos analistas creen que el crecimiento de estos depósitos podría frenarse o incluso perder fuerza. En ese escenario, vuelven a aparecer alternativas: instrumentos en pesos para inversores que buscan rendimiento real y, para quienes aceptan más riesgo, emisiones de deuda corporativa en dólares (como obligaciones negociables) que compiten por el mismo ahorro. La conclusión, por ahora, es una: el plazo fijo en dólares dejó de ser un producto “dormido” y volvió a la conversación, empujado por tasas que, en ciertos bancos y plazos, se volvieron difíciles de ignorar.


