El agro ante una semana de definiciones: incentivos a las inversiones, avance con la UE y alerta por el clima
En medio de la sanción del RIMI y la aprobación del acuerdo comercial con Europa, la agroindustria enfrenta desafíos urgentes.
Si bien el Gobierno lo tenía claro, ni la opinión pública, ni el propio sector agropecuario esperaban que, por ley, se aprobara un sistema que igualara a las pequeñas empresas, con las grandes, disponiendo también de medidas de aliento para las inversiones.
Y es lo que ocurrió con el surgimiento del RIMI (Régimen de Incentivo a las Medianas Inversiones), que pega de lleno en la agroindustria debido a su composición, y que se encuentra dentro de la nueva Ley de Trabajo sancionada el pasado viernes, y está proyectado a las pequeñas y medianas inversiones de todos los sectores.
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La medida, que dura dos años, quedó enmascarada en la nueva Reforma Laboral, y dispone de una serie de incentivos a las inversiones que van desde el reconocimiento de “persona jurídica” (lo que habilita a todos los tipos de empresas pequeñas y medianas del sector), hasta la amortización acelerada del Impuesto a las Ganancias; la deducción más rápida de las inversiones que se realicen, la devolución automática de los IVAs (y su posibilidad de aplicarlos a otros pagos); o el pago de Ganancias sobre la hacienda en el momento de la venta (y no por la mera tenencia), entre otras varias herramientas, que incluyen hasta una baja significativa del IVA para el costo de energía.
Define, también, 4 categorías a partir de inversiones de U$S 150.000; de U$S 600.000; de U$S 3,5 millones, y de U$S 9 millones aunque, tal vez, tan importante como todo lo anterior es que “los beneficios del RIMI no podrán ser afectados por incrementos en las alícuotas de los impuestos nacionales, ni por la creación de nuevos tributos que graven la inversión durante el período de adhesión”, lo que pasa a otorgar una estabilidad imprescindible, por ejemplo, para el campo donde buena parte de las inversiones son de mediano y largo plazo.
Con los ojos en los mercados
Sin duda no fueron días calmos. A los escándalos de diverso tipo se sumaron las sanción de leyes clave que, en el caso de la agroindustria, incluyeron la Reforma Laboral que “modificó la subcontratación y cesión, estableciendo la relación directa con quien registre la relación laboral y limitando la responsabilidad solidaria. Al tiempo que se asegura la temporalidad de contratos temporarios sucesivos, y se amplía el período de prueba a ocho meses”, explicó Agricultura.
La cartera destacó, además, que “quedaron eliminadas las remuneraciones mínimas, fijadas por la Comisión Nacional de Trabajo Agrario, llevándolas a la ley de convenciones colectivas, incluyendo la remuneración por rendimiento. Y se estableció la compatibilidad entre trabajo rural temporario y las prestaciones sociales, garantizándose así la continuidad en la percepción de asignaciones familiares, entre otros beneficios para fomentar el trabajo y adaptar la normativa laboral a las dinámicas actuales del campo”.
Simultáneamente, también se aprobó en el Congreso el Acuerdo de la Argentina con la Unión Europea, que también confirmó Uruguay, quedando pendientes Paraguay y Brasil, aunque esto no impediría que se pusiera en marcha, mientras tanto, la parte transitoria -el ITA- que abarca todo el comercio, lo que debería ocurrir en las próximas semanas, excepto que surja algún otro "cisne negro" en Europa, como la derivación que ya tubo al Superior Tribunal de Justicia comunitario.
Pero los productores están, por el momento, más abocados al clima, debido al retorno de las altas temperaturas, y la falta de lluvias que volvieron a dejar al corazón de la Pampa Húmeda, prácticamente sin reservas en el suelo, especialmente en la jaqueada provincia de Buenos Aires.
Así, mientras ya se completaron las siembras de verano, y gracias a las lluvias de febrero, los cultivos se preparan para la cosecha que en el caso del girasol (que va a ser récord) ya alcanzó al 30%, mientras que se inició la de maíz.
Pero los desvelos no paran ahí, ya que los nuevos conflictos bélicos que se dispararon durante el fin de semana, no solo pueden alterar significativamente los precios (y no solo del petróleo), sino también los flujos de comercio, debido a la zona estratégica para la logística en la que están ocurriendo los enfrentamientos.

