Sin empresas no hay país: las grandes olvidadas del desarrollo argentino
El país presenta una limitada cantidad de empresas por habitante. La consecuencia es el bajo empleo formal y para el gobierno, menos recaudación.
Necesitamos un cambio cultural y político que reconozca que las Pymes no son el problema, sino la solución.
Archivo MDZLa República Argentina atraviesa una paradoja peligrosa: se debate sobre cómo crecer, cómo sostener el sistema previsional, cómo mejorar los salarios y cómo combatir la pobreza, sin poner al verdadero motor: las empresas. En Argentina, las empresas no crecen, se estancan y desaparecen. Es un elefante en la habitación que pocos quieren mirar, pero los números son contundentes.
La densidad empresarial es un dato que incomoda. Según estadísticas recientes, Argentina tiene apenas 12,1 empresas cada 1.000 habitantes.
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La comparación preocupa:
- México tiene 40.
- Chile está en torno a 50.
- La Unión Europea promedia unas 72 empresas cada 1.000 habitantes.
- Y países como España o Italia superan las 80.
La diferencia no es menor. Refleja cuánto músculo productivo tiene una sociedad para generar empleo, valor agregado y oportunidades. En nuestro caso, el músculo está atrofiado.
Y lo más grave: esta baja densidad se ha mantenido casi constante en los últimos 20 años, incluso cuando la población creció un 20%. Es decir, hay más gente, pero no hay más empresas. Hay más necesidad de empleo, pero menos generadores de empleo.
El costo de no tener suficientes empresas
¿Y por qué debería importarnos este dato? Porque sin empresas no hay empleo privado. Y sin empleo privado se presenta la siguiente situación:
- No hay mejora genuina de ingresos.
- No hay recaudación sólida que sostenga el Estado.
- No hay sistema previsional viable.
- No hay innovación, ni exportaciones, ni valor agregado.
- No hay salida estructural a la pobreza.
Es así de simple. No se trata solo de cantidad: se trata de condiciones para que más argentinos se animen a crear y sostener empresas, y que éstas puedan crecer, invertir y contratar.
¿Por qué nadie quiere emprender en Argentina?
La respuesta corta es: porque es una odisea.
- Sistema laboral tóxico: los juicios laborales se han transformado en una lotería donde el empleador, sobre todo el pequeño, siempre pierde. En muchos sectores, el miedo a contratar es mayor que la necesidad de crecer.
- Complejo fiscal laberíntico: decenas de impuestos, anticipos, retenciones, percepciones y regímenes especiales hacen del cumplimiento impositivo una tarea titánica. Y lo más injusto, el informal queda afuera, el grande lo sobrevive, y el chico se funde.
- Burocracia estatal paralizante: abrir, operar o cerrar una empresa es un proceso lento, caro e incierto. Hay provincias donde pedir una habilitación comercial lleva más tiempo que construir el local.
- Costo financiero inabordable: crédito caro o inexistente. Las tasas activas que enfrentan las pymes en Argentina no tienen nada que ver con las que se ven en países vecinos, ni hablar del mundo desarrollado.
- Inflación, reglas cambiantes y falta de horizonte: cuando no sabés cuánto va a valer tu mercadería o tu insumo la semana que viene, es muy difícil planificar. Y sin previsibilidad, no hay inversión. Si bien la inflación ha sido controlada todavía sigue siendo alta y la volatilidad de la relación de peso versus el dólar y las tasas, pareciera que otra vez el negocio es solo financiero.
Entonces, ¿quién se atreve a emprender en este contexto? ¿Quién decide poner su patrimonio, su tiempo y su energía en juego para crear una pyme?. Los que lo hacen son héroes. Pero cada vez son menos.
Pymes: en boca de todos, en manos de nadie
Todos los gobiernos —de todos los colores— dicen que las pymes son la columna vertebral del país. Es cierto. Representan el 99% de las empresas activas y generan el 70% del empleo privado. Pero más allá de los discursos, no hay una estrategia nacional seria para el desarrollo pyme. Las pymes no piden subsidios eternos ni favores especiales. }
Piden cosas básicas:
- Seguridad jurídica.
- Estabilidad macro.
- Sistema fiscal razonable.
- Apoyo a la formalización.
- Financiamiento real para crecer.
Pero en la práctica, siguen desprotegidas. Sin representación política real. Sin peso gremial organizado. Sin una voz potente en la mesa donde se discuten las reglas del juego.
Desde el Movimiento Nacional Pyme, se viene trabajando hace cinco años —a través de sus 82 mesas federales— en la promoción de una “Ley Integral Pyme”, que impulse un verdadero marco de desarrollo diferencial al de las grandes empresas. Porque no es lo mismo.
Toda pyme debería tener la oportunidad de crecer, escalar y globalizarse. En muchos países de la región existen hoy multinacionales locales, simplemente porque hubo un ecosistema que acompañó ese proceso. ¿Por qué no puede pasar eso en Argentina? El camino natural debería ser de micro a pequeña, de pequeña a mediana, y finalmente, a grande. Una gran autopista donde acelerar no esté prohibido, sino alentado.
Un país sin empresarios no tiene destino
La discusión no puede seguir girando únicamente en torno al gasto público, el déficit fiscal o la emisión monetaria. Esas variables son importantes, sí. Pero la pregunta estructural es otra: ¿quién genera valor en la economía? ¿Quién arriesga, innova, contrata, exporta, invierte?
Esa respuesta tiene nombre: el empresario. El emprendedor. La pyme.
No puede haber un Estado fuerte sin un sector privado vigoroso. No puede haber movilidad social ascendente sin generación de empleo formal. No puede haber un sistema de jubilaciones sostenible si no hay trabajadores registrados, y para eso hacen falta empleadores. Y eso no se soluciona con slogans. Se soluciona creando condiciones concretas para que haya más empresas, más emprendedores y más inversión privada.
Conclusión: prender la alarma antes de que se apague la llama.
Si no se revierte esta tendencia, el país seguirá empobreciéndose. Porque un país sin empresas es un país sin futuro. Cada nueva empresa que nace debe ser celebrada. Cada pyme que sobrevive merece ser cuidada. Cada emprendedor que apuesta por producir en Argentina debe recibir el respaldo del Estado, no el castigo del sistema.
Es hora de que el arco político, sindical, empresario y académico se saque las anteojeras ideológicas y abrace un nuevo consenso: sin empresarios, no hay país.
Y sobre todo, sin las pymes… no hay salida.
* Alejandro Bertin, empresario pyme.


