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Salud en 2025: eficiencia, tecnología y disciplina financiera

El sector salud atravesó en 2025 un reordenamiento profundo, con foco en eficiencia operativa, tecnología estratégica y una visión financiera de largo plazo rumbo a 2026

Mirando hacia el futuro, la lección que nos deja el último año es contundente: crecer sin orden no es crecer.

Mirando hacia el futuro, la lección que nos deja el último año es contundente: crecer sin orden no es crecer.

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El año 2025 quedará marcado en la cronología del sector salud argentino como un período de reordenamiento profundo. En un escenario definido por restricciones financieras y exigencias macroeconómicas, el mercado no se detuvo, sino que maduró: se volvió más selectivo y profesional.

Ya no estamos ante un modelo de compras reactivas, sino frente a una lógica de priorización estratégica donde la eficiencia operativa de hospitales y clínicas es la variable que define la viabilidad del negocio. Esta transformación impulsó una reconfiguración del financiamiento del sistema. Las instituciones de salud, presionadas por la necesidad de optimizar recursos, han modificado sus criterios de inversión.

Hoy, la decisión de incorporar tecnología no se basa únicamente en el precio inicial de un equipo; el análisis se ha sofisticado para contemplar el retorno de la inversión, el ciclo de vida del equipamiento y los costos totales de operación. Esta "disciplina financiera" combinada con una visión de largo plazo es lo que ha permitido a los actores del sector mantenerse relevantes y rentables en un entorno complejo.

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En un escenario definido por restricciones financieras y exigencias macroeconómicas, el mercado no se detuvo, sino que maduró.

En un escenario definido por restricciones financieras y exigencias macroeconómicas, el mercado no se detuvo, sino que maduró.

La tecnología como estructura, no como complemento

La digitalización clínica experimentó una aceleración definitiva, dejando de ser un valor agregado para convertirse en un componente estructural del modelo asistencial. La demanda actual prioriza soluciones que impactan directamente en la productividad: diagnóstico por imágenes, intervencionismo y plataformas que centralizan la información operativa.

En este sentido, la tecnología se ha convertido en la herramienta principal para reducir tiempos de atención y optimizar el capital humano, permitiendo a las instituciones "hacer más con los mismos recursos".

Sin embargo, la adopción de estas innovaciones enfrenta barreras. El principal obstáculo para la modernización no es tecnológico, sino organizacional y financiero. Argentina no carece de talento ni de conocimiento médico, en eso no estamos rezagados frente a otros mercados; la brecha real reside en la infraestructura, la escala de implementación y la disponibilidad de crédito. La falta de previsibilidad económica a menudo posterga decisiones que tienen un claro beneficio clínico.

Inteligencia Artificial y talento humano

En este ecosistema, la Inteligencia Artificial comienza a redefinir los estándares. Su impacto más tangible para los próximos años no será el reemplazo del médico, sino su potenciación a través del diagnóstico asistido y el monitoreo continuo, reduciendo errores y agilizando la toma de decisiones.

No obstante, la integración de la IA avanza de manera heterogénea: mientras el sector privado consolida su infraestructura digital, el ámbito público progresa de forma más gradual, evidenciando la necesidad de marcos regulatorios claros y estándares éticos de interoperabilidad.

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La Inteligencia Artificial comienza a redefinir los estándares.

La Inteligencia Artificial comienza a redefinir los estándares.

Hacia 2026: crecer con orden

Mirando hacia el futuro, la lección que nos deja el último año es contundente: crecer sin orden no es crecer. Para 2026, el concepto rector debe ser la previsibilidad, financiera, operativa y tecnológica, como base para cualquier desarrollo sostenible. El desafío será gestionar el crecimiento cuidando el capital de trabajo y acompañando a las instituciones en procesos de adopción tecnológica cada vez más complejos. Para los directivos de clínicas y hospitales, el mensaje es claro: la tecnología no es un gasto, es una inversión estratégica que requiere una mirada integral sobre procesos y personas.

En CSH, nuestra apuesta para el próximo ciclo se centra en invertir en talento, fortalecer el servicio de postventa y profundizar la integración de sistemas, entendiendo que la calidad asistencial del futuro depende tanto de la innovación de los equipos como de la confiabilidad del soporte que los sostiene.

* Tomás P. Piqueras, CEO de CSH