Sobrevivir en Argentina: si el sufrimiento forja el carácter, entonces ya somos todos héroes
Entre la filosofía antigua y la crisis cotidiana, una mirada sobre Argentina donde resistir exige algo más que controlar el sufrimiento del mundo interior.
Para muchos trabajadores precarios la reforma laboral no cambia nada, porque si nunca tuvieron derechos formales, cambiar las reglas del juego formal no los afecta, están fuera del juego.
Archivo.Marco Aurelio escribió sus Meditaciones en los márgenes de una guerra. Epicteto las dictó desde la esclavitud. Séneca las pulió en el exilio. Los tres coincidían en una idea central: el sufrimiento externo no puede doblarte si tenés el dominio de tu interior. Una promesa hermosa. Una promesa que, sin embargo, nadie escribió pensando en llegar a fin de mes en Argentina.
En la filosofía estoica hay algo real, algo que funciona, que te da un ancla cuando el mundo gira demasiado rápido. Pero hay un momento, en medio de la inflación, del desempleo, de la pobreza que llegó al 28% según los últimos datos, en que la distancia entre el manual y la vida se vuelve abismal.
"Ocúpate de lo que depende de vos y suelta lo que no". La frase es perfecta. Filosóficamente impecable. Pero cuando lo que no depende de vos es el precio del pan, el sueldo que no alcanza, la empresa que cerró, el hijo que no consigue trabajo, ¿qué hacés con esa máxima? ¿La enmarcas y la ponés en la pared? ¿La usás para sentirte mejor mientras la heladera se vacía?
El estoicismo fue pensado para ciudadanos romanos con cierto margen de libertad, para esclavos con una filosofía de bolsillo, para emperadores con recursos pero con guerras internas. No fue pensado para el empleado informal que cobra en negro, que no tiene obra social, que si lo echan no tiene ART, ni indemnización, ni nada.
No fue pensado para la familia del conurbano que hace tres meses que no llega a fin de mes y ya agotó el crédito en la cooperativa del barrio. No digo que el estoicismo sea inútil. Digo que tiene un límite cuando lo externo ya no es simplemente "incómodo" sino directamente aplastante.
Llegar a fin de mes
Séneca tenía razón en un punto. Es fácil desear poco cuando tenés mucho. Es una virtud más accesible cuando el problema no es el deseo sino la carencia real. Cuando un trabajador desea tener calefacción en invierno, o que su hijo tenga zapatillas, no está siendo codicioso. Está siendo humano.
El drama argentino no es filosófico. Es estructural. Tenemos un desempleo que ronda el 7% en los datos oficiales, pero que en términos reales, sumando la informalidad y el subempleo, se multiplica. Tenemos una pobreza que afecta a casi de un tercio de la población. Tenemos una reforma laboral que promete flexibilización pero que para muchos trabajadores precarios no cambia nada, porque si nunca tuviste derechos formales, cambiar las reglas del juego formal no te afecta. Estás fuera del juego.
Desempleo en el 7%
Entonces, ¿qué arte es posible acá? ¿Cuál es la filosofía de los que sobreviven? La respondo con honestidad. No con optimismo de consultora de autoayuda. El arte de sobrevivir en Argentina es una mezcla brutalmente práctica de creatividad, resignación táctica y solidaridad informal.
Es saber cuándo comprar el dólar y cuándo no. Es la vecina que te cuida los chicos mientras trabajás sin poder pagar una guardería. Es el almacenero que te fía cuando todavía no cobró nadie. Es una red tejida a mano, sin Estado, sin contrato, sin derechos escritos. Y eso también es filosofía. Una filosofía que no está en los libros. Que no tiene nombre griego. Pero que tiene una dignidad enorme.
Marco Aurelio decía que cada obstáculo se transforma en el camino. Que lo que nos frena, bien usado, se convierte en impulso. En Argentina esa idea tiene una versión criolla y más dura: de lo que hay, se hace. No como conformismo. Como pragmatismo de supervivencia.
Practico el estoicismo en la medida en que puedo. Me ayuda a no perder la calma cuando un expediente se traba, cuando un cliente no puede pagar, cuando el sistema colapsa una vez más. Me da perspectiva. Pero no me hace ciego a lo que le pasa al trabajador que llega a mi estudio y me dice que lo despidieron sin causa, que tiene tres hijos, que no sabe cómo va a hacer. Ese hombre no necesita filosofía. Necesita un juicio ganado. Necesita cobrar lo que le corresponde. Necesita que el derecho funcione.
El estoicismo me enseña a manejar lo que siento frente a eso. No a ignorar que existe. Hay una tensión real entre el arte de vivir que prometen las filosofías antiguas y el arte de sobrevivir que exige la Argentina contemporánea. Esa tensión no se resuelve con más estoicismo ni con más política económica sola. Se resuelve cuando el Estado cumple su parte, cuando el derecho del trabajo es real y no decorativo, cuando el trabajador informal tiene una salida hacia la formalidad y no al revés.
Hasta entonces, el arte de sobrevivir seguirá siendo el más practicado en este suelo. No por vocación. Por necesidad. Y los que lo practican merecen más que una cita de Epicteto. Merecen condiciones dignas de vida en este bendito país.
* Juan Pablo Chiesa es abogado especialista en Derecho del Trabajo y Políticas Públicas de Empleo · Magíster en IA Aplicado a la Justicia.



