Reservas en alza, recaudación en baja: el nuevo foco de tensión con el Fondo Monetario Internacional
Con la recuperación de reservas encaminada, el Gobierno llega a febrero con el FMI enfocado en la inflación persistente y la caída real de la recaudación impositiva, un punto que podría derivar en mayores condicionamientos fiscales.
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, y el presidente Javier Milei.
ArchivoÚltima semana de enero de 2026. Y últimos días para que el Ministerio de Economía cierre los números y porcentajes del año pasado y proyecte con mayor precisión los datos de este ejercicio. Todo debe estar cerrado para la primera semana de febrero, cuando Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI) vuelvan a ponerse en contacto para terminar de negociar el cumplimiento, con waiver inevitablemente incluido, de las metas pactadas en el programa de Facilidades Extendidas firmado en abril de 2026.
Más allá del reconocimiento de que hubo una meta no cumplida, la recuperación de reservas en el Banco Central, hay un dato que preocupa, y mucho, a las oficinas controlantes del FMI. La irredenta inflación de los últimos meses, estacionada por arriba del 2%, pone el foco en una variable que viene complicando al Gobierno en los últimos meses de 2025: la recaudación impositiva. Considerada por el Fondo Monetario Internacional como la cuarta variable de importancia en el cumplimiento, luego del superávit fiscal, la no emisión monetaria y la acumulación de divisas en el Central, viene ubicándose por debajo del IPC desde hace cuatro meses. Y el mantenimiento de la inflación por arriba del 2% complica que los ingresos tributarios se ubiquen en un nivel real positivo. Y, si la tendencia continúa durante 2026, el panorama se volverá tenso.
El Banco Central viene completando en enero jornadas de compras de divisas como nunca lo había mostrado durante el Gobierno de Javier Milei, con días de adquisiciones por unos US$187 millones y un nivel de reservas que ya se despegó firmemente de los US$45.000 millones, y que este mes podrían incrementar el ahorro de la entidad que maneja Santiago Bausili en más de 1.000 millones de dólares. La falta de recuperación de reservas había enojado al FMI durante gran parte de 2025, inquietud a la que se sumó en octubre el Tesoro de los Estados Unidos en tiempos del rescate preelectoral impulsado por Scott Bessent. Sin embargo, el organismo esperó pacientemente el momento adecuado para actuar. Esto fue finalmente luego de la victoria electoral legislativa de octubre, cuando desde Washington se expuso sin eufemismos la posición del organismo financiero internacional.
Antes, el presidente había hablado en un seminario privado durante la primera semana de diciembre, afirmando que "cualquier apreciación" que economistas hagan del tipo de cambio "es berreta", y apuntó contra los "tres o cuatro atorrantes del círculo rojo", a quienes les atribuyó haber "vivido de empobrecer a la Argentina". El mismo evento fue abierto por Luis “Toto” Caputo, quien dio más precisiones técnicas a la visión oficial sobre la acumulación de reservas y la compra de divisas por parte del Gobierno.
Caputo había dicho que se podrían comprar entre US$7.000 y hasta US$20.000 millones en reservas durante 2026, siempre que aumente la demanda de pesos, y que el objetivo era hacerlo "sin tener que esterilizar" ni generar inflación. Esto no ocurrió. No se generaron pesos. Las tasas de interés subieron. La inflación se sostiene alta para los parámetros libertarios. Sin embargo, ahora se compran reservas. Sí o sí. Y el FMI, parece, está conforme con el ritmo.
Lo que se interpretó en diciembre pasado desde Washington, casa matriz del plan económico argentino, es que, nuevamente, Javier Milei y su equipo económico no tienen fanatismo alguno en coincidir con la visión de casi todo el resto del mundo, incluyendo, además del FMI, al Tesoro de los Estados Unidos, los bancos internacionales como el JP Morgan (que también protestó esa semana por la falta de incremento en las reservas), los economistas locales —los antiguos "mandriles", hoy menos definidos por Milei por respeto a la etapa más tenue en sus calificaciones— y casi el resto de la ortodoxia económica y financiera del país. En definitiva, todos contra uno. Lo que se criticó es la falta de fanatismo oficial por acumular reservas.
Todos sabían que la meta para 2025 de un “verde” de reservas de US$2.400 millones internacionales netas no se iba a cumplir, como tampoco el segundo faro que flexibilizó la meta anterior con un objetivo de US$-2.600 millones, tras el incumplimiento severo de mitad de año. El desvío final se ubicó en los US$6.000 millones, con lo que el FMI se obliga a dispensar un waiver para el país. Algo que siempre es negativo, pero más en el primer año de vigencia de un acuerdo. Esto había que corregirlo, y el Gran Hermano lo dejó en claro la segunda semana de diciembre, cuando, a través de la vocera Julie Kozack (que alguna vez fue jefa de misión para el país, pero por lo mal que se portaba el deudor fue corrida de su cargo), dijo sin eufemismos:
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"En este momento, alcanzar el objetivo de reservas para fin de año será un desafío".
"Reservas más sólidas son necesarias para reforzar la estabilidad macroeconómica ya lograda y para fortalecer la resiliencia de Argentina frente a shocks externos".
"Sin reservas suficientes, el país no podrá reacceder oportunamente a los mercados internacionales de capital".
"Argentina debe implementar un marco monetario y cambiario coherente, con aportes más ambiciosos para acumular reservas".
"El Gobierno debe aprovechar la ventana de oportunidad para ordenar el esquema macroeconómico".
"Pese a los avances en inflación y pobreza, la acumulación de reservas sigue siendo esencial".
Encaminado ahora el ritmo de la compra de reservas del Banco Central, comienza la revisión de otro problema. La recaudación impositiva general se viene sosteniendo entre 1 y 5 puntos porcentuales por debajo de la inflación, con lo que el sector público nacional estaría recibiendo ingresos negativos, que deberían luego cubrirse con mecanismos inflacionarios o recesivos. En principio, el Gran Hermano fue prudente en tiempos difíciles para plantear el problema. Básicamente, no se lo mencionó en 2025, sobre todo en los primeros días de este año, cuando los números de ingresos tributarios correspondientes al ejercicio anterior manifestaban preocupación.
El problema se agravó al conocerse también el resultado final de la inflación de diciembre de 2025, que se ubicó en un muy molesto 2,8%. Este nivel porcentual, lejos de favorecer la corrección de la recaudación contra la inflación, profundiza el problema y lo coloca en un nivel que retrasa la recuperación. Y, para que quede en claro, para el FMI, así como debe haber superávit fiscal, también la recaudación deberá estar por arriba del IPC, y con la mayor brecha posible. Obviamente, es una orden que no se está cumpliendo y que al Gran Hermano molesta abiertamente.
El problema de esta realidad es que el FMI aprobará 2025, pero pondrá condicionamientos más duros para la política fiscal del oficialismo en lo que tiene que ver con la recaudación.

